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barandal En buena lid
Ciro Murayama
Se cumplió la máxima que dicta que la única incertidumbre válida en una elección realmente democrática es la del resultado final. Eso fue el domingo en México porque el resto de factores, las condiciones de una contienda abierta, competida, ejemplar, tenían garantía plena. Estuvieron dadas las condiciones, todas, para que cada voto valiera igual, para que se contara escrupulosamente. Habíamos llegado ya desde antes del 2 de julio el final de la transición, entendida como el dilatado proceso que nos llevó a tener un diseño institucional legítimo que permitiera que los ciudadanos decidieran a sus gobernantes. La atención y solución a los asuntos que siguen pendientes, que son los más, no la regala la democracia, pero la permite. En esas estabamos y en esas estamos antes de que se fechara la alternancia. Por fin, puede decirse, hay un escenario donde no se podrá pelear con fantasmas ("el fraude", "el régimen PRI-gobierno que jamás abandonará el poder pacíficamente"), donde no valdrá zarandear el petate del muerto cada que se propone anteponer el interés nacional, ése que sí existe, y el objetivo de la gobernabilidad legítima a las estrategias coyunturales y más bien miopes de quienes han creído o difundido que la llegada al paraíso dependía de la derrota de los malos malísimos. No, desde hace varios años, y ahí está la experiencia de la Legislatura federal que termina, el ejercicio de la política en clave moderna exige prescindir de desplantes y deslindes viscerales y, al contrario, reclama un mínimo de ideas y de propuestas para dar contenido a políticas de Estado, no sólo de gobierno, que pretendan alterar en primer lugar la impresentable distribución del ingreso que se tiene en México. Hay democracia, ahí está, palpable y constatable. Sus beneficiarios inmediatos han resultado algunos y lo han sido en buena lid. De ellos y de sus adversarios que también fueron respaldados por votaciones millonarias -y que serán responsables de la calidad de la deliberación política en el Congreso-, depende que esa democracia sea perdurable y un bien que, efectivamente, se constituya en patrimonio común. Ciro Murayama es economista por la UNAM. Realizó estudios de postgrado en la Universidad Autónoma de Madrid. |
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