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conversación

La revolución mexicana,
débil pero no ha desaparecido

"La tercera vía es algo mítico"

Jorge Medina Viedas/Alan Knight

Jefes revolucionarios entrando
a la ciudad de México en 1914

La historia es importante en sí misma. Permite comprender por qué muchas cosas de la realidad se nos presentan como tales. Se ha dicho que saber historia proporciona poder frente a la incertidumbre de la vida social o cuando se pretende encontrar respuestas a los cambios que están produciéndose. Saber historia permite responder a ciertas preguntas del presente. Pero lo que no podemos hacer sin ciertos riesgos es sacar lecciones del pasado seleccionando de él lo que convenga. Mucho menos que esas lecciones del pasado sirvan para hacer profecías. La advertencia es fruto de una conversación sostenida con el historiador inglés Alan Knight, quien al ponerse a distancia del determinismo histórico, hacía un ejercicio de aquellos hechos históricos donde los protagonistas hubieran actuado de manera distinta a como lo hicieron. ¿Qué habría pasado, por ejemplo, si Villa hubiera hecho caso de las recomendaciones tácticas de Felipe Angeles en las batallas contra Obregón en el Bajío?

El historiador de Oxford Alan Knight escribió para la Cambridge University Press, en 1986, una de las historias más exhaustivas y completas de la revolución mexicana. Diez años después, en 1996, la Editorial Grijalbo de México la publicó en dos tomos (más de mil páginas escritas con un estilo narrativo y analítico notable), y es de lamentar que el análisis y difusión de esta obra se haya mantenido restringida a pequeños círculos académicos. Hay que decir que en esta historia "amplia, nacional, original" de la revolución que recordamos aquí, sin embargo, se recupera una extensa cantidad de acontecimientos relacionados con la vida de las regiones del país, que es una manera de ver cómo todas estas microhistorias configuran la verdadera grandeza del fenómeno social que es matriz de los acontecimientos políticos de nuestra patria a lo largo del siglo.

Quizá por ello, Knight (que sigue historiando en Oxford) ha continuado sus estudios sobre México y a partir de ciertos hechos concretos, sucedidos durante y después de la etapa armada de la revolución, ha constatado hipótesis y teorías que han ayudado a comprender mejor la realidad política nacional. Por ejemplo, su reflexión sobre la genealogía, comportamiento e ideología de la élite surgida de la revolución, nos permite entender muchos de los episodios políticos recientes protagonizados por sus más conspicuos representantes. En su ensayo Mexico´s elite settlement: conjunture and consequences (1992), Knight asegura que la institucionalización de la política revolucionaria se debió a la crisis provocada por el asesinato de Obregón en 1928, y que dio lugar al acuerdo de los grupos revolucionarios y lógicamente al largo periodo de estabilidad que ha caracterizado a México desde la tercera década del siglo. Las crisis políticas del PRI no se pueden comprender plenamente sin los referentes teóricos y empíricos estudiados y recuperados por Knight.

En su última visita a México para participar como ponente en un seminario sobre la revolución mexicana, nos permitió grabar una parte de la conversación que sostuvimos por casi una hora. Los temas fueron variados y abordados en el tono y profundidad de una entrevista apremiada por el tiempo. Sin embargo, Knight proporciona varias claves que uno puede relacionar (para entender mejor) con la actual situación del país. La siguiente es una versión mínimamente corregida por elementales razones idiomáticas y por problemas con la grabación.

"¿Qué hubiera pasado si...?"

En el ensayo presentado en el coloquio "El siglo de la revolución mexicana" se analizan varios acontecimientos de ésta que se conocen como contrafactuales, entre ellos la muerte de Madero, la actitud del embajador estadounidense Wilson, los sucesos del 3 de febrero de 1913, etcétera. ¿Qué significado tienen? ¿Qué propósito tiene el ensayo?

