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Fraude
Nuevo Chupacabras

Ciro Murayama

"Todo material electoral se diseñó
incorporando medidas de seguridad
incluso reiterativas"
Foto: Jorge Claro León/Contraluz

Conforme se acerca el 2 de julio la tensión va en aumento: se esperan con más frenesí las últimas encuestas, en los partidos cunde la esperanza y la incertidumbre con mayor intensidad. Todo eso es normal, no podía esperarse menos de la contienda electoral más reñida de la historia. Sin embargo, entre las reacciones que esa presión genera hay algunas que le hacen flaco favor al desenlace del proceso y, por tanto, a los avances democráticos que se han dado en el país. Me refiero a las espantasuegras que avizoran un fraude, sin más prueba que "70 años de historia" o testimonios de conocidos que no desembocan en denuncia legal (eso es lo que procede al estar bien tipificados los delitos electorales en el Código Penal) y, sobre todo, que hacen caso omiso de toda la evidencia concreta, pesada, a los ojos de todos, para comprobar que la posibilidad del fraude está descartada.

Decir que no va a haber fraude no es un acto de fe ni implica que no existan quienes quieran jugar a la mala, sino que gracias a la cantidad de candados de nuestra legislación electoral y al seguimiento que han hecho los propios partidos políticos de toda la organización electoral, es prácticamente imposible alterar el sentido del sufragio.

A veces, insistir sobre esto causa cierta pereza, pero en un país donde los rumores llegan a ser más atendidos que los datos fríos y duros; con gente que se espanta pero se entretiene cuando la tele anuncia que anda suelto "El Chupacabras", parece necesario volver atrás y repetir la lección.

1. Los ocho consejeros electorales del IFE y su consejero presidente fueron nombrados por todos los partidos en 1996, tras las reformas constitucional y electoral que le dieron a la autoridad electoral plena autonomía.

2. Esta es la primera elección presidencial que se califica jurisdiccionalmente, tal como acordaron los partidos, los cuales designaron a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación con los votos de todos los miembros del Senado, salvo uno: ya no hay juez y parte.

3. Al inicio del proceso electoral los partidos discutieron y evaluaron la designación de consejeros locales en las 32 entidades y de consejeros distritales en los 300 distritos: toda la autoridad electoral se conformó a la vista de los contendientes.

4. Antes el padrón era fuente de dudas y desconfianzas fundadas; hoy ha sido avalado por todos los partidos. La actualización del padrón se hizo bajo la lupa de los partidos quienes, calle por calle, día a día, han tenido los datos de todo el país para hacer las comprobaciones que consideren pertinentes una y otra vez. Además, entre otras muchas pruebas, un comité técnico analizó hasta la saciedad el padrón y determinó que no tiene sesgos: en él sólo aparecen mexicanos de carne y hueso en ejercicio de sus derechos ciudadanos.

5. Las condiciones de la competencia han mejorado: ya no hay un partido que tenga gran cantidad de recursos compitiendo con muchos desaventajados. Así, Cárdenas dispuso de 34.1% del financiamiento público para campañas; Labastida, de 30.3%, y Fox, de 30.2%. Y los partidos de nuevo registro que compitieron con candidaturas propias accedieron, como dice el Código Electoral, a 1.8%. En los medios de comunicación más importantes se ha dado una cobertura de las campañas equilibrada y sin sesgos.

6. Todo material electoral (actas, boletas, crayones, urnas, canceles de votación, marcadoras de credencial para votar, líquido indeleble, etcétera) se diseñó incorporando medidas de seguridad incluso reiterativas que los partidos sugirieron.

7. El sorteo, capacitación y designación de los funcionarios de casilla se hizo a los ojos de los partidos en cada uno de los 300 distritos. Fue un procedimiento farragoso, pero quien actúe como funcionario de casilla en la elección federal debió haber nacido en abril o mayo, asistir a su curso de capacitación y después haber sido nuevamente sorteado según la letra de su apellido. Es falso que haya "dinosaurios de casilla"; ni el gobierno ni partido alguno influyeron en una sola designación.

6. Habrá representantes de los partidos en las casillas, además de observadores nacionales y visitantes extranjeros, corroborando que el votante es el mismo cuya fotografía aparece en la lista nominal y en la credencial, que vota en secreto, que introduce una sola boleta en la urna, que se le impregna el dedo con líquido indeleble. Nadie, ni en el remoto caso que haya obtenido una credencial proporcionando datos falsos, podrá votar dos veces: el líquido no pinta sino que en una reacción bioquímica pigmenta las células de la piel y ese efecto dura más de 12 horas.

7. El IFE, con el Programa de Resultados Electorales Preliminares, irá dando a conocer los resultados de las votaciones consignados en las actas de escrutinio casilla por casilla, en cuanto empiecen a llegar a los distritos, durante toda la noche, y el mundo entero a través de la Internet, podrá seguir el flujo de resultados: no habrá sistema que se caiga ni votaciones que se alteren.

Los anteriores son sólo algunos ejemplos de por qué es impracticable el fraude. El IFE ha demostrado, una y otra vez, que está abierto a cualquier revisión; que en las elecciones mexicanas no hay nada que ocultar, y que está preparado, técnica y políticamente, a recibir cualquier votación. Los partidos y sus candidatos deben estar dispuestos a aceptar los resultados: a ganar, a quedar en segundo o en tercer lugar, a perder o a conservar el registro. Eso depende sólo del sentido de los votos, que se contarán bien aunque haya quien diga, según sus cálculos de estrategia política o laboral, que toda la evidencia sólida acumulada se derrumba porque a su tía, que nunca miente, se le apareció "El Chupacabras" cuando fue a hacer el mandado

Ciro Murayama es economista por la UNAM. Realizó estudios de postgrado en la Universidad Autónoma de Madrid.

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