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tintero "Cuando el estilo es un jersey, Patricia Arce/Rafael Chirbes
De paso por México, Rafael Chirbes (Valencia, 1949) habló de su más reciente novela, La caída de Madrid (Anagrama); su literatura lo muestra como un escritor que se reclama realista. Acucioso observador de la esencia de la España contemporánea, intruso pertinaz del alma de sus habitantes que instala a unos muy por encima de otros "como dinámica histórica que hace parecer connatural que quienes toman el poder no son los mismos que lucharon contra el dictador", obra que se nutre de la experiencia crítica de la guerra civil española, la transición de la postguerra en una España bifurcada entre la derrota, la incertidumbre y la España esperanzada en la revolución ideológica. Ese momento convulso y decisivo es cabalmente recreado por Rafael Chirbes en su reciente novela, que cierra el círculo que inició con La buena letra. Chirbes nos da cuenta de sus historias:
¿Cuáles son los principales signos de su evolución como escritor desde Mimoun hasta La caída de Madrid? No lo sé, eso tendrán que decirlo los lectores. Tal vez la menos literaria de mis novelas sea precisamente La caída de Madrid, resultado de una lucha contra lo que empezaba a ser un estilo, tenía la sensación de que había creado un lenguaje que había ido creciendo desde La buena letra, Los disparos del cazador, La larga marcha y que a partir de ahí podría él más que yo. Ese lenguaje era falso para contar otra historia. ¿Cómo es posible un estilo diferente en cada libro, como pretende, si es parte indisociable del bagaje técnico, la experiencia y habilidad del escritor? Cada libro debe cuestionar los logros de los anteriores. No cabe duda que siempre acaba saliendo tu voz, lo que te interesa, lo que sabes; pero lo que sí temo es coger un estilema que sirva para todo, porque a la gente le ha gustado y a partir de ahí repetir la jugada, dejar de investigar, de cuestionarme y dejar de poner a prueba mis propios límites; creo para contar cada historia se deben ajustar los instrumentos. Usted ha dicho que lo más importante en una obra es el hallazgo del tono, ¿cómo llega a él? No sé de qué van a tratar las novelas cuando empiezo a escribirlas, ni sé cuál será el fin. Se trata de una investigación casi psiquiátrica, surgen personajes que se van encarnando y cada uno va dando su propio tono, cada uno va requiriendo de otro personaje que le dé contrapunto, hay que asomarse al sitio desde donde se ve la vida y nadie sabe dónde está. Uno intuye que la literatura está bien o mal en la medida en que conoce más la vida; porque es la vida la que nos cuenta lo que luego las novelas reproducen. ¿El uso de elementos poéticos, entre otros el original entre punteado corto, utilizado en La caída de Madrid es deliberadamente poético, es parte de una dialéctica para crear una nueva forma de narrativa? Se me fue imponiendo el estilo, bastante distinto de los anteriores, cuando el estilo se convierte en un jersey que se puede poner a todos los temas no funciona más, cada tema debe imponer su propio ritmo y estilo diferentes. Los rasgos de la última novela son resultado de esta búsqueda por deshacerme del lenguaje de las anteriores. ¿Qué influencia de otros autores reconoce en su obra? Muchas, he tomado frases de Tolstoi, Shaw, Ortega y Gasset y otros rasgos de gente que admiro y odio como Cela. De Proust he aprendido el tono y seguramente mis novelas tienen algo que ver con Graham Greene, Balzac, y de La educación sentimental, de Flaubert, donde el intelectual que alecciona al obrero a hacer la revolución acaba matándolo. ¿Qué tanto La caída de Madrid responde a lo que dice Aznar que España está en su mejor momento? Hemos entrado al Mercado Común Europeo, pertenecemos al club de los privilegiados, estamos detrás de esa muralla que cada vez más marroquíes intentan cruzar por el estrecho de Gibraltar, donde se ahogan, pero eso nada tiene que ver con la gente común, digamos que nos dan de comer mejor que a quienes viven en Biafra o Guatemala, pero tenemos muy poca capacidad para decidir sobre nosotros mismos, y la reforma laboral es la más dura que se haya hecho en España; porque lo mismo en el Mercado Común que en el último lugar de Biafra mandan las multinacionales. Actualmente la sociedad se transforma en todos sus ámbitos, ¿cuáles identifica como los signos de la literatura contemporánea de habla hispana? No lo sé. Vivo una etapa de desconcierto en que no sé bien hacia dónde va la literatura, como no lo sabe nadie. Confieso que odio la literatura en el sentido de retórica, de un arte que se pone al servicio del poder, como decía Walter Benjamin: "El poder se apropia de todo". Noto además una especie de fragilidad que nos rodea, las ciudades crecen, también los cementerios de chatarra ideológica, tal parece que todo da igual y ese desconcierto, esa explosión de cosas incontroladas me inquieta. ¿Cuál considera la aportación literaria predominante de los escritores de nuestro tiempo? Parece haber cierto agotamiento de las vanguardias, han pasado a nutrir formas literariamente ordenadas. Quizá nos hemos percatado que en el desorden no se puede contar otro desorden y además hemos trabajado con la lengua hasta un punto en que la verdad se ha roto perdiendo conexión con la realidad, es como si de nuevo quisiéramos encontrar el arco que unía la lengua con la sociedad. ¿Hacia dónde tiende su literatura? Intento contarme lo que ocurre a mi alrededor, los dominios del mal, las diferencias entre clases, las ideologías, saber qué es lo que fascina a la humanidad, cuál es el brillo detrás del que corremos todos. ¿Tiene algún proyecto en marcha? La caída de Madrid es la novela que más me ha dolido escribir, el libro que más me ha dejado sin palabras, me da la impresión que he agotado una forma de contar, ahora mismo no sé si podría escribir otra cosa, ni cómo ni desde dónde, pues la novela termina en un personaje que espera bajo la lluvia; que no tiene palabra porque es un obrero al que le han prometido la revolución, el lenguaje, las armas y de pronto descubre que no tiene nada y se siente como un animal sin piel, a la intemperie, a la puerta de los que tienen el lenguaje, las armas, el poder en las manos Patricia Arce es licenciada en Periodismo por la escuela Carlos Septién. |
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