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Parece que fue ayer
Memorias de otras urnas

Jaime Ramírez Garrido

Foto: Memoria gráfica de la democracia/IFE

6 de julio, 1988. Pueblo de la Candelaria, Coyoacán. Soy representante general del Partido Mexicano Socialista en el distrito 22. Me tocan diez casillas que recorro una y otra vez en compañía de José Carlos Castañeda, ahora editor de nexos y candidato plurinominal de Democracia Social, Jorge Gidi, ahora con paradero desconocido y con Rolando Guzmán, ahora empresario y militante de Democracia Social en Monterrey.

Se cierran las casillas. Voy a una en la que no hay representante para quedarme al conteo.

El Partido Revolucionario de los Trabajadores es el único que no tiene a nadie en la mesa directiva de casilla. Acordamos cerrar la puerta de la casa de la presidenta de la mesa, donde estaba instalada la casilla, para abrir las urnas y comenzar con el conteo. Apenas estábamos llenando el formato del acta de cierre de casilla cuando se escucharon fuertes golpes en la puerta, el tercer laminazo vino acompañado de un grito: "¡Máscaras, ábreme!". El Máscaras era el representante del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, ahora Nuevo Partido Socialista, sin registro.

El Máscaras, de casi dos metros y más de cien kilos, nos miraba a cada uno de los presentes. Por fin se atrevió: "¿Puede votar mi mamá?". Le contestamos todos que no. El Máscaras se acercó a la puerta, dio una explicación en voz baja por el espacio que hay entre la puerta y la pared. Explicación que la madre respondió con un grito: "¡Si voy a votar por tu pinche partido, hijo de la chingada, mejor ábreme o llamo a tus hermanos!".

Ya con la urna de diputados abierta y el conteo en marcha, llegaron los hermanos de El Máscaras. Tuvimos que llamar a una patrulla.

18 de agosto, 1991. San Jerónimo Lídice. Soy representante de casilla. Una tía política (en más de un sentido) es candidata del PRD para diputada. Mis compañeros de casilla, tanto los funcionarios recién entrenados como los representantes de los partidos, no tienen ni idea de los procedimientos. Pero todos desconfían de mí. Sólo cuando después de mucho insistir y mucho discutir se convencen de que actúo guiado por el sentido común y no encaminado a cometer un fraude en favor del PRD o para denunciar un fraude en contra del PRD.

Me visita mi representante general. Se adelanta a denunciar un fraude. Le explico que tan no hay fraude como que yo fui el primero en llegar y en guiar hasta el armado de las urnas. El insiste que de alguna forma se las habrán ingeniado para perpetrar un fraude.

En el cuartel de campaña, caras tristes, denuncias de fraude. Mi tío explicaba a mi tía: "Lincoln se postuló tres veces, lo mismo que Nixon. Los grandes estadistas nunca llegan a la primera"

Jaime Ramírez Garrido es candidato suplente al Senado por el Partido Democracia Social.

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