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Antes de que sea tarde
La persecución contra TV Azteca

Jaime Pontones

Hace algún tiempo leí un poema de Bertolt Brecht que decía más o menos así:

Primero se llevaron a los judíos,/ pero como yo no era judío, no me importó./ Después se llevaron a los comunistas,/ pero como yo no era comunista, tampoco me importó./ Luego se llevaron a los obreros,/ pero como yo no era obrero tampoco me importó./ Más tarde se llevaron a los intelectuales,/ pero como yo no era intelectual, tampoco me importó./ Después siguieron con los curas,/ pero como yo no era cura, tampoco me importó./ Ahora vienen por mí,/ pero ya es demasiado tarde.

El domingo 28 de mayo me entero por el periódico que Ricardo Salinas fue sometido el viernes 19 a un interrogatorio de más de 15 horas en la Procuraduría de Justicia del DF, algo similar había pasado con otros ejecutivos de TV Azteca. Productores, camarógrafos y otras personas de la televisora corrieron la misma suerte. Hasta donde entiendo, ellos son interrogados como testigos en el caso de Paco Stanley. ¿Alguien de ustedes ha estado en un lugar así siendo interrogado?, ¿alguien de ustedes ha tenido que responder a más de 500 preguntas durante tantas horas?

Muchas de las personas de TV Azteca que han pasado por esa tortura están verdaderamente atemorizadas, amenazadas, perseguidas, ultrajadas (cualquier contradicción en sus largos interrogatorios puede significarles la prisión). Por los corredores de TV Azteca puedes sentir la angustia, escuchas la pregunta: "¿a ti ya te citaron?", y la respuesta aterrorizada: "yo voy el lunes"... y yo recuerdo a Bertolt Brecht.

TV Azteca hace una cobertura del asesinato de Paco Stanley donde demanda un alto a la impunidad, hay una crítica abierta y dura en contra del gobierno de la ciudad y ahora está pagando las consecuencias de su atrevimiento. El mensaje también es claro: TV Azteca no se puede meter con el gobierno, menos aún si ese gobierno es del PRD, está bien criticar al PRI, acusar al Presidente, denunciar a los priistas. Está bien que La Jornada o Proceso critiquen y cuestionen, que Gutiérrez Vivó golpée el escritorio enfurecido en contra del gobierno, que Reforma publique sospechas de funcionarios con supuestos nexos con el narcotráfico (aunque después resultan falsas); lo que no está bien es que TV Azteca cuestione la impunidad que reina en la ciudad y se atreva a cuestionar a un gobierno que prometió acabar con la inseguridad en 100 días.

Me indigna el silencio de los medios de comunicación, intelectuales y organizaciones. Parece como si todos ellos fueran cómplices. Parece como si todos, con su silencio, estuvieran de acuerdo con que a un medio de comunicación se le acose de esa manera. No estoy hablando de quién está de acuerdo con quién ideológicamente, estoy hablando del control de un gobierno sobre la información, la opinión y la crítica. ¿O sólo defenderemos la libertad de opinión cuando esa opinión sea igual a la nuestra?

¿Por qué no ha dado un manotazo Gutiérrez Vivó sobre su mesa? ¿Por qué no se ha levantado indignado Carlos Payán? ¿Por qué Fray Bartolomé no ha denunciado el atropello? ¿Por qué Los Hombres de Negro no analizan las consecuencias de esta intimidación? ¿Dónde están Pedro Ferriz, López-Dóriga, los Zabludovsky, Ricardo Rocha? ¿No están de acuerdo con TV Azteca? ¿No están de acuerdo con Ricardo Salinas? Es indignante pensar que la famosa libertad de expresión sólo la defendemos cuando estoy de acuerdo con la víctima.

(Paréntesis: un día asesinan a Paco Stanley, TV Azteca pide alto a la impunidad, y en menos de una semana Paco ya es un asco de ser humano: maltrató a Mayito; era drogadicto; tenía cuentas pendientes con los Amezcua, tenía relaciones inconfesables con la esposa de Mayito, era padre de su hijo... claro, al final parece que estamos obligados a pensar: se lo merecía, él se lo buscó, yo siempre dije que era un asco... es como si implícitamente estuviéramos juzgando a Paco Stanley y lo condenáramos a la pena de muerte. Ojalá nunca me asesinen, no tanto por el temor a morir sino por el temor a que la policía esculque en mis cajones y se entere de mis secretos y me condenen -ya muerto- a la pena de muerte. Por favor señores de TV Azteca, el día que me asesinen, no exijan impunidad, quédense calladitos, porque si no, al rato resulta que soy padre del hijo de algún amigo mío. La víctima en una conversión de dialéctica perversa, se convierte con gran facilidad en victimario. Cierro paréntesis.)

No sé por qué escribo esto: trabajo en TV Azteca y no sé a quién dirigir la indignación. Si escribo una carta abierta a los periódicos, seguro que no la publican o algún analista dirá que sigo línea, que mi indignación no tiene sentido porque soy parte de "ellos", que para qué me indigno si nosotros nos la buscamos. "Seguro es priista", dirán algunos. "Es narco... es salinista... es de derecha... es cómplice de Mayito... es drogadicto... es foxista... es un imbécil que no conoce nada de la correlación de fuerzas de la sociedad... es zedillista... Sarmiento le tiró línea... seguro no lee La Jornada... Ricardo Salinas lo obligó... él fue quien mandó matar a Ricardo Rocha... es un hacker... es un asco".

¿Y qué tal si firmo con mi nombre? Tal vez en ese mismo instante me fabriquen una prueba y resulte que yo estaba en El Charco de las Ranas desayunando el día del asesinato de Stanley, y que me tardé almorzando unos chilaquiles, y que eso me hace sospechoso; porque claro, un día Paco se burló de mí y soy amigo de los Amezcua y su cocinero me vio en el reclusorio y... "¿en dónde estaba usted esa mañana? Y le recuerdo que si se contradice son cuatro años de cárcel por falsear declaraciones ante autoridad judicial"... y seguro Ricardo Rocha me hace una investigación y resulta que un día fui a cenar a casa de Gerardo Pasalagua (sobrino de Raúl Salinas y alumno y amigo mío al que le dirigí la tesis) y "claro, lo sospechamos siempre: usted es el eslabón perdido en la saga de Raúl Salinas"... mejor no pongo mi nombre y dejo encerrada la indignación en estas palabras, parafraseando a Carlos Marx: someto esta carta a la crítica roedora de los ratones.

Mi reflexión final es que conmigo la intimidación si dio resultado: "calladito te ves mejor"... a menos de que en algún acto de heroísmo me atreva a mandar esta reflexión, entonces, Dios me ampare ante la ira de Samuel del Villar.

Sin embargo, no puedo olvidar las palabras: ...ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde

Jaime Pontones es diseñador y escritor.

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