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opinión México a partir del 3 de julio
Entrevistas de Adriana Curiel
Nueva competencia
Vamos a seguir siendo el mismo país, por lo pronto, el 3 de julio vamos a aparecer con los mismos problemas, las mismas circunstancias. Va a ser un proceso, que en cualquiera de los dos casos implicará un ejercicio de la oposición más fuerte en el país, porque si gana Labastida vamos a tener una oposición muy crecida y va a ser un contrapeso real. Si gana Fox, igualmente el PRI va a ser una oposición feroz, entonces cualquiera de los dos escenarios hablará de una situación de enorme competencia política, a los dos les va a ser muy difícil gobernar o van a gobernar diferente, van a tener que tomar en cuenta al otro resto del país que no votó por ellos y eso va a ser muy saludable para el ejercicio político y para la propia vida política del país. En cualquiera de los dos escenarios vamos a tener a un Presidente disminuido en poder porque va a tener que distribuir la hegemonía; un Presidente que va a tener obligatoriamente que considerar a los otros poderes y a los otros factores, entonces casi te diría que en ese escenario tendremos un país diferente en el ejercicio político, pero idéntico en sus problemas (Periodista, conductora de la emisión vespertina de Imagen Informativa)
Habrá polarización
En los dos casos el escenario es muy parecido. Como creo que cualquiera que gane va a hacerlo por un margen muy pequeño, habrá un escenario de mucha polarización. Si gana Labastida es muy probable que Fox llame a la sociedad civil y haya una reacción muy enconada del panismo, lo cual propiciaría un ambiente muy tenso y una unión, en este caso sí real, porque la que hoy dicen es ficticia, pero en este caso sería una unión real entre el PRI y el PRD. En caso de que ganara Fox por un margen muy estrecho también habría una situación muy tensa, por el lado de los votantes corporativos del PRI más que por el partido mismo. A menos de que la distancia entre los dos crezca, pero en caso de que haya una distancia muy pequeña va a haber tensión (Director de la revista Paréntesis)
Un gobierno acotado
Dado lo cerrado de la contienda electoral y el tono que han adquirido las campañas -un tono de polarización- cualquiera de los dos escenarios del triunfo de Labastida o Fox es complicado, aunque cada uno por razones distintas. El triunfo de Labastida, sobre todo si es por escaso margen, desgraciada y quizá injustificadamente va a provocar dudas sobre la limpieza del proceso electoral. Ya lo han dicho los partidos de oposición, no solamente la Alianza por el Cambio, y aquí está uno de los problemas de la democracia mexicana: en países con democracias consolidadas, el margen con el que pueden ganar los candidatos las elecciones importa muy poco, en términos de la credibilidad de las elecciones, pero en México, que vive el primer momento de su historia política en el que la posibilidad de alternancia está realmente presente, el margen ha tomado mucha importancia, insisto, desgraciada y quizá injustificadamente. En caso de que ganara la Alianza por el Cambio y su candidato Fox, no se dictará fraude, no creo que ese sea el escenario, permanece la incógnita de si las diferentes estructuras de partido aceptarían pacíficamente entregar el poder a un partido de oposición. Soy optimista respecto de la madurez de ambos partidos, el PRI y el PAN, para asumir la decisión que finalmente tomen las autoridades electorales, el IFE y el Tribunal Federal Electoral, pero no estoy tan segura de que el contexto postelectoral sea una muestra de que México pasó a formar parte de esa lista de países donde las elecciones son un acto de gran importancia política, porque decide quién nos va a gobernar, pero fundamentalmente un acto rutinario sobre el cual no se arroja el manto de la duda. En el caso del próximo gobierno, me parece que los electores no deberíamos comprar ninguno de los discursos de los candidatos en caso de miedo a que nos gobierne alguien diferente. A dónde va a conducir el país un candidato como Fox que algunos han calificado de manera, me parece, sin sustento, como a un candidato de ultraderecha, me parece que este tipo de juicios que se han hecho sobre la Alianza por el Cambio y su candidato son totalmente injustificados. Me parece, eso sí, que dado que va a haber cotas, que crecientemente ha habido ya cotas al poder presidencial, y dado también el fenómeno de globalización, no deberíamos tener dudas sobre la forma de gobierno y el programa de gobierno de un candidato de oposición, sea quien sea, sea Cárdenas o sea Fox. Creo que independientemente de quién sea el candidato, será un gobierno, para fortuna de