Me pidieron un ensayo para esta conferencia y a mí me gustan ensayos con cierto argumento, es decir, no los ensayos que nada más relaten una cronología; es más interesante elaborar un ensayo que contenga varias hipótesis. Precisamente por eso y por haber leído el libro que mencionas (se refiere a Historia virtual, de Neil Ferguson, Taurus, 1998) pensé en explorar ciertas interpretaciones contrafactuales; hay muchas en los libros sobre la revolución y los autores de vez en cuando lanzan o dicen: "si Zapata no hubiera muerto en ese momento o si Madero... qué hubiera sucedido"; entonces a mí me pareció interesante sólo para un ensayo, puesto que no quiero dedicarme a esto.

No te dedicarás a la búsqueda de "los designios no decretados de Dios", como decía Camus.

Sí. Lo importante del tiempo que viviste, del tiempo interpretativo, es que nos ayuda, nos obliga a pensar un poco en estos momentos en que había opciones, quizá no opciones pensadas, pero cuando la sucesión porfiriana en 1910 o con la Decena Trágica en febrero de 1913, uno se puede imaginar otros desenlaces, otros resultados muy distintos; y así es una manera también de evitar la teleología a través de la cual pensamos que la revolución fue así y no de otra manera.

¿La idea es combatir el determinismo en la interpretación de los hechos históricos?

Sí, yo creo que hay ciertos procesos que son muy determinados. Se puede hablar del desarrollo económico de México en el porfiriato, de los ferrocarriles, de todo lo que se dio en esta etapa; y eso no se puede imaginar de otra manera porque así ocurrieron los hechos como fue casi en otros países; pero en cuanto a ciertos momentos políticos, a determinadas batallas, a los cuartelazos, esos son como crisoles en los que se pueden fácilmente imaginar desenlaces distintos, con algunos pequeños ajustes. En la Decena Trágica, si Huerta no hubiera sido nombrado comandante por Madero un poco al azar, entonces quizá no hubiera sido un golpe exitoso, Madero hubiera sobrevivido, su administración hubiera tenido otro sendero muy distinto para México.

Madero no hubiera sido, como dices en tu ensayo, el icono que es ahora.

Alan Knight

Exacto, yo creo que a veces, para hablar un poco cínicamente, para los mártires como Madero, Zapata también, fue mejor morir joven, como héroes, y no vivir como caudillos jubilados.

En el ejemplo del porfiriato que comentas, dices que la revolución era probable pero era inevitable. ¿Puedes explicar un poco más esta afirmación de que había las condiciones para la revolución, es decir, la falta de libertad política, por una parte, y la situación de "compresión" (crispación) social, por otra?

México había experimentado bajo Díaz un proceso de desarrollo, por un lado de centralización política bastante rápida, exitosa desde cierto punto de vista; a la vez, un proceso de desarrollo económico pero con mucha desigualdad, con la explotación de los campesinos y todas estas tensiones sociales que estaban creciendo. Esto se ve en estos procesos, como en otros países también. Yo creo que se puede sostener que en México fueron más agudos porque fueron muy comprimidos en un periodo corto, porque México, en esa fase de desarrollo, tenía que esperar el fin de las guerras civiles, el fin de la intervención francesa. Entonces, no es hasta los años 80 del siglo XIX cuando realmente México entra en esta fase de crecimiento y centralización. Por lo tanto es un proceso bastante conflictivo. Creo que eso sugiere los factores que podían presentarse en una revolución o en una serie de rebeliones o algo así; pero además se necesitó esa crisis política donde Díaz y la élite porfiriana no podían armar una asociación política o una transición política más o menos ordenada. Creo que eso sí hubiera sido posible con un poco más de capacidad, con más sentido político, pero no fue así. Lo cierto es que se produjo la crisis de la sucesión que abrió la ventana para todos los agravios sociales.

