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con el candidato

Tiempo nublado para el PAN
Fox invita a priistas a sumarse a la campaña

Marco Levario Turcott

Foto: Salvador Castellanos/Silva

El cielo no quiso que le hicieran caravana con sombrero ajeno. Por eso no fue azul aquel domingo 11 de junio, cuando prometiendo la gloria, el atavío y el hablar panista anduvo por las calles de la ciudad de México.

Pero el azul está en otra parte, disperso en mascadas, silbatos, globos, calcomanías, botones, pantalones y camisas, en forma de banderas y pintura en los rostros y los labios.

Y nos dieron las diez y las once...

Al pequeño estrado llega Luis Felipe Bravo Mena y luego Santiago Creel y Jorge González Torres. Minutos después también Porfirio Muñoz Ledo, quien escucha complacido cómo corean su nombre, el mismo que alguna vez otros con distintas banderas gritaron. No podía dejar de hablar, el silencio no está en él y menos cuando tiene frente suyo la primera congregación importante en mucho tiempo.

Toma el micrófono. Se ve, se siente el centro de la transición. Informa que está convocando en todo el país al voto unitario. Y como si fuera éste un consejo para sí mismo arenga al público diciendo: "Demos el último jalón". La gente festeja y hace de la necedad virtud repitiendo el "hoy" autoritario de Vicente Fox de aquel martes memorable. Grita una y otra vez, cuando hablan los demás ("hoy, hoy, hoy"), cuando lo hace el defensa del Atlante, Miguel Herrera, y cuando lo hace también Germán Dehesa: se dice dispuesto a "apoyar la voluntad de cambio con todo mi corazón. Yo estoy seguro de por quién no voy a votar y ahora nos convenceremos de por quién sí hay que votar. Y aquí nos veremos por las calles de la ciudad, el 3 de julio para abrazarnos todos". Quizá en ese entonces y si gana el PAN andará por las calles Dehesa, pero en esta ocasión no lo hizo, no al menos según quien esto escribe, que ya no lo vio más en la caravana rumbo al Angel.

Los motores rugen

Se informa que saldrán primero los charros en 20 caballos pura sangre, luego una camioneta con los periodistas seguida por otra que trasladará a los candidatos. Y atrás los demás. Pero citada a las nueve, la caminata no empieza y son 20 minutos para las once. Llega al fin Fox y es el paroxismo. Ondean las banderas y resurgen los gritos. Unas señoras bien maquilladas saltan por todo lo alto y gritan (su voz es muy aguda, aunque se agradece el -fallido- intento de hacerla melodiosa): "La gente decente vota por Vicente".

Fox da el banderazo de salida pero... Esperen. La marcha no inicia como estaba previsto. Rugen unos motores (rum, rum, rum). Sí, los de diez motocicletas impresionantes, último modelo: Harley Davidson, Yamaha, Honda y Kawasaki son las que encabezan la marcha como usted las ha visto en el cine, ¿se acuerda de El rebelde, con Marlon Brando? Pues igualito, con todo y la chava rodeando la cintura del conductor y mirando al cielo con lentes oscuros aunque esté nublado. Mujeres esbeltas y altivas abrazando al tipo duro que conduce el aparato.

Caminantes

Salen de escena las motos y entra la tambora con la "Marcha de Zacatecas", comienza la caminata. Tatatatán, tatán, tatán. Son las 11:10. El confeti cubre las cabezas. Aparece una campana que repica como réplica de la Independencia. Suena el claxon de los vehículos, casi todos ellos último modelo. En restaurantes y edificios ondean las banderas y abundan los gritos, saludan a Vicente Fox mientras el candidato hace lo mismo con todos.

Santiago sonríe y levanta los brazos, Porfirio no cabe en sí de alegría, Jorge González mueve todo el tiempo al mismo ritmo la mano con la señal de la V. En la cafetería Snob le gritan a Vicente con particular esnobismo un grupo de chavas con los lentes usados como diadema y la cadera como péndulo. El chef del Freedom hace lo mismo desde el techo. No hay enojo en los conductores que se dirigen en sentido contrario y que son invadidos en su carril. Aceptan los banderines, hacen sonar el claxon y algunos incluso salen del carro y gritan a su candidato. "La gente, vendida, se va con Labastida".

