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Ganando, el PRD perdió
Hazaña de Santiago Creel

Carlos Bravo Regidor

Foto: Luis Humberto González/Silva

A pesar del triunfo de Andrés Manuel López Obrador, el gran ganador en la jornada electoral capitalina fue el Partido Acción Nacional. Y es que lo anunciado de la victoria perredista contrasta con el estrecho margen de los resultados que, en efecto, confirman su victoria, pero amenazan profundamente su hegemonía en el Distrito Federal.

La sorpresa

De entrada, el PRD conservó la jefatura de gobierno, pero con ocho puntos menos en el porcentaje de votación que obtuvo en 1997 y con apenas seis puntos porcentuales por encima de Santiago Creel. Así, lo que se veía venir como una paliza terminó siendo un discreto triunfo perredista. Dos efectos se combinan para explicar ese sorprendente resultado.

Por un lado, se encuentra el estancamiento que generó el letargo característico de la campaña del PRD al final de la contienda. Despojado de sus dos banderas más importantes: la impugnación a su candidatura y la complicidad del PAN con el régimen en el asunto Fobaproa-IPAB, López Obrador perdió, confiándose, la combatividad que lo elevó al primer lugar durante la competencia. Y si bien la intensidad de dicho estancamiento no fue tanta como para que quien iba en el segundo puesto lo rebasara, fue suficiente no sólo para frenar la ascendencia de su candidatura, sino incluso para restarle unos cuantos puntos.

Por otro, la influencia del impulso de la candidatura presidencial panista sobre las preferencias electorales en la capital multiplicó los votos para Santiago Creel. El "efecto Fox" le permitió a Acción Nacional consolidarse como la segunda fuerza política de la ciudad y dejar atrás, muy atrás, al priismo. El PAN, aun en la derrota, se reivindica.

Sin duda, el gran derrotado es Silva Herzog Flores, quien originalmente iba a la cabeza, después de un proceso de selección interna más disputado que el de los otros dos partidos, termina en un lejano tercer lugar apenas equiparable con el de Castillo Peraza en 1997.

En lo relativo a la composición delegacional, abrir la competencia no resultó tan benévolo para el PRD como se esperaba. Aunque el partido del sol azteca consiguió conservar la mayoría de las delegaciones, el PAN le arrebató el poder en varias importantes, hecho que mina su dominio en la capital.

Todo lo anterior se refleja en la distribución de escaños dentro del Poder Legislativo. En la ALDF, el virtual monopolio del PRD se convierte en una mayoría simple que tendrá que compartir el poder con un buen número de abanderados del PAN y uno que otro representante plurinominal priista. En el Senado de la República, el PAN se hace de las dos curules por mayoría correspondientes al DF, en tanto que el PRD alcanza la de primera minoría. Y en la Cámara de Diputados, de 30 distritos uninominales, el PAN se queda con 24 y el PRD con seis.

El supuesto empate técnico

Quizá Luis Felipe Bravo Mena se precipitó al hablar de un "empate técnico" entre López Obrador y Creel. Sin embargo, su tempranera declaración fue síntoma de que dado el extraordinario e inesperado desempeño que su partido mostró en el Distrito Federal, la especulación sobre el posible encumbramiento de su candidato a jefe de gobierno no era del todo infundada.

Pero lo importante de dicho mensaje no era nada más el asombro que su contenido literal causaba sino que también sugería -tomando en cuenta la incertidumbre que todavía reinaba en ese momento con respecto del resultado de la elección presidencial- que el PAN cortaba de tajo cualquier posibilidad de acercamiento con el PRD para la eventual formación de un frente común que impugnara los comicios si se presentaba un apretado triunfo labastidista, dando a entender que ése no era el caso.

En otras palabras, el anuncio de Bravo Mena anticipaba, para quien lo leyera entre líneas, que el PAN podía darse el lujo de provocar la beligerancia de un perredismo intimidado por las cifras que daba a conocer, lo cual sugería que la información a partir de la cual los panistas estaban actuando les era favorable. El atrevimiento, pues, partía de un cálculo en el que Acción Nacional no tenía la necesidad de facturarle al PRD su apoyo en el DF para que éste lo respaldara a nivel nacional. Enfrentarlo, en consecuencia, era una estrategia de bajo costo que podría llegar a redituar si la diferencia entre uno y otro en la capital no se hubiera ampliado como después, al transcurrir el tiempo y registrarse los votos, lo hizo.

Lo que viene

La tercera derrota cardenista en la elección presidencial, aunada al mal saldo que el PRD cosechó en las cámaras y a la victoria con sabor a derrota que logró alcanzar en el DF, auguran una recomposición de fuerzas en el seno del partido.

Cuauhtémoc Cárdenas está obligado a redefinir su función como líder del perredismo. Ya no es un candidato presidencial viable pero sigue siendo el factor principal de la unidad y disciplina perredistas. No obstante, el indiscutible liderazgo de Andrés Manuel López Obrador tarde o temprano le disputará el mando, si no es que ya lo está haciendo. Los incentivos para que el tabasqueño intente limitar o, de plano, traicionar al ex jefe de gobierno son muchos, sobre todo si se advierte de qué lado están las oportunidades. A Cárdenas sólo le queda un pasado que portar en alto, ya no tiene un porvenir político promisorio. En cambio, López Obrador lo tiene todo por delante. El será quien conduzca por los próximos seis años el destino del Distrito Federal, el maltrecho pero todavía natural bastión perredista. Y si el PRD quiere recuperar algo de la competitividad perdida, tendrá que apostar, más que por la dignidad histórica, por el futuro.

Lo que viene para el Distrito Federal son seis años de un gobierno que no ha sabido dejar de ser oposición, cuyo estilo a veces se parece demasiado al del PRI y que seguramente volverá a aprovechar la plataforma capitalina para lanzarse a la próxima elección presidencial. En síntesis, nada radicalmente nuevo. En cambio, en el PRD se avecina un panorama inédito. El de resolver, de una vez por todas, dos tareas pendientes: la de su institucionalidad partidista y la de su identidad más allá de Cuauhtémoc Cárdenas

Carlos Bravo Regidor es egresado de la licenciatura en Relaciones Internacionales por El Colegio de México. Correo: cbravo_regidor@yahoo.com

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