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Profecías
Dichos que lesionan la democracia

Julián Andrade Jardí

"Contamos con un entramado
institucional que impedirá
cualquier tipo de fechoría"
Foto: Salvador Castellanos/Silva

Hay una cierta predisposición para el desastre. Los tres principales contendientes están empeñados en organizar un aquelarre desde la noche del 3 de julio.

En los últimos días hemos visto que el compromiso democrático es incierto. Lo cerrado de la contienda despertó fantasmas que parecían enterrados en el tiempo. La premisa de que gana el que más votos tiene, parece, por momentos, un espejismo inalcanzable. De ahí la insistencia de las autoridades electorales al reiterar que contamos con un entramado institucional que impedirá cualquier tipo de fechoría que afecte el resultado de la elección.

La Iglesia, por su parte, parece empeñada en participar, pero no de modo neutral. En las parroquias se apuesta por el cambio y se alerta sobre lo nefasto del voto del miedo. ¿Se vale? Quién sabe, pero así andan las cosas, mientras el PRI y el PAN se descalifican en horario estelar.

En los pasillos de Bucareli, mientras tanto, se distribuye la "biografía de Fox", documento digno de la guerra sucia y de un gobierno que no acaba de acostumbrarse a la pluralidad. En esas páginas se encuentran los amigos de Fox y la vida privada del candidato. Sin duda, provocarán un efecto bumerang, pero eso no atenúa el error inmenso de promoverlo desde una secretaría de Estado. Es increíble que estos libelos se difundan desde una dependencia que está llamada a guardar el orden y propiciar el buen gobierno.

La cargada, por lo visto, perdió lo que tenía de mágica y es que lo cerrado de la contienda y los pocos puntos que separan a los principales contendientes hacen que propios y extraños tomen sus providencias.

El Universal suspende sus encuestas porque no quiere caer en la guerra de cifras, dice su editorial, pero esto no apaga el rumor que sostiene que el problema fue que su última encuesta tenía a Fox con seis puntos de ventaja. ¿Las encuestas ofenden? Al parecer sí, pues no son vistas como un instrumento para conocer el comportamiento electoral sino como parte de la propaganda electoral. Las encuestas pueden servir para apuntalar la democracia, si están bien hechas y no tienen un interés oscuro. El problema es que en esta campaña están empeñados en ensuciar todo y este tema no será la excepción. Se mezclan las viejas correas de control de nuestro sistema político, con el poco compromiso democrático de los partidos.

La elección del próximo 2 de julio será la más equitativa de la historia. Queda pendiente legislar sobre precampañas y sobre difusión de publicidad gubernamental. Sin duda, es injusto que el gobierno federal utilice sus recursos en la recta final del proceso, pero no lo es menos el escandaloso gasto que ejerció el gobierno capitalino, que llegó a ser de dos millones de pesos diarios, una cifra impensable en otros tiempos. Debemos admitir, sin embargo, que contamos con candados suficientes para evitar un desastre mayor. Falta saber si los candidatos y los partidos estarán a la altura de las circunstancias.

No sabemos quién ganará, pero ya tenemos encima la amenaza de un 3 de julio escandaloso. Yo, por lo pronto, confío en que el país será capaz de dar una nueva lección de civilidad y que los llamados al combate no serán sino eso, últimas bocanadas de una larga y compleja campaña electoral

Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica.

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