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El voto para Presidente
Ricardo Becerra

 

 

 

 

 

cuentas claras


Enrique Contreras Montiel

Pocos recursos, grandes retos

Foto: Jaime Boites Hernández

Ojalá cambiaran las circunstancias junto con los gobernantes. Pero como no es así, cualquiera de los candidatos que resulte triunfador tendrá que enfrentar una dura realidad y contar con pocos recursos financieros e instrumentales para intentar cambiar realmente las circunstancias.

La paradoja que enfrentará el nuevo gobierno es que el proceso político del 2 de julio será el más importante de México y el menos transcendente hacia su entorno económico y social. El nuevo mandatario tendrá por delante quizá los márgenes de acción más estrechos que haya tenido presidente alguno en México en relación con las tareas que son de su competencia, en dos sentidos. Por un lado, los recursos de la política económica han pasado de ser 36 a 20% del PIB en el transcurso de los últimos 20 años. Por otro, peor aún, es que los instrumentos de política económica están sumamente constreñidos a los vaivenes externos y los autores financieros internacionales.

 

Inversiones inconstantes

Foto: Jerónimo Arteaga

La década de los 80 ha sido de las más difíciles de México. La inversión extranjera no se formaba grandes expectativas sobre la economía mexicana. La inversión extranjera directa (IED) disminuyó de montos de dos a tres mil millones de dólares en 1980 y 1981 hasta 1.3 mil millones en 1986.

Pero la desconfianza no anda en burro, reza el refrán. Los inversionistas extranjeros preferían tener su dinero líquido fuera del país. Entre 1982 y 1987 la inversión en cartera registró cifras negativas, es decir, salida de ganancias de la inversión.

El cambio de actitud de los inversionistas extranjeros es palpable a partir de 1988. Primero, hay un gran salto y luego, con la expectativa de la firma del Tratado de Libre Comercio, se acelera la entrada de capital, al grado de que la tasa de crecimiento promedio de la entrada de capitales en esos años fue de 40%. La masiva entrada de capitales y su relativamente lenta incorporación al sistema productivo tuvo como resultado que la inversión de cartera llegara a ser hasta de 80%.

 

¿Cuál política económica?

Foto: Jerónimo Arteaga

Hoy, cuando el nuevo mandatario se siente a pensar en serio, más allá de los discursos y las promesas de campaña, qué hacer con la política económica, tendrá que formular sus programas, de entrada, el Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006, diciendo: no puedo usar la política monetaria ni la cambiaria, como instrumentos de política económica. Tendré que esperar; en el mejor de los casos, a que los inversionistas estén tranquilos. En cuanto a la política fiscal, pues, no puedo cobrar a las empresas más grandes, más importantes, más dinámicas y con más rentabilidad, porque son maquiladoras de exportación y sus impuestos los pagan del otro lado.

Si no es así, que los que registren mejores datos que arrojen la primera piedra: la inversión de cartera ha sido puntual en el registro del nerviosismo de la sucesión presidencial del 2000. El año de 1999 la inversión extranjera registró un saldo similar al de 1996 y luego formó una suerte de columpio. La crisis del 95 propició un saldo negativo de la inversión en cartera, y en los años sucesivos ha sido muy inestable. Pasó de casi 60% en 1996 a -5.4% en 1998 y en el registro de marzo del 2000 llegó hasta 63%. Todavía más, la inversión extranjera de 1999 representó 67% del monto que logró en 1993.

La inversión extranjera hasta marzo del 2000 ofrece una fisonomía voluble, caprichosa y de difícil orientación hacia las necesidades nacionales: siempre lista para salir corriendo en cualquier momento, lo cual será la más fuerte condicionante de la política económica

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