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Para no irse con la finta
Guía práctica para entender los sondeos

Ciro Murayama

Foto: Memoria gráfica de la democracia/IFE

Las principales cadenas televisivas, universidades, redes de organización ciudadana, algunos partidos políticos y coaliciones, periódicos de circulación nacional y medios de comunicación locales, e incluso el propio Instituto Federal Electoral y ciertos institutos electorales locales harán distintos ejercicios el próximo domingo para conocer el sentido de la votación antes del conteo oficial (que será el 5 de julio en los 300 Consejos Distritales del IFE). Así, cuando cierren las casillas de Baja California, a las 8 pm del centro de México, empezaremos a conocer los primeros resultados no oficiales que se desprendan de las encuestas de salida o exit poll; más tarde, sabremos qué arrojan los conteos rápidos, y desde las nueve de la noche y hasta las tres de la tarde del 3 de julio el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) del IFE estará proporcionando información.

Estos ejercicios tienen la virtud de generar resultados a pocas horas del final de la votación, pero cada una de las modalidades mencionadas tiene sus propias desventajas, y vale estar prevenidos de ellas para no llevarse fias-cos y, más aún, para no caer en confusiones que puedan enturbiar la transparencia del resultado final.

A la fecha hemos conocido encuestas preelectorales de intención de voto. Estas presentan problemas de análisis e interpretación relacionados con la calidad de la muestra y su tamaño, de lo que depende su nivel de confianza, el cual suele situarse en 95.5% con un margen de error de +/-3% y +/-1%. En cristiano ello debe leerse así: si una encuesta diseñada con un margen de error de 1.5% y un nivel de confianza de 95.5% da a un partido 30% de los votos, eso significa que en 95.5 veces que se repitiera la encuesta los resultados no variarían, hacia arriba o hacia abajo, en 1.5%, por lo que hay 95.5% de probabilidades de que el porcentaje de votos que ese partido acabe obteniendo oscile entre 28.5% y 31.5%. Aun así hay problemas adicionales que se desprenden de las respuestas "no sabe/no contesta", pues se trata de personas que no dicen si van a votar o no y por quién, además de la presencia de "voto oculto" que se refiere a los que no indican su preferencia por presiones, coacción o vergüenza y entonces en la encuesta es preciso "adivinar" -con criterios racionales que se modifican según el país en cuestión, su historia, etcétera- cuántos acabarán votando y en qué dirección. Por eso las encuestas no son predicciones, sino meros ejercicios de estimación.

Ahora bien, entrando a los ejercicios que conoceremos la noche del 2 de julio, las encuestas de salida resultan las menos fiables para conocer un resultado certero en un escenario donde el triunfo no se define por una diferencia amplia. El exit poll estima la orientación de un voto ya emitido, a partir de una muestra aleatoria de casillas a ciudadanos que acaban de sufragar. Presenta los mismos problemas de análisis e interpretación que las encuestas preelectorales pero potenciados porque se trabaja a contra reloj y, sobre todo, porque aumenta desproporcionadamente la cantidad de "no sabe/no contesta". El riesgo es que ya no se trata de "adivinar" una intención de voto, sino uno que ya está en la urna, que contará finalmente en el escrutinio oficial. Así, si como ocurre en el mundo entero, hay un 40% o más de personas que no contestan a este ejercicio, habrá que saber por quiénes votaron efectivamente y cuántos de los que sí respondieron lo hicieron diciendo la verdad; averiguar esto a ciencia cierta es casi imposible. Por estas deficiencias, el exit poll se utiliza cada vez menos a nivel internacional como instrumento de análisis científico, pero los medios electrónicos siguen recurriendo a su empleo por el afán de llenar las horas muertas tras el cierre de las casillas. Creo, por lo anterior, que hay que tomar con todas las reservas las proyecciones de votación nacional fundadas en encuestas de salida.

Por su parte, los conteos rápidos (quick count) trabajan sobre una muestra representativa de las casillas, ya no del censo electoral o lista nominal. Su fuente de información son los resultados que la mesa directiva de casilla da a conocer mediante una sábana colocada en el exterior del centro de votación una vez que ha finalizado su escrutinio. Por tanto, este instrumento es más confiable: no trabaja sobre intenciones o declaraciones de voto sino con sufragios ya depositados y contados. Y el margen de error sólo depende de la calidad de la muestra considerada, pues no se basa en el universo total de votos sino en una selección muestral de los mismos. Sistemáticamente, los resultados de los conteos rápidos que realizan empresas serias con un buen diseño de muestra y con los recursos humanos y materiales adecuados, suelen acercarse bastante a las cifras oficiales que se dan a conocer después. Como hay que esperar al final del escrutinio en las casillas, la publicación de los resultados de este método puede llevar varias horas: el IFE, en concreto, tiene programado dar a conocer los datos que generen sus conteos rápidos a las once de la noche del 2 de julio. En el caso de los conteos rápidos, cabe advertir que serán certeros en definir al ganador si la diferencia no cae dentro del margen de error de las muestras respectivas.

Finalmente, tendremos el PREP. Su fiabilidad es la más alta de los ejemplos considerados: recibirá datos de las actas de escrutinio que lleguen a los 300 distritos en todo el país. Así, no se trata de una muestra ni de una proyección estadística, sino de la recolección de datos ciertos. La única reserva que tiene sentido en este caso es que sus primeros resultados, al provenir de zonas urbanas, pueden no mostrar tendencias definitivas. Por eso habrá que tener un poco de paciencia -si los conteos rápidos no dan un claro ganador- para conocer el grueso de la votación en las primeras horas del 3 de julio a través del PREP y, a menos que la disputa sea tan cerrada que haya que esperar al conteo de la última casilla, antes del amanecer sabremos quién habitará Los Pinos los próximos seis años

Ciro Murayama es economista por la UNAM. Realizó estudios de postgrado en la Universidad Autónoma de Madrid.

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