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Raúl Trejo Delarbre

1 Si Fox gana

Foto: Salvador Castellanos/Silva

Si Vicente Fox gana las elecciones tendrá que hacer una oferta política incluyente y magnánima. A partir del 1 de diciembre gobernaría para todos los mexicanos, no sólo para quienes hayan votado por él.

Allí comenzarían sus problemas. Entre la actitud del estadista capaz de hacer política para ampliar su consenso y el talante del político de pueblo más preocupado por desquitarse que por construir, quizá Fox se inclinase por la segunda opción.

Hasta ahora, al menos, el ex gobernador de Guanajuato ha mostrado más interés en la revancha política que en la edificación de un nuevo país. Así que no sería extraño, si gana, que sus primeras alusiones fueran para las tepocatas y los alacranes que dejó en el camino.

Sería un Presidente extravagante. Hay que imaginarlo entrar con botas al Salón Oval en su primera visita a la Casa Blanca. De a pena por viaje.

Pero eso sería lo de menos. Si Fox gana, después de sus primeras palabras la duda nacional más extendida sería en torno a su equipo de trabajo. Hasta donde puede verse, el candidato presidencial del PAN tiene operadores administrativos y técnicos (incluso técnicos en mercadotecnia) pero no está rodeado por políticos con experiencia en la administración pública.

 

2 Caballada flaca

Foto: Melina Zurita

¿Cuál sería el secretario de Gobernación de Fox? ¿Quiénes sus ministros de Hacienda y de la Defensa Nacional, por ejemplo?

Además del grupo de asesores que le rodea de manera más cercana, Fox cuenta con el respaldo de un partido político de amplia trayectoria y con cuadros de notable perspicacia. Pero toda su campaña, el candidato panista la ha realizado no sólo paralelamente, sino a veces incluso en contra de la estructura de Acción Nacional.

¿Qué tanto se apoyaría Fox, si fuese Presidente, en los dirigentes y políticos del PAN? Al parecer, muy poco. Quizá en algunos ex gobernadores, o en personas que han tenido experiencia en niveles intermedios en administraciones estatales.

A Fox se le han acercado algunos políticos conocidos por su experiencia en el PRI, o en otros rumbos del entramado ideológico. Lo asesoran intelectuales como Jorge Castañeda y Adolfo Aguilar Zinser. Lo acompaña ahora, con un protagonismo que no puede pasar inadvertido, Porfirio Muñoz Ledo.

Fox ha dicho que su gobierno sería amplio. Incluso, ha hablado de un gabinete de composición. Es difícil que invite al PRI a cogobernar con él. Quizá le ofreciera a Cuauhtémoc Cárdenas la Contraloría General, o una posición similar.

Pero los cargos con los que se gobierna, Fox tendría que reservarlos para gente de su mayor confianza y además de probada experiencia política. Y no se ve de dónde tendría candidatos con ambas cualidades.

El tercer dilema de Fox, después de resolver la composición de su gabinete, se llamaría Porfirio Muñoz Ledo. Si el candidato del PAN gana la Presidencia, menudearán las apuestas acerca del momento cuando ambos se distanciarían.

 

3 Si gana Labastida

Foto: Santiago Salmerón/Contraluz

Si el triunfo es para el candidato presidencial del PRI, su primer problema será demostrar que ganó de manera limpia.

Esa, desde luego, no tendría que ser tarea del partido sino de las autoridades electorales. Pero ya sea por la triste tradición de fraude que acompañará al PRI todavía después de todas sus reformas, o por la campaña de las oposiciones que se negarían a reconocer que ese partido sigue teniendo el respaldo de la mayoría, tendría que desplegarse una paciente, sólida y extensa tarea de persuasión y explicación hacia todos los ciudadanos.

También falta una inteligente negociación política, no para mercadear votos sino para establecer puentes y entendimientos con todas las oposiciones.

Como Presidente electo, Labastida tendría que acotar qué tan incluyente sería su gobierno y resolver, de manera muy explícita, hasta dónde las adhesiones que recibió en su campaña lo comprometen a adjudicar posiciones políticas.

La que en Fox es limitación por la ausencia de cuadros suficientes, en Labastida sería preocupación debido a la abundancia de políticos de experiencia aunque, en algunos casos, trayectoria discutible.

Una victoria de Labastida revitalizaría al PRI que se convertiría en activo respaldo para el nuevo Presidente -a diferencia de lo que sucedió en el sexenio que concluye-. La reorganización priista le permitiría al ex gobernador de Sinaloa colocar en posiciones partidarias a muchos de los políticos que ahora lo rodean.

4 Dudosa caballada

Labastida y Bartlett

La composición de su gobierno sería definitoria de la manera como Labastida querría, a partir de diciembre o incluso antes, ejercer el poder. Ya durante su campaña se conoció la tensión entre dos estilos, que son fundamentalmente resultado de dos maneras de entender y querer gobernar al país.

De una parte, están los políticos de discurso renovador, aunque sus prácticas no siempre sean congruentes con esas posiciones, que han formado parte del gobierno actual y el anterior. En el PRI les dicen tecnócratas, aunque el adjetivo viene siendo repetido en ese partido desde hace 30 años para exorcizar cualquier posición modernizadora.

En el otro flanco están los políticos de corte más conservador, muchos de ellos más habituados al mando autoritario que a la búsqueda de consensos. Denominados o autoidentificados (varios de ellos con defensivo sentido del humor) como dinosaurios, esos personajes salieron hace tres meses al rescate de la campaña labastidista que parecía hundirse irremediablemente.

Cuánto les debe Labastida a unos y otros, sólo él lo sabe. Cómo equilibrar el impulso renovador con la tradición política priista, hasta ahora nadie lo ha sabido.

 

5 Todos ponen

Si Fox pierde, tendrá el dilema de asumir con honestidad la decisión de la mayoría y evitar de manera responsable un desgarramiento que afectaría a todo el sistema político pero antes que nada a la fuerza que él mismo ha encabezado o, en la otra opción, envolverse en un manto de demagogia y aventurerismo que rechazarían, entre otros, muchos de sus correligionarios.

Si Labastida pierde, además de reconocerlo con oportunidad y claridad tendría que dar paso, sin titubeos ni dilaciones, a la configuración del PRI como fuerza opositora, capaz de concentrar la militancia y las acciones de sus gobernadores y legisladores y contribuir al difícil tránsito que habría entre las elecciones y el día de la toma de posesión, cinco meses después

Correo: rtrejo@etcetera.com.mx

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