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Rosas y espinas
Democracia Social, el 80% somos jóvenes

Ana Negrete

"Ahora lo que falta es darle más rosas a México"

Durante mucho tiempo había pensado que las cosas en México sólo podían ser de una manera, pero mi participación en la campaña presidencial de Democracia Social me hizo tomar conciencia de que existe una alternativa a la política empantanada que se vive en México.

A lo largo de los más de cinco meses que duró la campaña pude acercarme a muchos problemas de México, de los cuales se habla demasiado, pero pocas veces se les vive. Esta experiencia me ayudó a tocar fondo, a reflexionar sobre viejos conceptos y, sobre todo, a aprender que no basta con preocuparse retóricamente por las minorías sino hay que comprometerse con ellas.

En este país existe mucha apatía entre los jóvenes. Por supuesto se ha avanzado un largo camino en cuanto al interés entre la juventud por los temas políticos, pero aún no es suficiente. Me duele pero ya no me extraña encontrarme con gente de mi edad que no piensa salir a votar, porque dice que simplemente en este país nunca pasa nada. Pero somos los jóvenes quienes debemos hacer que pasen las cosas, y aprovechar los espacios que se abren para nosotros. En Democracia Social 80% de los espacios están ocupados por jóvenes, y son ellos mismos quienes más dinamismo muestran. No es gratuito que sean los jóvenes los que más hayan respondido a las propuestas de Democracia Social. Están encontrando en éstas mucho de lo que se ha perdido en la política mexicana.

La oportunidad que he tenido a mis 23 años en participar en esta campaña para las elecciones más importantes en la historia moderna de nuestro país, y hacerlo en un partido nuevo con cuyas ideas comulgo, han sido dos cosas que me han marcado vitalmente. Democracia Social, insisto, tiene un compromiso con las minorías. Pero ello implica estar comprometido con la defensa de los derechos de cualquier ciudadano. De una forma u otra, todos somos minoría. En particular, descubrí, siendo heterosexual, la necesidad de compartir la lucha con los homosexuales y las lesbianas, personas que por tener un estilo de vida distinto son víctimas del rechazo social y sufren frecuentemente discriminación e incluso violencia. La misma Iglesia católica los ha llamado desviados, pero son personas con derechos y obligaciones cuyas garantías individuales no deben sucumbir frente a los prejuicios religiosos o morales de las mayorías.

La campaña también me ha dado la oportunidad de convivir con personas como Jorge Huerdo, quien tiene VIH-Sida y, como muchos otros, conoce la discriminación por ser homosexual. Es admirable su lucha por ser escuchado y por conseguir para todos los medicamentos que a diario les son negados a miles de personas que viven con este terrible virus. Democracia Social no titubeó ni un segundo en postular a Jorge como candidato a la ALDF, y así ser el único candidato con VIH-Sida en América Latina. Este caso es un ejemplo claro de una nueva propuesta democrática, pues estamos logrando hacer conciencia de que no sólo el Sida mata, la discriminación también. Pero Jorge no está solo en esto, con él están compañeros de Diversa y de Democracia Social y, creo, millones de mexicanos honrados, decentes y tolerantes.

Los prejuicios y la falta de interés e información sobre el VIH-Sida hacen que éste, como muchos otros temas, no tenga el trato y la respuesta que amerita. Esta experiencia me ha dejado ver que el problema del VIH-Sida en México es de fondo y que no sólo hablamos de homosexuales, sino también de miles de niños huérfanos a los cuales se les impide el acceso a casas-cuna, o son la última opción para padres adoptivos.

Un problema que nunca dejó de estar presente en esta campaña es el de la educación. Gilberto recorrió más de 40 universidades del país y en todas defendió la necesidad de reconstruir nuestro sistema de educación pública. No varió su discurso ni siquiera cuando tuvo que enfrentar a los "ultras" de la UNAM. Una de mis experiencias más fuertes fue, precisamente, la arriesgada visita al Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde, como otros compañeros, fui víctima de agresiones verbales. Para mí, como joven, fue impactante ver la intolerancia en su máximo esplendor. Allí era claro que una mayoría de estudiantes deseaba escucharlo y, por ello, Gilberto estuvo más de dos horas en un intenso diálogo con el auditorio, pero la agresión de unos pocos hacía todo por impedirlo. Jamás olvidaré el rostro resentido de un miembro del CGH, quien sin dejar de insultar a Gilberto, me gritaba con odio que me largara junto con mi candidato; al quererle explicar que la violencia de la que se dicen víctimas era la misma que estaban provocando, no hacía otra cosa que agravar sus amenazas. Sin duda, estos estudiantes han sido víctimas de décadas enteras de corrupción y desinterés por la educación pública, pero esto no justifica la agresión que dirigieron contra Gilberto, sobre todo por su trayectoria de luchador social y hombre de izquierda. Todavía no le veo razón alguna a tener que salir de la UNAM huyendo, cuando entramos con la única intención de proponer acciones distintas a las que por años nos han gobernado. Allí está el "huevo de la serpiente" y mucha gente que se dice de izquierda se niega a aceptarlo.

