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Como escritores, no tenemos
certificación de la verdad

Héctor González Jordán/Héctor Anaya

Héctor Anaya es escritor, periodista, maestro de periodismo y literatura. Entre su obra destacan: El sentido del amor (novela); Los parricidas del 68 (ensayo); El libro consentido (cuento); El suicida (guión de cine). Una de sus dos más recientes novelas (la otra es Orígenes) es Vida y Milagros (Nueva Imagen), obra que recoge la visión de una mujer de 110 años a lo largo de un siglo dentro del cual ella es un personaje imprescindible.

 

Foto: Antonio Nava/Ave

¿Cómo surge Vida y Milagros?

La novela surgió originalmente como una radionovela. IMER convocó a un concurso de radionovela y me pareció que tenía un tema para poderlo desarrollar como tal, pues la forma como se plantea, una tertulia entre amigos, se prestaba para que fuese recogido por una radionovela. Mi obra gana el segundo lugar, entonces el personaje no era femenino sino masculino, luego me hicieron la oferta de escribir 60 capítulos por una cantidad verdaderamente miserable y que si podían la producirían, les contesté que no, así conservé los derechos. En esa época el director de Radiópolis era Ricardo Rocha, quien me dijo que preparara los capítulos para que la radionovela se transmitiera por la XEW, desafortunadamente poco después salió de la empresa y a las nuevas autoridades no les interesó el proyecto. De ahí pasé a Radio Educación, donde el director me dijo que tal vez podría interesarle. La idea de transmitirla por radio no prosperó. Sin embargo, el director de Nueva Imagen, José Francisco Hernández, me dijo que preparara una versión para publicarla, yo quería que saliera antes de que terminara el 99. Así que me preparé para armar en menos de un mes el libro, por eso aproveché los capítulos ya resueltos en diálogos y acompañarlos en una narración, muy propia de la novela, y resultó esto que yo le llamo una novela teatral.

Al principio mencionaba que el personaje principal era masculino, ¿por qué decide cambiarlo de sexo?

El cambio de sexo en el personaje se derivó de una cena con Ofelia Guilmáin, quien me reclamó que yo nunca había escrito para ella. En ese momento se me prendió el foco y dije: ¡cómo no!, ya tengo una historia para ti, es la radionovela y cambié todo. El cambio resultó benéfico, porque evidentemente que sea una mujer, la mítica, la fantasiosa, la que cuenta, nos ofrece mayor riqueza.

¿Cómo surge un personaje tan fantasioso, como Milagros Falacio?

El personaje es un ajuste de cuentas, porque yo tuve un hermano mitómano; cuando uno conoce a un mitómano desde lejos puede parecer gracioso pero cuando lo tienes en casa son un verdadero fastidio porque te enredan, llegan a complicarte la vida tremendamente y mi hermano era así. El murió hace muchos años, me afectó la vida y tratando de hacerle caso a Fernando Benítez, que los escritores no necesitamos psicoanalista, con que escribamos ya nos liberamos de muchos fantasmas, intenté alguna vez hacer un cuento con este personaje de las mil caras, pero no me salía, de pronto se me ocurrió esta historia y fluyó.

La novela está llena de situaciones y momentos históricos perfectamente bien delimitados, ¿cómo desarrolló este ejercicio?

Es un ejercicio doble de investigación de la historia, hay primero que construirla y, posteriormente, desconstruirla, porque primero necesitaba tener bien documentado el episodio que iba a contar, una vez que lo tenía, había que insertar el personaje fantaseado de Milagros, en consecuencia tenía que encontrar dentro de esa historia que todos conocen o pueden comprobar algún intersticio que nunca falta, lo que nadie había investigado, la parte oscura del asunto, en esa parte cabía Milagros. No hay documentos que digan que sí existió, pero tampoco los hay que nieguen su existencia. Octavio Paz decía, en esta misma idea de lo imaginario: nadie puede probar que Dios existe, pero tampoco que no existe. Esto es un poco la idea de crear un personaje que pudiera tener credibilidad. Por ejemplo, en sus relaciones con los escritores, dice algo de López Velarde, donde señala que pudo haber sido ella Fuensanta, en todo esto ella no tiene por qué demostrar que no es cierto.

¿Los momentos históricos que se recogen en el libro reflejan de alguna manera, las épocas que le hubiera gustado vivir?

No, realmente no es una nostalgia por tiempos pasados. Lo que quiero es insertar a la gente en estos momentos que evidentemente no son los únicos, tuvimos que suprimirlos para darle un volumen más manejable a la novela, para empezar nada más elegimos diez pensando en que si el lector lo quiere podría haber un Vida y Milagros II o Regresa Vida y Milagros, o algo parecido. Los momentos escogidos ni siquiera son algo de lo que me podría parecer más representativo en el siglo XX, en realidad son episodios con los que traté cubrir desde el principio del siglo hasta el final. Me hubiera gustado presentar el que se refiere al terremoto del 85.

¿Alguien con todas las características de Milagros representa su ideal de mujer?

No, creo que así como decía Flaubert, que Madame Bovary era él mismo, creo que yo también soy Milagros, creo que todos de alguna forma somos Milagros, porque no tenemos una certificación de la verdad, ni como escritor ni como seres de la vida diario. El escritor, ha dicho Eraclio Zepeda, no está obligado a ser notario, no está obligado a escribir la verdad notarial; entonces siempre le ponemos algo de exageración a nuestras vidas. En ese sentido, creo que todos somos así un poco, como esa Milagros que exagera, que corta, edita. Todas las metáforas que conocemos, de los ojos de la mujer, su cabello, su sonrisa, pues evidentemente son exageraciones que tienen que existir, esa es la virtud de la literatura.

La estructura de la novela está armada con algo de semejanza respecto de Las mil y una noches, ¿Milagros podría ser una especie de Sherezada?

Creo que más bien es una protesta contra la vida breve, común y ordinaria. Muchos seres humanos habrían querido tener una vida longeva, para vivir muchas cosas, pero al mismo tiempo tener esas posibilidades de insertarse en los centros de poder de todo tipo

Héctor González Jordán estudió Comunicación en la FCPyS de la UNAM.
Correo: hector_tito_mx@yahoo.es

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