![]() |
el país | las huellas de Fox | columnas | medios |
| ensayos | recuento | gente | diccionario de Fox | |
| propuestas Fox | en el mundo | etcétera | ||
|
en el congreso |
||||
|
en la capital en el interior
|
Nuevos equilibrios
Carlos Maldonado Valera
Hasta el lunes 3 de julio en la tarde, el escenario adelantado por analistas y encuestadores aseguraba que, más allá del ganador de la contienda presidencial, el Congreso estaría probablemente muy dividido y sería indispensable la conformación de un entendimiento entre los distintos partidos representados. En ello, aunque por poco fallan, la elección confirmó la predicción. Si bien el PAN se vuelve la primera fuerza política tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, parece que en ninguna logró la mayoría absoluta. Dibujar hoy al nuevo Congreso es difícil, no solamente porque los resultados finales y definitivos se darán a conocer en los días siguientes, sino también porque durante la campaña ninguna fuerza política enfatizó cómo llevará a cabo todas las promesas hechas. Aún menos nos queda claro qué agenda legislativa podría perfilarse en el futuro. Lo más que podemos hacer por ahora es especular sobre los posibles equilibrios dentro de las cámaras y su relación con el Ejecutivo. Antes de analizar algunos escenarios posibles, recordemos brevemente cuáles son las funciones más importantes del Congreso de la Unión y de las dos cámaras que lo conforman. En un régimen presidencial como el nuestro el Poder Legislativo es uno de los tres brazos institucionales de la Federación, junto con la Presidencia y el Poder Judicial. La separación de poderes le confiere al Legislativo funciones exclusivas, pero también facultades para limitar y vigilar las acciones y el gasto de los demás poderes. Básicamente, en su competencia está la creación o aprobación de las leyes federales en toda materia con mayoría absoluta y la de reformar la propia Constitución con mayoría calificada de dos tercios. Ahora bien, cada cámara posee algunas funciones exclusivas de enorme importancia. La Cámara de Diputados tiene la facultad de aprobar el presupuesto del gobierno que le presente el Ejecutivo: con una mayoría suficiente, puede rechazarlo y, en su caso, modificarlo en los rubros que crea conveniente. Respecto del Senado de la República, éste funge como un vigilante de la política exterior del gobierno, por lo que tiene la facultad de ratificar los tratados internacionales suscritos por la Presidencia, así como los nombramientos de altos funcionarios diplomáticos y consulares. Además, el Senado ratifica el nombramiento del titular de la PGR y de los cuadros más altos de las Fuerzas Armadas. El Congreso ha ejercido muchas de sus funciones de manera incompleta, pues la hegemonía del PRI en ambas cámaras -y luego solamente en el Senado tras la elección legislativa de 1997- mantuvo dormidas muchas posibilidades de control del Ejecutivo y de acción legislativa autónoma. Si bien está por verse el comportamiento del PAN ante un Presidente de sus propias filas, lo más probable es que ese lento despertar del Congreso mexicano siga su curso en manos de los demás partidos. Para llevar a cabo tan importantes funciones y sin una mayoría absoluta del PAN-PVEM, la Presidencia y su partido habrán de buscar necesariamente acuerdos en ambas cámaras y ya no sólo en la de Diputados como habíamos visto hasta ahora. En otras palabras, el Poder Legislativo no será un actor sistemáticamente subordinado a la voluntad del Presidente. Para empezar, toda reforma constitucional deberá contar con el apoyo decisivo de al menos dos de las tres principales fuerzas políticas representadas. Necesitará también del apoyo del PRI para aprobar la reforma en los congresos estatales como lo marca la Constitución. Pero también en cuestiones de menor envergadura, la vida del Congreso promete estar plagada de discusiones intensas y coaliciones cambiantes. ¿Supone esto un alto riesgo de ingobernabilidad? En realidad, independientemente de los resultados finales de la conformación del Congreso, los escenarios previsibles más bien apuntan a la formación de varias alianzas posibles, en especial, si el PAN necesita de pocos votos adicionales para lograr la mayoría absoluta como anuncian las tendencias de la elección. Se perfilan coaliciones que, según el tema y el ambiente político, harán surgir mayorías cambiantes y flexibles. Hay el antecedente de las numerosas veces que PAN y PRI han votado juntos en los últimos años (sobre todo en materia económica) a pesar de sus diferencias. Ambas fuerzas, de ponerse de acuerdo, formarían una mayoría holgada. Ahora bien, hoy el futuro del PRI parece incierto, pues al perder el centro de gravedad y liderazgo que hasta hoy ha sido la Presidencia, muchos observadores han señalado que el PRI podría perder cohesión y coherencia. En tal caso, un PRI sin ideología definida y sin un centro de liderazgo fuerte sería una fuente inagotable de grupúsculos y corrientes pragmáticas dispuestas a colaborar con las demás fuerzas políticas. Supongamos ahora un PRI que, en general o en algún asunto particular, se niegue a colaborar con la bancada panista. Si confiamos en la tendencia esbozada en los últimos años por el PRD, será poco frecuente su anuencia a la mayoría de propuestas que haga el PAN. Aún así, este año ambas fuerzas colaboraron en la modificación del presupuesto federal en varios rubros: no es pues imposible que ello se repita. Finalmente, los acuerdos electorales entre el PRD y los demás partidos de la Alianza por México anuncian la presencia en el Congreso de nuevas y diminutas fuerzas políticas. Poco sabemos sobre su naturaleza, pero en una votación cerrada pueden volverse cruciales, sobre todo si siguen con el pragmatismo que hasta ahora les ha caracterizado. Recordemos el papel que el PT tuvo hace unos meses en la aprobación del presupuesto general para el presente año que respaldaba el PRI. Existen varias opciones para que el Ejecutivo y su partido logren concretar mayorías y que el Legislativo funcione cabalmente, aunque ya no de manera servil. Durante la campaña electoral, las acusaciones en contra de Acción Nacional y su candidato han abundado en lo que se refiere al carácter dogmático e incluso premoderno de algunas de sus posiciones en temas cruciales como la tolerancia hacia las minorías religiosas y sexuales y la laicidad del Estado y de la educación pública. Allí están el libro de educación moral que Vicente Fox propuso en Guanajuato y que la SEP retiró, sus frecuentes declaraciones homofóbicas y el caudal de hechos a veces vergonzosos que el PAN ha protagonizado en materia de libertad artística, "minifaldas" y tolerancia en general. Suponiendo que ese temor probara tener fundamento será importantísimo el peso que tenga en el Congreso el resto del espectro político para bloquear cualquier desvarío de esa índole. Por ejemplo, hasta hoy el gobierno federal ha llevado a cabo una política demográfica eficaz que incluye la información y provisión de métodos anticonceptivos para quienes así lo deseen. En el caso hipotético que se intentara restringir el alcance y forma de esa política, será crucial la presencia de una oposición legislativa suficiente y capaz de unirse en torno a ciertos principios básicos. Ahora bien, en caso de cualquier "exceso dogmático" el nuevo actor fundamental será el Poder Judicial de la Federación, encargado de revocar cualquier acto de gobierno o ley considerada inconstitucional. Aún más que el Congreso, sin embargo, el Poder Judicial es una institución que despierta lentamente... Carlos Maldonado Valera estudia la licenciatura de Relaciones Internacionales en El Colegio de México. |
|||
|
|
![]() |