etcétera el país campañas 2000 columnas el mundo
dinero gente medios ensayos
libros cultura espectáculos etcétera

el país

la granja
Si Fox gana
Raúl Trejo Delarbre

textos
De huelgas a huelgas
Claudio Jones

personal
José Luis de la Peza
Patricio Ballados

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

memoria

Dilema opositor
¿Respetar o desconocer los resultados?

Pablo Hiriart

En semana y media sabremos quién será el próximo Presidente. Cuando menos, eso sería lo normal, aunque no es descartable un escenario de crisis que combine el hartazgo de amplios sectores de la población en contra de los gobiernos del PRI, y el ímpetu de los candidatos opositores que no parecen dispuestos a aceptar la derrota.

La mayoría de la población quiere que se vaya el PRI de Los Pinos, y a eso apuestan los candidatos opositores. Se trata de una apuesta poco democrática, pues si ése era para ellos el objetivo fundamental de estas elecciones, tuvieron a su alcance un instrumento legal y válido como el convenio de coaliciones que contempla nuestra legislación electoral.

PRD y PAN echaron por la borda esa posibilidad: no alcanzaron acuerdos para elegir al abanderado presidencial y decidieron ir separados a esa contienda, convencidos de que cada uno de ellos representa una oferta política y programática con valor individual. Ello resulta muy válido e incluso compartible, pero lo que no es justo para el país ni para el enorme esfuerzo de institucionalización de nuestra vida democrática es que a estas alturas del proceso se alcance un acuerdo opositor para desconocer el resultado de las elecciones en caso de que el ganador sea Labastida. Porque ese y no otro parece ser el espíritu del acuerdo promovido por Camacho Solís y que han aceptado de manera verbal Cárdenas y Fox.

Lo que se observa no es la arquitectura de un acuerdo para respetar los resultados sino para desconocerlos. Llaman la atención las declaraciones de Fox y Cárdenas, que han puesto en tela de duda la legitimidad de estos comicios por presuntas señales de que se avecina un fraude, o porque ya está en marcha con el uso de los recursos públicos en favor de los candidatos del PRI.

Claro que es real la posibilidad de que sectores retrógrados del PRI intenten torcer la voluntad popular mediante prácticas fraudulentas, o que en algunos casos se entreguen ayudas oficiales con la recomendación de votar por el PRI. Sin embargo, ya existe una verdadera red de candados que hacen prácticamente imposible se repitan fenómenos como el carrusel, urnas embarazadas y la votación de los muertos.

Las posibilidades de llevar a cabo un fraude electoral son nulas, según ha dicho el propio presidente del IFE, José Woldenberg. Además, hay una serie de sanciones drásticas para quienes intenten cometer una tropelía de esa naturaleza, lo que reduce los riesgos a expresiones mínimas y fácilmente detectables.

¿Por qué la insistencia de un fraude electoral que arroje un Presidente ilegítimo el 2 de julio? Da la impresión que la oposición está apostando al todo o nada. Esta actitud ha logrado crecer en un ambiente de encono entre los distintos candidatos y partidos, sin que desde el gobierno se tiendan los puentes para no cerrar las vías al entendimiento cuando haya que dar como ganador al que sacó más votos.

Siempre existe la posibilidad de que el gobierno esté realizando una labor tan fina y discreta que los observadores no alcancemos a identificar, pero ello es difícil de creer luego de las experiencias amargas de este sexenio en que no se asumen con prontitud los problemas que ameritan operación política para evitar su descomposición.

Como nunca antes se había llegado a una elección presidencial con tantas dudas acerca del futuro inmediato: ¿le van a reconocer el triunfo al ganador aunque éste sea el candidato del PRI? ¿Resistirán las instituciones la presión opositora para anular los resultados en caso de que éstos favorezcan a Labastida por un margen de uno o dos puntos porcentuales? Estas preguntas suelen responderse con una falacia: "La incertidumbre obedece a que por primera vez tenemos una elección auténticamente democrática". Falso: la incertidumbre se debe a la descomposición del PRI, al maximalismo opositor y a la falta de diálogo político del gobierno con los diferentes actores del proceso electoral de nuestro país. A pesar de todo, tampoco está descartada la posibilidad de que todo transcurra en santa paz

Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica.

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores