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Una cana al aire

Fernando Maldonado M.

Foto: Fernando Maldonado

La frase publicitaria "échese una cana al aire" invita a los adultos de la tercera edad a ir a bailar. ¡Vaya polémica cita! Bueno, así entendemos el mensaje. Pero nada más equivocado, pues hay jóvenes que tienen canas y viejos que no y ambos bailan. No se preocupe si usted interpreta una u otra cosa, el mundo no se acabará. El mensaje no se refiere a la edad de los ejecutantes sino a lo añoso, a lo senil de los bailes, entre otros: al vals, al fox-trox, el tango. Los bailes finos de salón son de pareja. Tienen estructura, estilo y estética y buscan la perfección. Su ejecución posee dos finalidades: la primera, el placer de disfrutar el baile y, la segunda, realizar una competencia con premio o no. Europa y Estados Unidos son los lugares donde hay más competencias internacionales.

Durante el reinado de Luis XV, en Francia, el entusiasmo de los "bailadores" declinó debido a la opresión del ceremonial. Sintieron hastío de ejecutar lo mismo y una necesidad de cambio. Lo primero que se halló, como válvula de escape, fueron los bailes de máscaras, los cuales se iniciaban a medianoche, y se hacían dueños de la fiesta. Cuando los bailes se generalizaron y llegaron a lindar en lo licencioso, las autoridades instituyeron los bailes en los teatros y en los domicilios. El primero fue en diciembre de 1715. Los ciudadanos bailaron los ritmos de moda. Pronto surgieron empresarios que vieron el negocio. Al finalizar el siglo XIX el baile llegó a América; en el transcurso de esta centuria las modas cambian, la música disco aparece y los salones se extinguen poco a poco.

En las competencias internacionales, como hay muchas parejas en exhibición, las coreografías son creadas para el jurado y no para impactar al público; y el mérito está en la composición de líneas fuertes

Fernando Maldonado M. es periodista, especialista en danza.

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