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El voto para Presidente
Ricardo Becerra
¿Cuál es el factor que determina la intención de los votantes en una elección presidencial? Esta es una pregunta central en las ciencias sociales, una pregunta cada vez más importante en América Latina (dado su retorno a la democracia) y, por si fuera poco, una pregunta que pone a pelear a economistas con politólogos. ¿Qué factor pesa más en el ánimo del electorado? Karen Remmer publicó un artículo que intenta descifrar el enigma para América Latina y la conclusión es contundente: en la elección de presidente, el factor más importante no son las crisis, ni las condiciones económicas ni las expectativas de la prosperidad individual; lo verdaderamente decisivo está en la política: en la popularidad presidencial, en la atracción política y en el liderazgo que proyecta el candidato ("The Political Impact of Economic Crisis in Latin American in the 1980: revisited", en American Political Science Review, 1999). El estudio abarca 20 países, incluido México. Su conclusión matemática es ésta: el impacto de la variable política es cinco veces mayor que el impacto de las consideraciones económicas. Al comenzar el análisis, Remmer no tenía explicación favorita, puso a jugar los elementos del "voto económico" por un lado y, por el otro, los del "referéndum político". Utilizó datos macroeconómicos y de opinión pública para 40 elecciones celebradas entre 1982 y 1998 en América Latina; y lo que encuentra son correlaciones más fuertes entre el triunfo electoral y el "referéndum político" que entre triunfo electoral y desempeño económico. En este punto los politólogos han prevalecido sobre los economistas, mediante el redescubrimiento de una tesis obvia: el fenómeno electoral es esencialmente político, y los votantes no son bandas ratchoice buscando maximizar su bienestar a corto o mediano plazo, sino ciudadanos en busca de liderazgos serios y fuertes. El ejemplo extremo es el de Fernando Henrique Cardoso en 1998, quien ganó en la primera vuelta con un porcentaje superior a 50%. Y lo hizo diciéndole a los brasileños que iba a instrumentar un programa económico muy duro, que iba a recortar el gasto e incrementar impuestos. ¿Los brasileños son masoquistas? No, quizá han aprendido que el gobierno es complejo, que la economía es un asunto difícil donde no hay recetas para que el bienestar llegue gratis, que las promesas fáciles suelen embaucar, no solucionar y que el gobierno necesita ante todo un líder político. En América Latina el lema de Bill Clinton (es la economía, estúpido) no sería suficiente. ¿Es ése el caso de México? La autora dice que México sigue siendo excepcional, aunque se torne cada vez más normal: (no hay reelección, 70 años con un solo partido, tiene elecciones intermedias, etcétera). Lo que queda claro es que "también los mexicanos perciben al liderazgo político como un factor crucial, a decir de los resultados en la última elección presidencial de 1994... y el PRI sigue representando eso precisamente, liderazgo y estabilidad". El 2 de julio estará a prueba esta hipótesis. Para la autora "es imposible explicarse por un fraude el triunfo del PRI en las elecciones mexicanas, dada la sola magnitud de la votación, ya no digamos el complejo y seguro sistema electoral". Así que lo que determina el resultado en México es la política: la percepción colectiva acerca de quién puede ser el mejor conduciendo los asuntos políticos del país. ¿Fox o Labastida? ¿Cuauhtémoc o Rincón? En unos días veremos quién supo explotar, atender o proyectar mejor ese factor Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM. |
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