Efectivamente, las revoluciones u otro tipo de acontecimientos inesperados pudieron haber sido evitados, es decir, si se hubiera actuado de tal o cual manera. Tú señalas un escenario en el cual México pudo haber sido llevado a un proceso parecido al de las dictaduras latinoamericanas; otro, en el sentido de que pudo haberse producido una transición pacífica y el modelo liberal se hubiera implantado un poco en la idea maderista de la democracia, siempre y cuando Díaz hubiera actuado de otra manera. Pero de todos modos, en ambas hipótesis hubiera estado siempre larvada la posibilidad de que a partir de los agravios sociales se hubieran producido las convulsiones posteriores. Pregunto entonces: ¿pueden las élites ser determinantes para el comportamiento de las sociedades o en qué medida pueden llegar a influir? Recuerdo aquí que Porfirio Díaz se burló de la ley, en cierto momento engañó a Reyes, lo engaña y le hace el juego también a Limantour. No permite que le quiten el poder, administra su poder con la propia élite. Pero finalmente esta élite fue su cómplice y no se crean las condiciones para la democracia y sí para la revolución.

Lo extraño es que la élite no lo usó para pensar o para obrar en algo que fuera una política más constructiva. Lo trataron de hacer en 1890, pero después parece que la autoridad de Díaz fue tal que ni ante el propio Reyes, quien fue el sucesor más probable y del estilo de Porfirio en ciertos aspectos, éste nunca quiso ceder el poder. Cuando nombró al vicepresidente Ramón Corral, hizo una maniobra para entregar este nuevo puesto a alguien que no fuera tan popular. Creo que en varios momentos hubiera sido posible armar una transición, o hacia un Estado medio autoritario pero un con poco de apertura política con Reyes, o algo poco más radical que hubiera sido una transición un poco más constitucionalmente democrática, en el sentido del régimen de la administración de Madero. Si Díaz hubiera llegado a un pacto con Madero en 1910 (que Madero más o menos le ofreció), eso quizá hubiera propiciado otra posibilidad un poco más al estilo de Irigoyen en Argentina, por ejemplo, la apertura política con cierta ampliación de la esfera política. Estoy de acuerdo con que los diversos agravios, los problemas sociales no iban a desaparecer, pero eso se dio en otros países también y el gobierno puede por un lado reprimir, por otro quizá dar ciertas concesiones, otras reivindicaciones. Entonces se puede imaginar un proceso de transición así, en vez de un estallido enorme como la revolución.

Circulación de las élites, el PRI y la tercera vía

Dices en el texto del ensayo que si la circulación de las élites se encuentra represada, es decir, acotada, el primer hueco puede producir una inundación. La actual élite política mexicana, de alguna manera la dominante, duró represada muchos años. Sin embargo, en el 87-88 sufrió una fisura enorme. ¿Qué opinas de ese momento?

En primer lugar como historiador no me atrevo a decir cosas demasiado dogmáticas de la historia muy reciente. No. Yo creo que el sistema político mexicano después de la revolución, pensando más bien en los últimos 20 años, todavía contenía algo de circulación de élites. Obviamente no fue perfecta. Había este fenómeno de contención, de falta de circulación de las élites. Pero el PRI o el sistema del PRI sí ha mantenido cierta circulación, precisamente dentro del PRI o dentro del sistema, donde hubo el pago a muy conocidas camarillas, con un patrón donde la gente se promueve, es decir, hay promoción y hay ciertas reglas del juego y todos dentro de ese mundo más o menos se entienden. Obviamente a fines de los 80 hubo un problema, en parte por el pago de esa comisión, además, por ciertas diferencias de opinión, incluso económicas o ideológicas; entonces fue en parte una disputa acerca del proyecto nacional, no fue solamente una cuestión de circulación de las élites y creo que el PRI o el sistema de partido dominante ha sobrevivido ahora como dos o tres generaciones más que el porfiriato, debido a su capacidad para manejar esa circulación de las élites. Ahora quizá "es obra cumplida", como dijo Gabriel Zaid, pero no lo sé.

¿Cómo ves al país en este momento electoral?

