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por los caminos de sancho Crecimiento hacia adentro
Renward García Medrano
...quiero decir que si Dios me ayuda, y yo hago
En el "proyecto de nación" que presentó el lunes 5 de junio, Francisco Labastida se deslinda de la política económica del actual gobierno en un aspecto central: la prioridad a la mejor distribución del ingreso y lo que llama, en un lenguaje que hace tiempo no se escuchaba entre los economistas, el "crecimiento hacia adentro", es decir, el fomento al mercado interno. Su propuesta económica se acerca más a la "tercera vía" que recupera la función social del proceso económico en la era de la globalización y el derrumbe de las fronteras comerciales y financieras. Es una versión mexicana del modelo iniciado por Tony Blair en Gran Bretaña y que se ha extendido a Francia, Alemania, Estados Unidos y otros países de desarrollo alto e intermedio. Es, en tal medida, una propuesta razonable, aunque está por discutirse su viabilidad, habida cuenta de la contracción del Estado y de los ingresos del sector público, la autonomía de la política monetaria y los compromisos con organismos financieros internacionales. Es posible que el "adelgazamiento" del Estado haya tenido una motivación ideológica desde tiempos de Miguel de la Madrid, pero no cabe duda de que es una tendencia mundial y, sobre todo, que la función social y política del viejo sector paraestatal mexicano se agotó con el modelo económico de la guerra fría. El Presidente de México en los años 70 y 80 tenía un poder real considerablemente superior al que tiene al inicio del siglo XXI, tanto por los cambios políticos como por la contracción del sector paraestatal y del presupuesto, lo que hace muy discutible la viabilidad, desde el poder público, de la tríada empleo-educación-salud, que es la vía hacia una mejor distribución del ingreso en la propuesta de Labastida. La autonomía del Banco de México significa un contrapeso real a toda política económica expansiva como la que parece necesaria si se quiere elevar significativamente el empleo y los salarios medios y fortalecer el mercado interno. Un conflicto entre la política fiscal -que ya no depende sólo del Presidente sino también del Congreso- y la política monetaria podría generar inestabilidad y frustrar las mejores intenciones. Finalmente, México tiene compromisos de política económica con los organismos financieros internacionales, que acotan la autonomía del gobierno para tomar decisiones. Pero quizá lo más importante sea que una política económica que eleve el gasto y endeudamiento públicos podría desatar presiones inflacionarias excesivas, a menos que se apoyara en una reforma fiscal profunda que elevara los ingresos tributarios. Y nada indica que Labastida, en caso de llegar a la Presidencia de la República, tenga la fuerza política ni el apoyo del Congreso de la Unión para elevar impuestos. Con todo, la propuesta económica es positiva y quizá sea viable en forma parcial y paulatina. Es también congruente con las ideas que emergen en el ámbito mundial: no es un regreso al pasado sino un paso hacia el futuro. Creo -y en nuestro sistema político todavía no se puede más que creer o no- que Francisco Labastida está convencido de la necesidad económica, política, social y ética de mejorar a fondo la distribución del ingreso. De lo que no estoy seguro, además de las limitaciones apuntadas, es de que cuente con suficientes colaboradores que compartan ese propósito y tengan las aptitudes técnicas y políticas necesarias para llevarlo a la práctica. El candidato del PRI parece un hombre con buenas intenciones pero sin equipo o, peor, con varios equipos en conflicto por el poder... sin tener siquiera la certeza del triunfo. Es, sin embargo, y con mucho, una opción mejor que la de Fox y sus "amigos" Renward García Medrano es periodista. |
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