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Otro día de campaña
Voces, rostros, emociones...

Socorro Ramírez

"Tenemos que observar cómo se dirige
Labastida a las compañeras que están
incorporadas en la campaña"

La alarma de mi despertador se activó a las 4:30 am.

Una vez más inicia mi jornada de trabajo político en favor de Francisco Labastida Ochoa.

Es domingo y en mi casa todos duermen.

Soy una mujer de provincia metida a regañadientes en el ajetreo de la capital y de la organización política central.

El seminario de mujeres priistas que coordino es responsabilidad del Instituto de Capacitación Política del PRI.

A las 7:00 am despega el avión que me trasladará a la siguiente entidad de la República en agenda. Con seguridad en el aeropuerto me esperará algún transporte terrestre para continuar el traslado por dos o tres horas más.

Soy una ex legisladora federal que arribó a la Cámara en plena juventud. Muy joven es también mi jefe en esta contienda, "Paco Guerrero", doctor -de doctorado- y encargado del área de capacitación y desarrollo político de la campaña. Jóvenes también sus colaboradores: treintañeros en formación académica y en construcción de su carrera política, algunos empresarios fundadores de anhelantes despachos, profesionales otros.

Nosotros somos jóvenes. Las personas con quienes trabajamos, no.

Llego por fin al lugar donde trabajaré por espacio de seis horas con un auditorio conformado en su mayoría por mujeres.

Procedo a ponerme de acuerdo con el responsable del programa en esta entidad, platico también con la líder feminista del PRI, ella proviene del "Nuevo Organismo de Mujeres Priistas".

Acuerdo a su vez, con la coordinadora local del sector femenil de "Redes 2000", el programa con el que Teresa Uriarte contribuye a la campaña de su esposo: Francisco Labastida.

Maricruz Montelongo, directora nacional de las mujeres en la campaña, es una de nuestras ponentes más solicitadas, por su personalidad amable, de amplio criterio y de trato sencillo.

El respeto y la admiración se reservan para Martha Palafox, vicepresidente nacional de las Mujeres Priistas. Se esfuerza para darle finalidad al recién nacido organismo, atendiendo y resolviendo las inquietudes de mujeres líderes dispuestas a lograr el cambio.

Expone la propuesta de Labastida para la mujer: combatir la violencia intrafamiliar, multiplicar guarderías, impulsar la igualdad laboral, combatir el cáncer cérvico-uterino y de mama, crear un organismo gubernamental para atender las causas de la mujer.

Siento un "nudo en la garganta" cuando en Guadalajara, Jalisco, doña Amelia se queja con lágrimas en los ojos de la persecución de que ha sido objeto por el gobierno municipal panista; su delito, fungir como líder de colonia priista.

Más tarde me comentaría -ya repuesta-, que para poder realizar su activismo político tiene como requisito dejar "casa y comida hecha"; al marido no le agrada su actividad política, pero le deja hacer. Se tiene que retirar del acto porque es la hora de recoger a sus hijos de la escuela. Muchas veces debe decir que va a visitar a su mamá para poder trabajar en favor de Labastida; "es una mentira blanca", dice con una tierna sonrisa resignada, en el fondo de sus grandes ojos tapatíos brilla una pequeña luz que las lágrimas no apagaban.

Marcela Reyes es la expresión encarnada de la femenidad. En sus pequeños ojos verdes reflejan la dulzura... pero también muestran decisión.

Es una de nuestras participantes en el seminario. Nunca eleva la voz, sus manos pulcras y cuidadosamente manicuradas se abren y cierran rítmicamente al compás de su voz mesurada y suave. No quiere condescender, nos obliga a todas las presentes a comprometernos, nos ruboriza ante tanta verdad expuesta con franqueza, pero sustentada en una elaborada argumentación producto de muchos años de servicios en la docencia universitaria y la investigación. Nos arrastra con su verdad: la lealtad femenina, una de nuestras grandes virtudes, sólo puede mantenerse al hombre que demuestra respeto, amor y administración para su mujer: Francisco Labastida. Creer en él -nos dice ésta, con voz serena y la mirada firme- es confiar en la dignidad y el valor de la mujer mexicana.

Un seminario más ha terminado. Les he solicitado a las asistentes utilicen su imaginación para crear nuevas formas de promover a Francisco Labastida.

Llevo conmigo sus expresiones escritas en pequeñas papeletas. Algunas asistentes utilizan hojas de cuaderno, servilletas de papel y hasta pequeñas hojitas arrancadas de agendas costosas. Las leo con asombrada atención y las guardo en la memoria de los gratos recuerdos.

Es una joven ama de casa... se abochorna al presentarse porque dice no dedicarse a nada, "sólo al hogar" (¿nada?), anticipa su pregunta porque "la muchacha" no asistió a laborar y ella deberá retirarse a preparar la comida. No plantea una pregunta. Se queja: en el colegio, la maestra, esposa de un candidato de otro partido, amenaza con reprobar a sus alumnos hijos de padres priistas (¡vaya lección de civismo!). Le aconsejo acuda de inmediato con el director de la escuela. No logro tranquilizarla: "¡Es increíble! -me dice-, que esto ocurra aquí en Colima, donde todos nos conocemos". Yo sólo puedo escucharla. "¡Si tuviera aquí mismo a Labastida le pediría que en su gobierno no sólo incorpore al 30 sino al 50% de las mujeres!" dice doña Porfiria, líder sindical- aplausos de las demás, sonrisas, ánimo.

"¡Hay que promover a Labastida el domingo a la hora del Zacahuitl!" (alimento típico de la región, en Pánuco Veracruz), dice la esposa del cronista municipal, Fortino Vázquez. Veo cabezas que asientan en acuerdo con la propuesta.

"Necesitamos que la dirigencia varonil trate con más respeto a las organizaciones femeniles", dice doña Rosario, miembro de la vieja guardia femenil en Tijuana, Baja California. Percibo la molestia en la solidaridad silenciosa de quienes la acompañan.

"Miren amigas, estamos a tiempo de pensar bien a quién apoyamos. Tenemos que observar cómo se dirige Labastida a las mujeres, cómo trata a su esposa y a todas las compañeras que están incorporadas en la campaña y el papel que juega la presidenta del PRI, Dulce María Sauri; yo quiero decirles que si nos equivocamos van a estar como nosotras en Jalisco y luego es muy difícil luchar contra las acciones de los gobiernos que piensan que nosotras debemos dedicarnos únicamente a nuestra casa", dice una tenaz defensora de los problemas de la mujer en México: Sofi Valencia, madre entregada, buena hija, apreciada por muchos... recién superada de una lucha por su propia salud... por su vida.

En el vuelo de regreso las sobrecargos ofrecen "garibaldis" y pastelería El Globo a los pasajeros. No me gustan los pastelitos pero me agrada verlos. Sus formas variadas y sus atractivos colores estimulan la vista, ofertan su dulzura, son una promesa de sabor.

Decido aceptar uno, sólo para conservarlo. Me lo llevo, como llevo conmigo el recuerdo de tantas voces, de tantos rostros, de tantas emociones que forman el tesoro que guardo de mi participación en la campaña de Francisco Labastida Ochoa

Socorro Ramírez es candidata al Senado por el PRI, por lista nacional.

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