![]() |
el país | campañas 2000 | columnas | gente |
| dinero | el mundo | ensayos | medios | |
| libros | cultura | espectáculos | etcétera |
|
el país |
||||||||||
|
memoria textos personal
|
la granja
Raúl Trejo Delarbre
1 Nerviosismo Dicen los expertos que la leve pero intimidatoria caída del peso la semana pasada fue motivada por la desconfianza que causa la competencia presidencial. La supeditación de la economía a la política -y viceversa- se advierte todos los días y en todas partes. Sin embargo, nadie ha explicado por qué, de repente, la moneda mexicana retrocedió alrededor de 3%. Llevamos varios meses de dimes y diretes entre los candidatos. Incluso, en otros momentos se han dicho cosas peores. Quizá ahora influyó la cercanía de los comicios, para los que apenas faltan 17 días. Aun así, parece ininteligible la lógica de los especuladores, o de "los mercados" como ahora se les dice con mayor elegancia y menos agresividad. Más allá de las denominaciones, quienes venden pesos con la esperanza de ganar pocos o muchos pesos al cambio con el dólar son especuladores. Trafican con la estabilidad de la economía del país. Buscan la ganancia fácil que deja una inversión sin esfuerzo alguno e incluso sin los riesgos que implican las posturas bursátiles.
2 Especuladores El que va a comprar dólares con la esperanza de obtener réditos cuando el peso se deslice unos puntos más que de costumbre, abusa de sus conciudadanos. Habrá quienes lo califiquen como perspicaz porque sabe anticiparse a los vaivenes de la economía. El especulador, especialmente en condiciones de incertidumbre política, desarrolla una profecía autocumplida. Se dice víctima de la inestabilidad financiera y para enfrentarla compra divisas extranjeras para que sus pesos no pierdan valor. Pero así contribuye a propiciar el desplome de nuestra moneda. La especulación no ocurriría en condiciones de seguridad política y económica. La ausencia de certezas en esos terrenos, prohija las oscilaciones financieras. Y éstas, a su vez, retroalimentan las debilidades de la economía. Los vaivenes de los días recientes pudieron haber sido peores. Esas constataciones nunca son consuelo suficiente. Sobre todo, si reconocemos que los principales especuladores no son la ancianita que, temerosa de perder lo único que le queda, corre a cambiar sus pocos pesos por unos cuantos dólares. Ni el empleado que canjea el equivalente a una quincena, o cuando mucho a un mes de sueldo, con la esperanza de incrementar sus limitados ahorros. Quienes se benefician de estas carreras especulativas son aquellos que tienen cuantiosos capitales que pueden mover de una a otra divisa en un santiamén. La semana pasada compraron dólares a casi 9.55 y pocos días después, pudieron venderlos a casi diez pesos. Esa ganancia parece exigua si se multiplica por pocos dólares, pero no lo es tanto cuando se trata de grandes cantidades de dinero. En cambio, aquellos que llegaron tardía y modestamente al ejercicio especulativo compraron dólares a diez y si el peso se estabilizó esta semana, quizá hayan perdido un pedacito de sus ahorros.
3 Jingles y fobias
Pero no hay especulación mayor que la lucha por la Presidencia, que tiene aturdidos -y cansados- a la mayoría de los mexicanos. Las campañas son tan huecas pero al mismo tiempo tan estruendosas, que el comentario periodístico no puede sino repetir las mismas perplejidades, o señalar los faltantes ya identificados en el cansino discurso de los candidatos. Ciudadanos, candidatos -y comentaristas- avanzamos hacia el 2 de julio con extenuado ritmo. Estamos ahítos de propaganda. A donde miremos los mensajes políticos se encuentran colgados, pintarrajeados, teledifundidos o radiotransmitidos. Los anuncios partidarios no se distinguen por sus énfasis ideológicos, sino por tonadas sustraídas de la música comercial. El PRI suena al grupo Timbiriche. El PAN, a ritmo guapachoso y a obcecación monosilábica. El PRD es tan aburrido que no ofrece jingle aunque sí una retórica machacona y demodé. Después de seis meses de campaña formal y muchos más desde que comenzaron a pelear por nuestros votos, de los candidatos conocemos algunos gustos y unas cuantas fobias. Pero bien a bien, nadie sabe en qué medida Francisco Labastida dependería del viejo PRI. O cuáles son los compromisos de Vicente Fox con los grupos de poder financiero y político que lo respaldan.
4 Maquillaje
Llevamos largos meses de verlos hasta en la cena, y no conocemos qué harían en muchos de los rubros nacionales más importantes. ¿Cuál es la educación que propone Fox -más allá de la retórica voluntarista-? ¿Qué idea tiene Labastida para la seguridad pública -en la que tanto falló como secretario de Gobernación? Sabemos de memoria sus expresiones detrás de los afeites. Incluso advertimos cuando al maquillista se le pasa la mano. Hemos mirado tantas imágenes de esos dos candidatos retratados en meticulosas sesiones de estudio, que cuando comparecen en televisión o en los mítines sin ensayo previo y sin la cobertura protectora de los afeites nos parecen distintos: más ásperos, o menos francos. La espontaneidad que le conocemos a Fox es la de sus dicharajos pretendidamente rancheros -que no han sido sino parte de una cuidadosa construcción de imagen-. La naturalidad que se le advierte a Labastida, es la de su sonrisa prefabricada.
5 Voto y lipstick
No vamos a votar por políticos, sino por retratos de políticos. No podemos apoyar nuestro sufragio en las plataformas partidarias, que han pasado sin pena ni gloria. Salvo unos cuantos fanáticos de las ideas, que han divagado en la Internet o han rebuscado en los periódicos para ir más allá de las declaraciones de ocasión (que han sido prácticamente todas) la enorme mayoría de los ciudadanos depende, fundamentalmente, de sensaciones para asumir su decisión electoral. Esas impresiones son más epidérmicas que fundadas en datos o en hechos. Sabemos, porque lo vimos extraviado en su delirio intransigente, que el candidato presidencial del PAN es proclive a los caprichos casi infantiles. Conocemos, puesto que lo hemos apreciado en los telenoticieros, de la inseguridad nerviosa del candidato presidencial del PRI. De ellos, ignoramos casi todo lo importante: qué harían, cómo y cuándo, si llegan a gobernar este país. Lo desconocemos, porque no han querido decírnoslo puntualmente. En vez de proyectos, efigies. En lugar de propuestas, cosméticos. Así votaremos. Si no existiera la opción, minoritaria pero decorosa, que significa Gilberto Rincón Gallardo, darían ganas de pedirle a la dama más cercana a nuestro corazón un tubo de lápiz labial para, con él, cruzar la boleta de la elección presidencial Correo: rtrejo@etcetera.com.mx |
|||||||||
|
|