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primera plana Violencia y sufragio
Marco Levario Turcott
El reprobable atentado contra Lilly Téllez -en el que salieron heridos Hugo Noriega (chofer), Miguel Solorio y Jesús Barrada (escolta)- debe preocupar tanto como la confianza que debemos tener en la ley y motivar también la exigencia para que las autoridades diriman lo sucedido y castiguen a los responsables del acto. A diferencia de la cuestionable actitud que el 7 de junio mostró TV Azteca, cuando el homicidio de Francisco Stanley, en esta ocasión hubo sobriedad y prudencia. Fue una actitud responsable que, empero, contrastó con los dichos de la jefa de gobierno de la ciudad de México. El 22 de junio pasado, durante la transmisión de canal 13, Rosario Robles dijo que TV Azteca y Crónica podrían generar un nuevo linchamiento contra las autoridades del DF (esto, debido a una declaración telefónica hecha por el director de ese periódico, Pablo Hiriart): "Estamos reeditando lo que sucedió, y que fue lamentable, con el asesinato del conductor de televisión Francisco Stanley. Prácticamente se culpó al gobierno de la ciudad de México..." Instantes después, Sergio Sarmiento y Javier Alatorre le aclararon a la señora Robles lo que todos habíamos visto y escuchado: que la empresa no estaba señalando culpables ni alguna otra responsabilidad, que incluso ellos en esos momentos no estaban más que consternados. En relación con las declaraciones del director de Crónica, no hubo tampoco una acusación como la que señaló la funcionaria perredista. El atentado contra Lilly Téllez es grave no sólo porque estuvo en riesgo la vida de varias personas, sino también porque trae consigo el estupor, la confusión, el temor y el encono. Ese es precisamente el intento de quienes lo perpetran, más aún, cuando lo hacen en el contexto electoral y la cercanía del 2 de julio. Por eso fueron desafortunadas las declaraciones de Robles quien, en lugar de enfatizar en el cumplimiento de la ley, hizo un señalamiento que no correspondía con el trato informativo de TV Azteca ni con los dichos de Pablo Hiriart. El viernes 23 de junio en La Jornada, Julio Hernández mostró la misma (perniciosa) actitud: "Cuauhtémoc vivió su segundo linchamiento político la noche del mismo día que había tenido éxito en visitar la UNAM... La nueva convención (al aire) de salinistas (confabulados para cargarle las culpas del extraordinario asalto al cardenismo, al perredismo, al gobierno de Rosario Robles, al procurador Samuel del Villar) desvió así la atención de temas que les producen peligrosas comezones, como la realización del acto público en la explanada de la rectoría de la UNAM." El articulista ve moros con trinchetes. En primer lugar no fue un "extraordinario" asalto el perpretado contra Lilly Téllez sino un atentado contra su vida. Y, en segundo, como ya hemos dicho, no hubo un solo señalamiento de TV Azteca en contra de los personajes aludidos como para hacer conjuras siniestras. Siniestras son las conjeturas. Pensando en las elecciones Prudencia y sobriedad, digámoslo otra vez, es lo que conviene en los medios de comunicación durante los próximos días y particularmente el próximo 2 de julio. Veamos el escenario que puede darse en los medios de comunicación electrónica el próximo domingo. Fijemos bien los términos. La transmisión en vivo y directo -a todo color cuando se trata del televisor- siempre genera la sensación de que el radioescucha o el telespectador tienen la información más precisa porque están viendo y escuchando los acontecimientos en el momento mismo cuando ocurren. No obstante, y ante situaciones como el 2 de julio próximo, el público llega a saturarse de un modo tal que, incluso, linda en el extremo de la confusión o el franco desconocimiento. Más información no quiere decir mejor información y en tal sentido es probable que, el domingo próximo, encontremos en el cuadrante y la pantalla una sobre-exposición de imágenes y frases que, en lugar de contribuir a enterarnos de lo que ocurre podrían llegar a confundirnos. El principio es predecible, habrá partes que recogerán el ambiente en el que se desarrolle la votación, habrá tomas de cuando sufrague el titular del Ejecutivo, los candidatos a la Presidencia, al gobierno del Distrito Federal y a los gobiernos de Guanajuato y Morelos. También habrá notas de algunos incidentes que llegaran a ocurrir y estaremos viendo cómo los reporteros buscan las reacciones de la dirigencia de los partidos. Veremos o escucharemos también algunos reportajes y mesas de discusión. Todo esto si no ocurre algún imprevisto que altere el proceso. El momento difícil será cuando cierren las casillas, comience el conteo y las declaraciones estén a flor de pantalla y ondas radiales en el contexto de una reñida competencia que, todo parece indicarlo, se dirimirá entre los candidatos del PRI y la Alianza por el Cambio. Entre otros momentos difíciles, que son además un auténtico desafío para la prudencia de los medios de comunicación, está la difusión de los exit polls que es un método de conteo que tiene como base los dichos del votante -a diferencia de los conteos rápidos y el PREP que tienen como base el conteo de las casillas. En estas páginas, Ciro Murayama desarrolla las precisiones que el tema merece-. ¿Cuál será el tratamiento informativo que la radio y la televisión den frente a las encuestas de salida en un escenario de competencia acendrada entre dos fuerzas políticas? ¿Se sustentarán en ese método para asegurar que hay un ganador? El conteo rápido tiene mayor fiabilidad aunque de cualquier modo necesita informarse con prudencia, señalando una y otra vez que no son resultados oficiales. Dar veracidad a las encuestas de salida podría generar confusión y, en un escenario extremo, también posturas polarizadas Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. Correo: mlevario@etcetera.com.mx |
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