El viento y las promesas

Vicente Fox lanza besos, mira al horizonte y levanta los brazos, se contonea incluso intentando llevar el compás de la tambora.

"La inteligencia en mí es natural", dice un anuncio donde una muchacha promueve lencería mientras caminamos por el eje cinco sur. "Olé, olé, olé", es el cántico que ahora se oye en esta "caravana por la esperanza". ¿Le gusta a usted la rola de "Mambo número 5"? Bueno, pues si puede póngale esta letra al ritmo, "ya, ya, ya, ya, ya ganamos con el PAN, sí, sí, sí". Caminamos rumbo al Angel viendo gente bonita, la mayoría, personas bien vestidas que no dicen palabrotas, al menos no en sus consignas. Ahora escuchamos cumbia y al cantante que como no se aprendió la letra en favor del candidato, se la pasa leyendo. Luego oímos las mismas arengas con otro tipo de música. Y al ritmo que las toquen bailan los panistas: Fox, Fox, Fox, alé alé alé. Poco antes de llegar está un Full monty. Cerrado. También el Titanic, que es un centro de table dance. No hay servicio. Pero más allá de los temores, tengamos presente que es domingo.

"Ya, ya, ya"

Ya, dicen los panistas, ya queremos el cambio. Malo para el cálculo, el cronista pregunta a los encargados de vialidad. Dicen que hay diez mil. Comienzan los discursos. Habla Jorge González Torres: "Ni un minuto más del PRI, dice, ya tenemos la solución". Luego convoca a votar por Vicente Creel. Corrige enseguida Luis Felipe, es más bravo, denuncia al gobierno "dictatorial" y le llama "fascista". Le toca a Porfirio: "Este es un evento con ángel porque estamos frente a un ángel", se refiere a él pero dice que Fox encarna la transición. Antes de hablar Santiago el moderador dice que está ahí también Joel Ortega, el militante que se dice de izquierda levanta, eso sí, la mano izquierda y hace la V. Le toca a Creel: ya no más gobiernos corruptos, esta avalancha no la para nadie. Es el turno de Fox.

"Este arroz, ya se coció", dice el candidato. El Pritanic se hunde, asegura. Y luego invita a los priistas democráticos a "luchar por México". El cambio, afirma, no lo detiene ni el viejo ni el nuevo PRI ni los mapaches ni "dinosauros" (así fue dicho). Hay silbidos y abucheos cuando se refiere al "hombrecillo y sus secuaces". De pronto, se oye algo que desconcierta a todos, es el de un carrito de camotes: "¡Hayyy camotesss!".

Hay risas también. Pero un grupo panista reconviene al vendedor. Sigue hablando Fox: "Ya imaginamos la fiesta: 2 de julio, diez de la noche, radio y televisión anunciando que ganó México...". Se compromete a dedicar cada minuto de su corazón para luchar "por ti". Afirma que ahí "hay 30 mil manos, 30 mil corazones que quieren el cambio". Esperen de nuevo. No salen las cuentas. Si hay 30 mil manos, entonces habrá cuando mucho 15 mil corazones.

Son las 3:30. Fox invita a una manifestación en el Zócalo. "Cuenta conmigo, carnal", grita un niño de la calle. Con el Himno Nacional y "al sonoro rugir del cañón" algunos recogen la basura. Comienza la dispersión. Rumbo a todos lados la ciudad acoge a sus habitantes. Hay de todos modos mucha basura. Los perros callejeros comen lo que hay, mientras los niños que siempre están ahí haciéndola de todo para ganarse la vida patean duro y cantan el gol entusiastas. Pero 20 minutos después, el cielo nos diría por qué estaba tan gris esa mañana

Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. Correo: mlevario@etcetera.com.mx

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