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nostalgia La muerte suave
Julián Andrade Jardí
Todo cambió. El sistema político que imperó durante décadas se cimbró ante el triunfo foxista. Es cierto que el cambio había sido gradual e intenso. Tres elecciones limpias y competidas así lo confirman. Pero el domingo 2 de julio fue distinto. La historia suele ser un conjunto de tiempos largos, y nuestra larga marcha a la democracia es uno de ellos. Fox presidente es el parteaguas y el anuncio de un país distinto. ¿Será mejor? No lo sabemos, pero las credenciales con las que nace auguran buenos tiempos. Tendremos un Presidente sujeto al escrutinio de la sociedad. La casa presidencial dejará de ser esa zona mágica e intocable para convertirse en un espacio de discusión pública. Héctor Gutiérrez, coordinador de la sección ciudad del diario Crónica, decía, cuando el anuncio de la victoria panista era algo más que un rumor: "No me imagino a México sin el PRI".Todos tendremos que hacerlo. Vendrá también el debate sobre el futuro priista. ¿Podrán sobrevivir sin recursos del gobierno y sin la gran agencia de colocaciones que en realidad eran? Nadie lo sabe y ahí estará su gran reto. Podría ser que la elección sea también su tumba. El nivel de la derrota es de proporciones mayores. Debemos alegrarnos del proceso electoral al que asistimos. Sin estridencias dimos un paso de la mayor importancia. De nueva cuenta perdieron quienes que creen, de modo sistemático, que estamos condenados a la barbarie. Quedó claro, de igual forma, que la guerra sucia en la cual se empeñaron algunas dependencias de gobierno tuvo un efecto de rebote. La gente quería un cambio y no estaba dispuesta a recorrer las cañerías ni a escuchar el canto de los desesperados. Labastida y su equipo pagaron por la soberbia, por la integración de listas en las cámaras con gente impresentable y la terquedad en las compañías poco adecuadas. Hay que destacar que la muerte del PRI -al menos como lo conocimos- será tranquila. No nos llevará al baile de la violencia. La historia de México es un ejemplo de cómo el encono construye las desgracias mayores, en ese sentido, debemos celebrar la prudencia de los partidos y de los millones de votantes. En este espacio escribí que el PRI era el único partido dispuesto a reconocer su derrota. Así fue, aunque los tomó por sorpresa. Nadie imaginó el tamaño de la derrota, aunque ya se anunciaba en algunas encuestas. Muchos pensaron que el aparato priista sería capaz de sobreponerse a la ansiedad de cambio generada por Fox. En la ciudad de México terminaron en tercero, después de una campaña que nunca se sobrepuso a los intereses de la contienda federal. Jugaron a perder y lo lograron, pero en este empeño se les fue el país entero. ¿Cuál será el futuro de los dirigentes priistas? Nadie lo sabe, pero pocos quisieran estar en su lugar. Algunos quedarán colgados a los escaños por los que contendieron en listas plurinominales, pero ahí quedarán sus carreras. Ahora le tocará al PAN sobreponerse a la tarea de ser gobierno. Salvar al partido de la vorágine del poder. Un enigma me preocupa: ¿qué harán los Amigos de Fox? No son el PAN y la tolerancia no es una de sus virtudes. Controlarlos será también una asignatura irrenunciable. Ya tendremos tiempo de analizar, de intentar entender cómo será el México del futuro, pero ahora conviene detenernos ante el derrumbe suave del gran dinosaurio, el que para bien o para mal fue parte de la vida del país por 70 años Julián Andrade Jardí es subdirector de información del periódico Crónica. |
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