todos, acotado vertical y horizontalmente. Verticalmente porque hoy operan de manera más efectiva la división de poderes, los pesos y contrapesos, y seguramente estaremos en presencia una vez más de un gobierno dividido, sin mayoría que permite que éstos controlen y se materialicen y verticalmente también, porque independientemente de si Fox o Labastida lleguen al poder, estarán acotados tanto por una mejor distribución del poder político, en términos de los gobiernos estatales, a nivel de gobernadores, presidentes municipales y legislaturas locales, estas estructuras de poder también actuarán para recabar y conseguir los consensos del resto de los poderes políticos antes de que el Presidente pudiese imponer su precepto (Directora de la División de Estudios Políticos del CIDE)
Entre alianzas nos veremos
Si gana Labastida hay una cuestión que aparece clara, que su gobierno no tendrá ningún problema de tipo estratégico para continuar en lo mismo. Si gana un candidato de oposición la cosa se plantea de otra manera. En el caso de Labastida no tendría ningún problema para gobernar, sus funcionarios están disponibles, no tendría necesidad de ninguna alianza, todo dependiendo de su porcentaje. En todo caso el PRI puede gobernar solo tranquilamente porque la maquinaria de gobierno está ahí y no necesitaría grandes cambios, excepto de personal para seguir gobernando como hasta ahora. En el caso de Fox la cosa es diferente, es difícil imaginar que él y el PAN o inclusive grupos de los Amigos de Fox pudieran gobernar por sí solos, lo veo muy difícil. Además al PAN, estratégicamente, no le convendría hacer las cosas como las ha venido haciendo el PRI, es decir, gobernar por sí solo. Si Fox gana no podrá hacer otra cosa que buscar alianzas en la oposición y otros grupos para iniciar su gobierno. Si Fox intentara gobernar por sí solo le sería muy difícil empezar un gobierno (Analista político)
A la vista, realineamientos
Si gana cualquiera de los dos por un margen muy estrecho, veo una situación totalmente conflictiva que puede llevar hasta días y semanas de incertidumbre, de impugnación, de inmovilizaciones, de propuestas y, desde luego, de una crisis económica fuertísima; gane quien gane tendría que hacerlo por un margen bastante amplio. Si gana Labastida por un margen estrecho no creo que vaya a poderlo sostener porque ese margen estrecho ya nadie lo va a creer, con todo lo que se va dando, con la gente que tiene en su equipo, con Bartlett y demás; es una cuestión simbólica con denuncias que empiezan a aflorar en relación con compra de voto y todo esto. Un triunfo de Labastida con 3% no va a ser creíble y un triunfo de Fox con 3% va a ser muy disputado, incluso tratado de arrebatar por parte del PRI; tendría que haber un margen muy importante y, si gana Fox con un margen muy importante, de todas maneras va a haber turbulencia, pero ahí sí sería un cambio en el sistema político dramático porque las fuerzas políticas se realinearían completamente, quizá el PRI se vendría abajo o en una buena parte y los partidos o el sistema de partidos tendría que tener un realineamiento muy importante (Profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE)
Gane quien gane, tensión
En el caso de que gane Labastida no veo demasiados cambios respecto de la situación actual, probablemente habría una política social un poco más activa, más dirigida, con una participación del Estado mayor a la que hay ahora, probablemente un acercamiento hacia algunas posiciones menos neoliberales puras, por llamarlo de alguna forma, hay que recordar que Labastida es un hombre educado en la Cepal. Si gana Fox es una interrogante, creo que nadie sabría bien qué va a ocurrir si gana porque si fuera el ganador el PAN y fueran los dirigentes del PAN quienes van a gobernar, uno ya sabe a qué atenerse, en cambio, si gana Fox, ¿con quién integraría su gabinete? Supongamos que la gente de su equipo de campaña, la mayoría de ellos no son panistas. Creo que habría una política más ecléctica, sin duda, después del catálogo en materia de religión y educación sería más dura. También bastante menos progresista, a pesar de que hay gente de ese perfil dentro de su gabinete. El ambiente postelectoral lo veo tenso, gane quien gane. Indudablemente se vea como se vea la elección, no creo que haya una diferencia muy amplia, hay que ver qué ocurre en los próximos días después del debate, pero la diferencia no va a ser muy amplia. Va a ser tenso, sobre todo los primeros días y habrá que ver cómo se dan las elecciones y cómo se dan las negociaciones entre los distintos partidos, para ver si hay una situación de gobernabilidad posterior (Columnista de Milenio Diario)
¡Ojo con el Congreso!