"¿Cómo olvidar el 17 de mayo en la
Alameda Central acompañando a
Gilberto a un acto de campaña?"
Foto: Antonio Nava/Ave

En esta campaña como mujer y candidata he podido ver cómo las mujeres podemos trabajar de igual a igual, tomando el lugar que nos corresponde, opinando y decidiendo. Con orgullo puedo decir que la única candidata al gobierno de la ciudad de México pertenece a mi partido. ¡Qué satisfacción fue ver a Tere Vale en el debate! Allí demostró una vez más que las mujeres tenemos la capacidad y la entereza de salir a debatir con cualquier hombre, que el tamaño de las ideas no se mide por el sexo, y que amar a alguien no significa tener que compartir las mismas ideas políticas.

El derecho de decidir de la mujer es otro de los temas con los cuales me confronté a lo largo de estos meses. Antes, la palabra aborto me sonaba a tabú. Es un tema en el cual las mujeres somos todavía débiles, pues reivindicar el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo nos hace el blanco perfecto de ataques de diferentes sectores de la sociedad. Agradezco a Democracia Social la forma como ha defendido públicamente este derecho, como un asunto de salud pública y como un asunto de libertades. Si los antiabortistas asocian el aborto con el asesinato, entonces cómo le pueden llamar al millón de mujeres que mueren cada año en clínicas clandestinas a causa de abortos mal practicados. Este es un problema de salud pública, que se debe resolver, nada ganamos con el maximalismo moral, pues el problema existe, por eso es importante dejar en la mujer la decisión y que el Estado colabore para evitar estas muertes.

"Evitar" es la palabra clave de lo que me tocó vivir en estos meses. Hablando de mujeres, que tienen a sus hijos en escenarios de miseria; y de niños inocentes con su pase automático para vivir en la calle, sólo puedo insistir en la necesidad de que la política "evite" estos dramas. ¿Cómo olvidar el 17 de mayo en la Alameda Central acompañando a Gilberto a un acto de campaña con la niños de la calle? Fue impresionante ver reunidos a aproximadamente 12 niños que a las diez de la mañana ya traen pegada la "mona", niños de entre cinco y 15 años que viven abandonados a su suerte, que su único lugar para dormir es un tapado de plástico y varas de árbol que ellos mismos construyeron, y que a pesar de su edad y debido a sus circunstancias no podrán construir su futuro. Esta experiencia es de las cosas que siempre le voy a agradecer a la campaña: la posibilidad de conocer los mundos que a pesar de estar tan cercanos habían sido ajenos. Estos son los temas que no aparecen en la agenda nacional, por no ser considerados importantes. Si todas estas minorías excluidas, con las cuales compartimos una cuidad, un país, una cultura, no se nos hacen importantes, quisiera preguntar entonces, ¿qué entendemos por cambio?

El momento cumbre de esta campaña lo viví el 26 de abril, cuando por falta de tiempo y debido al tráfico, tuve que escuchar el debate por la radio del coche. Allí, en medio de la lluvia y a través de una estación de radio, un hombre logró, con sus ideas, su entusiasmo y su congruencia, devolverme la esperanza y la fe de que mi país va a cambiar, ese hombre era Gilberto Rincón Gallardo. El fue quien, en 14 minutos, se ganó a millones de mexicanos. La sensación al terminar el debate presidencial es indescriptible: la emoción, las lágrimas, el deseo de hablar con quienes ocupaban los coches de junto. Nunca había entendido a fondo que la política puede ser honrada, profunda y emocionante. Allí comprobé también que seguir tus ideales siempre te lleva al lugar correcto.

Ahora, a pocos día de las elecciones, sólo puedo decir que trabajar cerca de personas como Gilberto Rincón Gallardo y de todo el equipo de campaña de Democracia Social ha sido una gran enseñanza y un enorme logro en mi vida. Ahora, lo que falta es darle más rosas a México

Ana Negrete es licenciada en Derecho por la UIA y asesora del PDS.

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