Obviamente es un momento muy interesante, y hasta ahora parece que hay campañas enérgicas. Hay opiniones muy distintas acerca de cómo van a ser las elecciones, muy limpias, más o menos limpias, algo fraudulentas. Quién sabe, hay que esperar y ver. No quiero hacer previsiones acerca de estos momentos antes de las elecciones. Lo cierto es que hace 15 años, 20 años, me hubiera costado trabajo imaginar una elección así con dos candidatos principales, otro tercer candidato fuerte con mucha publicidad, las campañas y todo: ha habido una transición importante en este sentido, que es algo positivo.

Y desde el punto de vista de historiador, tú piensas, por ejemplo, en hechos que llamas unintented consecuences que se producen en la sociedad, que buscan un propósito por la voluntad de un dirigente o de un líder, etcétera, y producen una consecuencia distinta. Hay dos hechos que te quiero exponer de la historia reciente: si Salinas hubiera hecho buena política durante su sexenio ¿qué hubiera ocurrido?, ¿hubiera ganado Zedillo igual?, si no hubiera habido levantamiento zapatista, ¿hubiera actuado la gente igual en el voto de julio de 1994? ¿Qué piensas de esos escenarios, de esos counterfacts?

¿Reforma política en qué sentido?

En el sentido en que hoy está establecida en la ley. Sin ésta no hubiera habido la competencia que hay ahora, si no hubiera un Instituto Federal Electoral libre, autónomo del gobierno, etcétera.

Bueno, recuerdo que Salinas tenía esta idea, le gustaba hacer la comparación con otros lados del mundo: primero había que corregir la economía y luego la política (la perestroika y la glasnot). Es verdad que los politólogos que analizaban al México de ese entonces con Salinas, decían que sí había muchas reformas económicas y muy poca reforma política. Había todo eso de las concertaciones, o cesiones hacia el PAN, que eran como dádivas del Presidente. Y ahora sí se ve que hay un sistema diferente. Si Salinas hubiera acelerado el proceso, y no sé si eso es tan importante, quizá en cierto aspecto tienes razón, porque la reforma económica fue muy importante y radical.

En 1988 la votación contra el sistema y contra Salinas fue muy alta. Incluso se habló al principio de falta de legitimidad del gobierno. Y en 94 el PRI ganó con 17 millones de votos, entonces allí hay un counterfactual a considerar. ¿Qué hubiera pasado si no surge el EZLN? En ese momento se habló del voto del miedo, y de que a la gente le asustó la posibilidad de una confrontación e incluso fue mucho más alto el voto previsto en favor del PRI.

Pero creo que además en esas elecciones del 94, cuando Zedillo ganó más o menos limpiamente no fue tan controvertido como en el 88.

El mismo señaló que hubo desigualdad en la disposición de recursos. El mencionó en Europa que había sido una elección limpia pero inequitativa, esa fue su palabra. Lo dijo en una gira por Europa.

Incluso Salinas era todavía bastante popular en ese momento. Quizá tenía que ver con Pronasol. Y más el hecho de que la inflación había bajado. Se ve en muchos países que bajar la inflación es algo muy importante, incluso para los pobres. (Hay presidentes como Menem que se han beneficiado mucho con la baja de la inflación.) Por desgracia poco después, con la crisis de diciembre (1994), los problemas regresaron y aumentaron más.

Foto: Jaime Boites Hernández

Sobre esto insistiría. Tu estudio lo que nos provoca es una idea de regresar al pasado con otras herramientas, de explicarnos mejor el pasado. ¿Esa es la idea del ensayo?

No. Entender, estudiar la historia para mejor entender la realidad. Pero hay que cuidar mucho esto, porque creo que sacar las lecciones del pasado es tan difícil como peligroso, porque cada uno puede seleccionar lo que le convenga. Entonces no escribo eso para decir: "Hoy en día la lección del pasado es tal y tal".

Entonces, ¿para qué la historia?

Creo que la historia es importante en sí. Y lo voy a decir en forma negativa: si yo no entiendo la historia, entonces uno se siente un poco escéptico frente a varias políticas muy de moda como el neoliberalismo a ultranza o aspectos del panismo, etcétera. En realidad, hemos visto cosas así antes y conoces las consecuencias no intencionales. Por eso es muy importante mantener cierto escepticismo y no dar lecciones con la historia.