Si ganara Labastida el PRI tendría de todas formas que estar muy pendiente, con los ojos muy abiertos, el PRI ya no podría ejercer las facultades y las condiciones que tenía cuando México era un país de un esquema cerrado en la política. Labastida y su gente estarían bajo el rasero de la sociedad, la sociedad estaría observando y no puedo decir que vaya a detectarlo todo, pero sí sería más crítica. ¡Ojo con el Congreso!, que allá hay mayorías y minorías y en ello no creo de todas maneras que el PRI gobernara con una mayoría en la Cámara. Por otra parte, qué pasaría si gobernara Fox, creo que se romperían las ataduras entre los intereses económicos y los intereses políticos, las empresas dejarían de voltear a ver al Presidente como si fuera la máxima autoridad del país, entendemos que lo es, nos preside a todos, por eso es Presidente, pero eso no querría decir que habría esa relación dinero-poder como lo ha habido en los últimos 70 años en el país. Movería mucho a México y creo que habría muchos incentivos para ver en medio de esta alternancia una posibilidad para que México progresara más rápidamente. En pocas palabras, no digo que Fox, pero si llegara alguien de la oposición podría haber en México una oportunidad para acelerar el paso (Periodista, conductor de la emisión matutina de Imagen Informativa)
Candidatos vemos...
No tengo una visión clara de lo que pueda ocurrir con la victoria de uno u otro. No tengo un escenario previsto. Me angustia la intolerancia, de quien sea, el populismo, de quien sea, la mentira, de quien sea, y también la hipocresía. ¿Cuál será el más intolerante e hipócrita? Lo que pasa es que candidatos vemos, presidentes no sabemos. ¿Cómo ves el escenario postelectoral? No puedo predecir, tengo mi bola de cristal trabajando mejor por estos lances y relances; pero veo que el país está empezando a meterse a las elecciones, veo con preocupación la crispación que existe, veo que puede más la descalificación personal que el debate de las ideas, y no estoy hablando de candidatos, sino de promotores. Veo con preocupación el crecimiento de un fanatismo intolerante. ¿Crees que el clima de tensión cambie en caso de ser Fox o Labastida el ganador? Sin duda. Tengo claro que Vicente Fox nunca aceptará la derrota, si ésta se da, y está claro que marchará a un conflicto postelectoral. En caso de una derrota de Labastida no veo mayor conflicto postelectoral (Periodista, conductor de El Noticiero)
No veo cambio radical
Contrariamente a lo que dicen los críticos de Fox, yo no creo en ningún momento que Fox llevaría a este país a ningún tipo de situación diferente a la actual ni tampoco creo que Labastida cambiaría mucho. México está encaminado esta parte del Tratado de Libre Comercio, está amarrado por ese tratado, está amarrado por acuerdos financieros y le ha ido bien macroeconómicamente. Creo que el énfasis de cualquiera de los dos que ganen va a ser llevar ese éxito de la macroeconomía a la gente en la calle, que todavía muchas no la perciben, pero no veo ningún cambio radical gane quien gane (Periodista, columnista de The Miami Herald)
Entre el deseo y la necesidad
El principal efecto de una victoria de Fox sería acabar con el mito de la alternancia. El deseo o la necesidad de acabar con el gobierno del PRI dejarían de ser el factor dominante en la política mexicana. Ese cambio abriría enormes posibilidades para un Presidente que tuviera un proyecto claro para el país y fuera capaz de negociar una mayoría parlamentaria en apoyo de sus reformas, pues previsiblemente no contaría con ella como resultado de las elecciones. En un escenario radicalmente nuevo, el Presidente estaría inicialmente cargado de legitimidad para introducir grandes cambios en la agenda política. Pero si no existiera ese proyecto claro y coherente, o Fox se mostrara incapaz de buscarse una base en la Cámara mediante la negociación o el acuerdo, se abrirían riesgos muy altos. El más inmediato sería el del enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo, un conflicto que suele terminar con deterioro de las instituciones democráticas. Y el más previsible, que los electores sintieran defraudadas sus expectativas y, desaparecido ya el horizonte milagroso de la alternancia, giraran hacia el viejo PRI, como lo han hecho en muchos casos hacia los partidos postcomunistas en los países de Centroeuropa. Pero si la derrota provocara una crisis profunda en el PRI, bien podría suceder que el fracaso de un gobierno de Fox se tradujera en una crisis política general, como la que ha dado el poder en Venezuela a Chávez. Una victoria de Labastida, en cambio, dejaría vivo el fantasma de la alternancia. Los cambios podrían venir de que una nueva victoria del PRI llevara a la oposición a replantearse su estrategia, y a dejar de creer que todo vale para derrotar al PRI. Eso implicaría una crisis de los liderazgos actuales, pero esa posible crisis no garantizaría que la vida política se normalizara: hay toda una cultura política que induce a las estrategias de todo o nada. Así que probablemente las posibilidades de cambio en la política mexicana dependerían de la capacidad de iniciativa de Labastida. Y para eso, desde luego, tendría que demostrar más genio como gobernante que como candidato. No sería el primer caso (Analista político)
