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de la imprenta reseña atril
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tintero "Los temas son como las mujeres: ellas eligen"
Eve Gil/Arturo Pérez-Reverte
Hay temas que uno deja para después, se piensa que no se es lo bastante maduro para desarrollarlo. "Los temas son como las mujeres, ellas eligen", señala Arturo Pérez-Reverte, autor de El maestro de esgrima, La tabla de Flandes y La piel del tambor, nacido en Cartagena, ciudad marina: "El mar es una cosa que nunca quise tocar, guardándolo siempre para después, así que esta vez decidí, sin renunciar al mundo habitual de mis novelas y enfocarme hacia la relación hombre-mujer", dice al respecto de su nueva novela La carta esférica, donde destaca el triángulo mujer-vida-mar. "Tengo la teoría de que el hombre nace con una biografía por hacerse, mientras que la mujer nace con una biografía parcialmente hecha, la mujer tiene una memoria genética, una capacidad de análisis crítico y un coraje del que el hombre carece. También quería hacer un homenaje a toda esa literatura del mar que desde niño me fascinó: Stevenson, Melville, London, Verne, Defoe, Conrad, Kent, Forrester... Quise reescribir todos esos libros a mi manera". Su novela cuenta con un personaje femenino: Tánger Soto; ella dice que en las películas de vaqueros aprendió que existen dos clases de mujer, las que ante el peligro pegan de gritos y las que cogen un rifle para defenderse, y ciertamente ella pertenece a las últimas, ¿cómo logró recrear un personaje tan exquisito? La mujer ha mirado en silencio al hombre durante muchísimo tiempo y ese silencio la ha hecho adquirir una lucidez especial. Entonces, cuando la vida le pone enfrente a uno aquella mujer que resume a todas las otras que existieron en la historia, si se acerca uno e intenta entender a esa mujer, descubre de pronto que cosas que lo atormentaban están ahí. La mujer es el gran enigma pendiente. Con esta novela he querido acercarme a esa mujer y he aprendido mucho. Nos hace falta edad, lucidez, experiencia, mirada, punto de vista. No es un mal momento histórico para que el hombre reflexione para que mire a la mujer no como presa, como adversario, como objeto hermoso, sino como aquello que él no será nunca: depósito de lucidez y reflexión. Quien ha estado mirando sabiamente el devenir del mundo, pariendo hijos para la guerra y enterrándolos; siendo botín, siendo presa o compañía, es la mujer. Cuando a un hombre le quitan su coraza social, queda indefenso. En cambio, la mujer, como siempre ha estado indefensa, posee mecanismos defensivos más intensos que los del hombre. Todo eso quería que estuviera en la novela. El mar es otro personaje importante de su novela, pudiera decirse que es el puente entre Tánger y Coy, el marino. El mar es muy perro, duro, malo. Navego desde niño y lo conozco bien. El mar es un filtro: primero mata a los imbéciles, a los incompetentes; es como la vida. A Coy le he prestado ese punto de vista: el mar, como la guerra, es limpio; en la guerra todo está claro, el que te dispara es un hijo de puta y el que está a tu lado es tu amigo, ahí no hay medias tintas. El mar tiene reglas precisas también, y si eres buen marino y tienes talento y coraje para navegar, el mar te tolera, deja que estés ahí. Es como cuando una mujer hermosa te dice "ven". En la tierra eres más sucio, complicado, el hijo de puta nunca está claro del todo, no hay reglas, el mejor amigo te traiciona al día siguiente... entonces, como marino y como un tipo que ha estado en la guerra durante tantos años, miro la paz de la tierra firme con desconfianza, igual que Coy. La trama es el pretexto. El problema era hacer que el lector se aproximara conmigo a ese misterio, que sintiera que hay algo ahí, y luego se juegue su propia vida, y explicar esto en capítulos, con personajes era un problema, pero una novela es un problema narrativo que quiero resolver con eficacia. Ha sido una novela dura, difícil de escribir, compleja en cuanto a poner los personajes frente a frente. El tema de la búsqueda del tesoro está muy machacado en siete mil novelas pero me propuse hacer una nueva lectura. ¿Qué tanto hay de usted en el personaje de Coy? Mi única novela autobiográfica es Territorio comanche, ninguna otra es literalmente autobiográfica. Sin embargo, nadie pone aquello que no tiene. Mis novelas están hechas con cosas mías, evidentemente, pero esta vez he utilizado bastantes elementos míos, sobre todo al hablar de la infancia de Coy, de su biografía como marino y su relación con las mujeres; incluso hay historias concretas que le he prestado que son mías, como la que transcurre en Noruega. También he dado cosas mías a Tánger y a todos ellos, pero Coy tiene más dosis mías que todos ellos. Quizá Coy y Lucas Corso son los personajes que más se aproximan a como veo el mundo... aunque me gustaría tener la honradez de Coy. La vida me quitó la inocencia antes que la virginidad, pero él sigue siendo un tipo con impulsos nobles, y además está enamorado. ¿Cómo ha hecho para sacarle la vuelta a los esterotipos en su literatura? Con talento, con lucidez, con sentido común. Uno no puede escribir La isla del tesoro como la escribió Stevenson porque el mundo ha cambiado. La cuestión es rescatar eso, quitarle el polvo, airarlo, barnizarlo, meter dentro mi propia visión de la vida y, con ello, poner el mito de nuevo en circulación Eve Gil es periodista y escritora. |
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