Con referencia a un episodio recordado por ti hace algunos años, donde Mao responde a una pregunta sobre la revolución francesa que "es demasiado pronto para juzgarla", ¿qué puedes decir a principios del siglo XXI sobre la revolución mexicana?

Es muy difícil. Creo que hay que establecer una periodización en el sentido que, para mí, la época de la revolución comprende más o menos la generación de la lucha armada hasta los años 40: la generación de líderes, de políticas, de determinadas fuerzas sociales, o sea, todo un conjunto de elementos. Después de los 40 entramos en otro periodo, no de rechazo total al anterior, pero hay otros matices, hay otras propuestas, otros conflictos, que conocemos muy bien y cierta retórica continuada. Además las instituciones de la revolución, digamos, el ejido, Pemex, los sindicatos, todos ellos continúan, pero con ciertos fines un poco distintos. Con el llamado neoliberalismo en los 80 creo que entramos en una tercera época o tercera generación en que otra vez la revolución no ha desaparecido, pero en las esferas de gobierno, la política oficial, digamos, es más débil. La posibilidad de elegir ya no cuenta tanto, los sindicatos habían perdido mucha influencia, el lema de populismo ya no es tan de moda, pero hay todavía cierta influencia de la revolución, yo diría en términos de ciertas ideas, ciertos mitos quizá, pero ahora más por un partido de la oposición que del propio gobierno.

Creo que en el pasado había esos debates sobre ¿ha muerto la revolución mexicana? Y eso presupone una revolución como la que hace el ser humano, que nace, vive, envejece y muere, pero eso es un poco antropomórfico. Es decir, se piensa que la revolución es como una persona y en un momento ya está muerta. Creo que las revoluciones no son así. Son más complejas porque hay ideas, tradiciones que a veces desaparecen pero después vuelven, como el zapatismo de Chiapas, por ejemplo; puede ser que todavía haya cierta herencia que va a seguir. Creo que en términos políticos actuales el gran problema, y si tomamos la idea de que la revolución fue un movimiento izquierdista, popular, en cierto sentido, es que actualmente en todo el mundo la izquierda está en una posición un poco apretada. Es muy difícil ser izquierdista en un mundo tan globalizado, porque si un gobierno nacional quiere expropiar o imponer ciertas políticas de exclusión, entonces hay una reacción de los mercados; la lógica de la globalización indica un límite muy marcado de lo que los gobiernos pueden hacer, sean de derecha o de izquierda, aunque es la izquierda la que precisamente se presenta como estados activos, intervencionistas. Hoy en día ése es el problema de la izquierda.

Esto me recuerda el tema de la tercera vía. Muchos de los teóricos del PRI han comentado que el PRI tiene los fundamentos teóricos, ideológicos, de la tercera vía pero, independientemente de eso, ¿cuál sería tu opinión en este momento sobre la tercera vía?

Podría decir, como historiador, si me acuerdo bien, que la tercera vía fue también el slogan de Juan Domingo Perón; es decir, no es nada nuevo en este sentido; han habido esfuerzos para conseguir esta vía que no es ni de la izquierda tradicional marxista, tampoco de la derecha, sino una vía intermedia. Y para mí no son tan convincentes, creo que en eso de la tercera vía en Inglaterra de Tony Blair y sus varios intelectuales orgánicos no tiene mucho contenido, es decir, en un día, la tercera vía quiere decir una cosa, otro día es la salida de otra política. Se puede justificar casi cualquier cosa bajo el lema de la tercera vía, porque es tan vaga; entonces a mí no me convence, me hace pensar de vez en cuando en el liberalismo social que también fue un poco como una filosofía oficial armada para legitimar.

Era una reconstrucción autóctona de lo que había hecho Rosseli y que Bobbio había recuperado. El liberalismo social era de alguna manera también una versión de los fundamentos de la social democracia. ¿O piensas que la tercera vía es expresión de la llamada crisis de las propias ideologías?