Sin grandes convulsiones
Tengo muy claro que la madurez del pueblo de México y el que estemos avanzando sobre un camino que no conocíamos con esta amplitud que se llama democracia, plantearán escenarios, desde luego de paz social, y desde luego de entender como vayan dándose esos resultados. Creo que tendremos que esperar hasta la fecha, que serán las primeras horas del 3 de julio, para conocer cómo se han desarrollado las cosas, lo cierto es que la intensidad de las campañas, la propuesta, la personalidad de los contendientes, va penetrando con impactos y con información permanente de parte de los medios hacia los electores y esto tendrá que esperar en su tiempo para poderlo determinar, adelantar algo sería, aparte de aventurado, irresponsable. ¿Cuál sería la diferencia en el escenario político y social, en caso de que fuera Fox el candidato electo o bien, Labastida? En el caso del candidato del PRI tiene cordura, tiene coherencia, tiene viabilidad, porque hay más explicación e información. En el caso de Fox, él hace propuestas, no dice cómo ni de dónde, en cambio lo que va ahora de campaña de Labastida, tiene más sustento de información como el peaje a las carreteras, etcétera (Periodista de TV Azteca)
El viento y las promesas
Lo primero, es que me parece que el pasado debate, a diferencia de otros, sí puede definir tendencias firmes por lo que ya hubo previamente, por lo del martes anterior (23 de mayo) y porque es obvio que hay una cercanía real del proceso electoral que puede dejar un impacto real en el público que lo vea. Es decir, no van a pasar dos meses en lo que se te olvida qué pasó un tal 26 de mayo. ¿Qué pasa si gana Vicente Fox? Tengo la impresión de que como están las cosas un triunfo de Vicente Fox, primero, si es lo suficientemente nítido, no tendría un reclamo del PRI en lo que corresponde a su institucionalidad. El reclamo o el juego perverso de la política vendría no a través de la acción institucional del PRI, sino a través de grupos del PRI, que podrían inconformarse y hacerle la vida de cuadritos en los primeros días a Vicente Fox. Si gana Vicente Fox va a tener que cumplir demasiadas promesas que le pueden generar el efecto Cuauhtémoc Cárdenas, de que se crea que llegando un hombre, un país o una ciudad o una sociedad se puede transformar de una manera definitiva, y esto no es tan cierto porque obviamente requiere de tiempo. Pero en la política no te queda otra que ofrecer, si no, no tienes votantes. Pero no veo en lo inmediato un clima de tranquilidad para Vicente Fox si gana, en función del escenario de si no gana con plena claridad, de la reacción que pueden tener algunos grupos políticos del PRI, que no necesariamente la presidenta, el secretario general o el propio candidato Labastida, o el propio Presidente de la República y, tercero, que en el momento en que gana entra en una especie de carrera contra el destino, donde si él no muestra rápidamente quién es, todos estos procesos de destitución pueden ser más fuertes, sin olvidar que una de las variables es el Congreso. Y en cuanto a repercusiones de quién es exactamente Fox, lo empezaríamos a ver: es realmente este hombre que quiere ser de la transición o es el hombre que vimos el 23 de mayo, donde nadie sabía qué estaba queriendo y más bien parecía como impertinente y, sobre todo, muy autoritario, y en una sociedad como la nuestra me parece grave. Si gana Labastida creo que lo primero que tiene que hacer es demostrar verdaderamente que ganó. Un triunfo por escaso margen no va a dejar que Vicente Fox se comporte con una actitud de aceptación, sino todo lo contrario. Creo que Vicente Fox podría pasar a la ofensiva, y tendríamos que esperar que el proceso del IFE fuera lo suficientemente efectivo para hacer valer lo que sucedió; pero todos sabemos que la elección no se está marcando por un día, se marca por toda una serie de circunstancias previas. Entonces, si gana Labastida, lo primero que tendría que hacer sería convencer a Fox y al propio PAN de que ganó. Tengo la impresión de que si ganara Vicente Fox con plena claridad, Labastida lo reconocería, pero no lo veo al revés, que si gana Labastida, Vicente Fox lo aceptaría. Y lo que tendría que hacer Labastida, si ganara