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textos Buenas y malas noticias
Luis Salazar C.
Entre las buenas noticias del 2 de julio figura, en primer lugar, el excelente desempeño de los millones de votantes que determinaron libremente el futuro del país. También debemos sentirnos orgullos de la ingente tarea realizada por el Instituto Federal Electoral y en particular por su consejero presidente, José Woldenberg. Ya quisieran en muchas democracias "consolidadas" contar con estos elementos, ya quisieran tener nuestro padrón, ya quisieran gozar de la participación entusiasta de nuestros ciudadanos. Igualmente debiéramos aquilatar positivamente la actitud mostrada por los contendientes y por el Presidente de la República cuando fueron dadas a conocer las tendencias oficialmente registradas. Acaso la ejemplar conducta ciudadana, acaso la pulcritud con que funcionó el IFE, acaso el comportamiento de los medios electrónicos o acaso todo esto junto, permitió que después de una campaña repleta de groserías y ataques personales, pudiéramos atestiguar sensatez y generosidad en el ganador, y reconocimiento puntual de su derrota en sus contrincantes. Por eso hay razones para pensar que la derrota del PRI y su candidato puede ser también una buena noticia para el país. Siendo falsa y tramposa la idea de que la alternancia nos llevará a la democracia, pues es obvio que sólo la democracia ya existente permitió la alternancia, lo cierto es que con el triunfo de Fox parecen haberse terminado los pretextos y coartadas que hacían posible la "transitocracia". Esa aberrante lógica política que por demasiado tiempo ha obstaculizado una verdadera normalización democrática en la medida en que justificaba la identificación de la democracia con la victoria o la derrota electoral de algún partido político. A partir de ahora, la miseria programática de nuestras formaciones partidarias ya no podrá escamotearse mediante la explotación del antipriismo o el antisalinismo fóbicos, lo que supone un paso gigantesco en nuestro difícil aprendizaje democrático. Nuestras élites políticas e intelectuales tendrán que aprender nuevas rutinas y nuevas maneras de plantear los problemas, aunque es más que probable que los "antipriistos" más perezosos y tenaces sigan insistiendo en que "el verdadero cambio" o "la verdadera transición" aún no se han realizado. Pero junto con las buenas noticias también hay que apuntar algunas malas. La primera es que, con Fox, ganó una visión francamente preocupante de los problemas que agobian al país. Una visión de derecha que jamás ha entendido la profundidad y la complejidad de nuestras desigualdades sociales y culturales. Una visión moralizante que en ocasiones roza con el racismo y que desprecia y desconoce la terrible situación que padecen millones de mexicanos. Una visión que para colmo puede articularse con un voluntarismo simplista que pretenda resolver los problemas y superar los conflictos en 15 minutos, y que por consecuencia profundice las ingentes desigualdades que desgarran y degradan a la sociedad mexicana. Otra mala noticia tiene que ver con la incertidumbre que rodea el futuro del PRI y también del PRD. El primero sin el Presidente puede convertirse en un foco infeccioso capaz de poner en peligro la estabilidad. El segundo, sin su candidato prácticamente único, y con furibundos ex priistas encabezados por López Obrador, también puede producir grandes dolores de cabeza. Finalmente, aunque no al final, al parecer tendremos que lamentar que el esfuerzo ejemplar desarrollado por Gilberto Rincón Gallardo y sus compañeros, realizando la única campaña que apostó por la inteligencia y la racionalidad de los electores, no haya logrado conquistar el registro de Democracia Social. Ojalá este posible fracaso no impida que esta nueva izquierda democrática persista en su intento de demostrar que en México, pese a todo, es factible hacer política sin perder los principios y la decencia Luis Salazar es presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática, A.C. |
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