Hay crisis en el marxismo, incluso en el socialismo democrático; el marxismo casi ya no existe como forma de gobierno, salvo el de Cuba que no es un caso muy positivo. Y en cuanto a la democracia social tiene muchos problemas por las razones que mencioné de la disciplina de los mercados. Va a ser muy difícil manejar una política de distribución del Estado de bienestar. Se puede hacer y hay casos como en Holanda donde todavía parece que funciona. Hay empleo muy alto, muy poco desempleo, pero a la vez hay un Estado de bienestar bastante eficaz, pero quizá Holanda es un caso un poco excepcional. Es difícil en el resto del mundo ponerse como Holanda, creo que la tercera vía es un poco mítica y no creo que va a entrar en los anales de las grandes filosofías políticas del futuro.

Menos que el comunismo.

No, menos. Creo que el comunismo sí tenía algo de verdad importante, y aunque la política ha cambiado bastante, todavía hay cierto indicio en Italia de eso.

Tu escepticismo sobre la tercera vía me impresiona mucho, yo pensaría que hubieras estado un poco más optimista respecto de ese proyecto. Ante eso, ¿cuál sería el proyecto alternativo al capitalismo tal cual se nos está presentando ahora?

No soy muy optimista en este sentido. En Europa hay mucho debate acerca de la integración europea. Vale la pena recordar que hace 20 años la izquierda estaba en contra de la integración europea; seguramente en Inglaterra la derecha conservadora, la empresa privada, estaba más en favor de la integración. Hoy en día ha cambiado algo, las empresas todavía están en favor, digo las grandes empresas, pero los sindicatos ahora están en favor y varios izquierdistas. Sólo con cierta concentración internacional se puede establecer cierto balance entre la fuerza del capital internacional, porque si cualquier país, México es el caso ejemplar, está muy abandonado al flujo de capital móvil, a esa disciplina de los mercados, una compañía puede mover su inversión de Tijuana a Corea del Sur, y hacer lo que sea. Entonces creo que se necesita lo que en Europa están tratando de hacer, quizá no con mucho éxito, una manera de controlar la relación internacional para suavizar un poco los efectos del mercado, quizá el TLC tiene cierta posibilidad, pero hasta ahora el TLC, creo yo, no ha servido para ayudar a México en ciertos aspectos, con la crisis, por ejemplo. Pero el TLC no tiene ese mecanismo de redistribución como en Europa. Ahí sí están construyendo poco a poco. Pero eso quizá no es gran cosa.

Y el futuro...

Lo seguro es que habrá sorpresas, es decir, es imposible prever el futuro, podemos citar casos como la revolución mexicana. Casi nadie en 1910 esperaba una revolución, ni Madero ni Díaz pensaban que iba a haber un estallido social tan importante. Entonces estoy muy escéptico de que podamos prever algunos, salvo que digo que habrá sorpresas y quizá soy muy escéptico frente a éstas, como el análisis de Francis Fukuyama que dice que ya estamos al fin de la historia, el capitalismo liberal democrático ya está por todos lados. Si uno mira a Ecuador actualmente no parece que ni la democracia ni el capitalismo hayan tenido tanto éxito. Entonces se pueden ver reacciones, nada más pensando en América Latina, reacciones que pueden ser populistas, pueden ser un afianzamiento del Estado, quizá movimientos derechistas. Hay movimientos indígenas que es algo nuevo, interesante o quizá cierto proceso de disolución del Estado-nación, que se ve en ciertos países y no en otros. Hay muchas incógnitas y naturalmente cada país es único y no se puede esperar que lo que pase en México, ahora muy ligado a Estados Unidos, va a pasar en Brasil o Argentina. Veo muchos caminos distintos y no encuentro patrones únicos para prever el futuro de nuestros países

Jorge Medina Viedas es director de Notimex. Autor del libro Elites y democracia en México, Cal y arena, 1998.

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