y ya pasara todas estas pruebas, que van a ser dificilísimas, es lo mismo que Fox, tratar de mostrar que efectivamente es algo diferente. No sé cómo le va a hacer, tendrá que demostrarlo y terminar con la personificación de ese PRI y de esa sociedad, que uno a simple vista ya no contempla y ya no quiere. No sé qué va a hacer con los Gamboas, con los Beltrones, con los Bartletts, con los Cavazos Lerma y pongo sobre la mesa la tercera variable. Esta variable es que hay un ciudadano mexicano, influyente, importante, con un pasado relevante en esta sociedad, que tiene los mismos derechos que todos nosotros y que seguramente va a venir a votar, y su nombre es Carlos Salinas de Gortari. Todo eso va a afectar a Labastida, por más que se quiera separar de todo mundo. Paradójicamente todos sabemos que en los últimos años ha sido un mismo grupo, con variantes, el que ha estado en el poder. Veo muy complicados los escenarios, no dan de sí, no dan claridad (Periodista, conductor de la emisión vespertina de Imagen Informativa)
En busca de la gobernabilidad
El escenario depende no sólo de quién gane sino de cómo gane. En el caso de que alguno de los dos ganara por una diferencia mínima tendríamos un escenario muy diferente a que si cualquiera gana por una mayoría visible e incuestionable. En caso de que ganara Vicente Fox por una visible diferencia, creo que el escenario sería más favorable, en el sentido de que la oposición a Fox difícilmente encontraría una vía de arreglo para oponerse en conjunto a una legitimación del resultado, tomando en cuenta que en este caso el Presidente de la República actuaría como un elemento catalizador muy importante en el sentido de reconocer o no la victoria de Fox, creo que el presidente Zedillo reconocería la victoria de Fox así fuera ésta por una mínima diferencia. Si Labastida obtuviera una victoria por uno o dos puntos, me parece muy improbable que el grupo que rodea a Fox estuviera dispuesto a aceptarlo, incluso ya ha dicho que no aceptarían la victoria de menos de 5%. Entonces se puede plantear una situación muy compleja porque probablemente tendríamos un escenario plagado de impugnaciones, de demostraciones públicas, tratando de forzar una petición del tribunal electoral. En ambos casos necesitamos un acuerdo previo de los candidatos y los partidos para crear reglas claras que aseguren la gobernabilidad después del 2 de julio. En cuanto al gobierno, es obvio que cualquiera de los dos candidatos que triunfe, tendría que hacer un esfuerzo extraordinario para conciliar lo que ahora se están convirtiendo en contradicciones y un proceso de división en la opinión pública que puede tener funestas consecuencias una vez terminadas las elecciones, de tal manera que, cualquiera que sea el resultado, la primera tarea será recomponer o reconciliar a la ciudadanía. Tarea sumamente complicada porque los candidatos no están haciendo nada para ganar en su futuro. Un gobierno de Labastida es previsible que trataría de preservar la institucionalidad conseguida hasta el día de hoy y trataría de gobernar en medio de un mar de oposición, lo cual haría su tarea bastante difícil sino estuviera dispuesto a realizar reformas inmediatas. El gobierno de Fox sería un gobierno que tendría de antemano la oposición de un sector muy importante de la clase política que seguiría gobernando la mayoría de los estados y de los municipios. La clave van a ser los acuerdos en el Congreso. Si en el Congreso se logran amarrar los acuerdos entre los distintos partidos, entonces, cualquiera que sea el resultado de las elecciones, podremos pensar en un gobierno más o menos estable, pero si en el Congreso no se dan pasos acelerados para encontrar acuerdos, entonces vamos a entrar en una fase inédita de cuestionamientos, de inestabilidad (Analista político, candidato al Senado por Democracia Social)
Voto y ¿caos?
Gane quien gane el 2 de julio va a ser como marcha nacional teniendo en cuenta que quien gane no es mayoría. Llevamos ya varios años en los que no está gobernando la mayoría, si tenemos en cuenta a las cámaras. En Europa así se vive desde hace muchos años, en que no forzosamente gobierna la mayoría, el problema es saber verdaderamente qué tan maduros estamos como para que el que gane sea neto y derecho y, qué tanto va a poder negociar con todas las partes que quedaron fuera y que sí son mayoría. Sea quien sea el que gane va a ser por una tercera parte, eso puede ocasionar un verdadero caos. Sinceramente tengo hasta un temor morboso, como comunicadora, finalmente todo eso es narrable y qué pena que así sean los medios. Creo que va a ser algo que nos va a ayudar a crecer a todos de guamazo (Locutora de Radioactivo y La Sabrosita) |
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