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campaña en el interior La izquierda postelectoral
Gustavo Ogarrio
La cercanía del 2 de julio ha dado lugar a un nutrido paquete de reflexiones sobre los saldos que arrojarán las elecciones. Uno de ellos es, sin duda, el que pregunta por el futuro de la izquierda política en México. Con una presencia nacional inimaginable hace 20 años, tanto electoralmente como de estructura y organización, la izquierda partidista, concentrada aún mayoritariamente en el PRD, está en la tensión dramática de debatir profundamente, y acaso renovar, tanto sus principios y programa políticos, su operatividad partidista y su ejercicio del poder público, así como su articulación. Sin embargo, ha pasado desapercibida una factura más de este debate: el innegable centralismo que también posee la izquierda mexicana respecto de la toma de decisiones, que se refleja en el enorme desperdicio de una voluntad democratizadora ejercida por un importante número de militantes y simpatizantes en el interior del país. El PRD está encapsulado en una aguda contradicción: al crecimiento y burocratización del partido en los últimos años -acompañado muchas veces de un oscuro pragmatismo operativo, de un corporativismo que al mismo tiempo le da vida y asfixia, y de una compleja confrontación interna de grupos- se opone la urgencia de un debate sobre las condiciones en que tendrán que enfrentar los distintos escenarios que se postulan para después de las elecciones. En el centro del debate sobre la izquierda debería situarse la reflexión sobre su reterritorialización como institución política: la problematización teórica y práctica sobre su renovación tendrá que generalizarse y extenderse a todo el partido, e incorporar seriamente a la reflexión las posibilidades políticas de la articulación triangular conformada por lo regional, lo nacional y lo global. El arraigo en el interior del país de la izquierda, creciente a nivel institucional a partir de 1988, y que decantó en la creación del PRD, e impulsado también por el acelerado deterioro de las condiciones de vida de los últimos años y por el olvido "institucional" del Estado de zonas de alta concentración de pobreza y autoritarismo, ha sido también motivo de permanente tensión política resuelto desfavorablemente: las decisiones importantes a nivel estatal, impuestas la mayoría de las veces desde el centro, se han convertido en la causa de los desequilibrios y las crisis en los estados de mayor presencia del perredismo. Este replanteamiento de las relaciones entre los estados y el centro productor de decisiones políticas tendrá que sumarse decididamente a algunos de los grandes temas y desafíos que atraviesan a la izquierda política en México, que podrían resumirse en una cascada de preguntas: ¿cómo actualizar y fijar el vigor de la profunda crítica con que la izquierda política enfrentó los largos años de excesos gubernamentales y paraísos priistas? ¿Cómo salir de la inercia inmovilizadora de la burocratización, tan arraigada en la cultura política en México? ¿Cómo crear mecanismos permanentes de renovación discursiva y operativa? ¿De qué manera se tendrían que actualizar las reivindicaciones que históricamente ha impulsado la izquierda en México, como la educación, el empleo, la igualdad social y política? ¿Qué tendrían que hacer los gobiernos de izquierda para darle mayor relieve a los beneficios, y al significado, del voto en su favor, sin recurrir a campañas de publicidad excesiva? ¿Cómo aprovechar los impulsos de transformación democrática existentes en las distintas regiones del país? ¿Terminará la izquierda política de transitar del paradigma revolucionario al democrático, o seguirá revolcándose en la intolerancia de las "vías únicas"? ¿Podrá la izquierda partidista reforzar y actualizar la ciudadanía política, reducida en los últimos meses a cuestiones meramente electorales? Contrario a lo que dicta el foxismo, enfrascado en el discurso de la alternancia, para el PRD será de vital importancia lograr al menos 25% de la votación en la elección presidencial, presencia que sin duda le daría un impulso a un posible proceso de renovación y debate sobre su futuro, además de que el triunfo en la ciudad de México, y una continuidad más o menos importante en el Congreso, le asegurarían la fuerza necesaria para enfrentar un proceso de transformación sustancial, no sin representar también un aliciente del pragmatismo sin brújula y de otros profundos vicios. Si la institucionalización de la izquierda fue uno de los logros más importantes de la cultura política en México, su revisión crítica y actualización se presenta como parte vital de la transición democrática Gustavo Ogarrio es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. |
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