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bahías Después del 2 de julio
Rafael Cordera Campos
La vida seguirá después del 2 julio y nadie podrá evitar que, con todo y la cruda de las elecciones y sus resultados, el reclamo social para el próximo gobierno se exprese de diversas maneras. Con litigios electorales y sin ellos, el que vaya a encabezar el próximo gobierno federal estará obligado a irse pronunciando, cada vez con mayor rigor y capacidad pedagógica, acerca de sus objetivos principales y las políticas que piensa o propone realizar para conseguirlos. Hay muchos reclamos en curso. Solamente la terquedad puede ayudar a suponer que hay muy poco que hacer en el futuro inmediato. La mayoría de las opiniones públicas dice que se requiere de un gran esfuerzo para mantener lo logrado hasta ahora, pero también para empezar a resolver lo que se ha acumulado, que no es poco a estas alturas. De hecho, no son pocas ni mucho menos inconsistentes las voces que subrayan la necesidad de revisar aspectos básicos de nuestro desarrollo. Tanto la política económica como otra serie de políticas públicas están puestas sobre la mesa de las deliberaciones. Unos temas tienen por sí mismos el carácter de asuntos de Estado y otros atienden a preocupaciones sentidas y expresadas de diversas maneras por organizaciones y movimientos sociales, y por partidos y organizaciones políticas de diversas posiciones. Prácticamente todos los candidatos a la Presidencia y las organizaciones que los apoyan se han manifestado respecto de varias cuestiones que reclaman una deliberación que no exageramos en calificar como de urgencia. Y aunque no lo han hecho con la insistencia y la claridad que merecen, por estar sometidos a la búsqueda constante del rating, esos temas están ya, desde esos momentos pero no solamente por esa razón, en el terreno de la deliberación social y política. Otros argumentos, igual o más contundentes, se relacionan con la realidad y, en particular, con el sentimiento colectivo y social. Son muchos millones de mexicanos los que están involucrados sufriendo las condiciones de pobreza y "pobreza extrema". Por mucho que se haya avanzado en ese terreno, suponiendo sin necesariamente conceder, las estadísticas siguen siendo abrumadoras y contundentes. Ahora que se nos dice en todo el mundo y, gracias a la globalización también todos los días, que la educación es la condición de futuro para cualquier sociedad, nosotros los mexicanos deberemos volver a deliberar acerca de ese tema. La cuestión se relaciona con el principio, con su financiamiento, pero también con el fondo. Qué educación se necesita y quiénes y cómo la van a impartir. Y aquí no se trata solamente de considerar las permanentes movilizaciones callejeras en la ciudad de México cada mayo, sino de asumir responsablemente el reconocimiento de la lumpenización de ciertas franjas del magisterio nacional, sus graves consecuencias en las nuevas generaciones y para la sociedad. Para ayudar a ese reconocimiento, bastaría con sugerir una mirada detenida a propósito de la larga huelga y el secuestro de la UNAM, las provocaciones que en estos días la vuelven a afectar de una manera que no se puede calcular aún o, si se necesita contar con más argumentos, habría que recordar los días de "lucha" en la normal rural del Mexe. Pero si lo que se requiere es mayor objetividad, entonces habrá que recurrir a las proyecciones estadísticas existentes a propósito del crecimiento escandaloso en la demanda del bachillerato que, desde ahora, se puede constatar. En materia de salud, educación, empleo, justicia, medio ambiente y desarrollo sustentable, formación de ciudadanos, cultura democrática y un no solamente extenso sino además complejo etcétera, se tiene mucho que deliberar. Se trata de que ésta, la deliberación, sea convocante, sobre todo para que tanto el Estado como la sociedad logren poner en tensión un capital de talentos y experiencias que en un sinnúmero de materias pueden y deben aportar para avanzar en soluciones inmediatas y, al mismo tiempo, en el diseño del país que se quiere para un futuro que ya está entre nosotros. La pluralidad lograda hasta ahora, la capacidad de organización que la sociedad ha demostrado tener, las instituciones que se han construido, el impulso que se pueda rescatar de este largo, sinuoso y pesado proceso electoral, nos hablan de un potencial para explotar nacional y regionalmente si, para empezar, quienes ganen la partida principal están en la disposición de establecer los vasos comunicantes que requiere una operación política e institucional de esa envergadura. Porque al final de cuentas, de lo que se trata es del establecimiento de una comunicación, compromisos, arreglos y acuerdos tanto entre gobiernos y partidos, como también entre Estado y sociedad. ¿Lo veremos o los principales partidos y candidatos van a seguir como hasta ahora? Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
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