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con el candidato

Labastida y la comunidad científica
Sin más programa que el deseo

Marco Levario Turcott

Zócalo del DF
Foto: Antonio Oropeza

Esto sucedió durante la tarde del 1 de junio. En uno de los salones del Hotel Flamingos, en la ciudad de México, hubo un encuentro entre el candidato del PRI a la Presidencia de la República y la comunidad científica del país.

El contexto

Ese día la jornada fue intensa. Temprano, en la sede de su partido, Francisco Labastida Ochoa platicó con varios directores de medios impresos integrantes de la Sociedad Americana de Editores de Periódicos. En la reunión, el abanderado del PRI respondió aquella advertencia de su adversario panista en el sentido de que éste sólo aceptaría su derrota si los resultados en las urnas arrojan una diferencia de diez puntos. Ante los periodistas, Labastida Ochoa dijo que su ventaja frente a Vicente Fox, según las encuestas, representa "una diferencia pequeña". Pero enseguida advirtió que en el proceso electoral gana quien mayor número de votos obtiene y que la ley no establece un margen previamente establecido.

Al mediodía, el candidato priista charló con representantes de 160 cámaras de comercio del país, recién separadas del Consejo Coordinador Empresarial. Les aseguró que durante su administración habrá más créditos a la pequeña y mediana industria.

En ninguno de esos actos, ni en el siguiente que ahora precisamos -ni en los otros dos a los que asistió en Campeche-, Labastida Ochoa se refirió a la tragedia ocurrida en Valle de Chalco, Chalco e Ixtapaluca, Estado de México. Como se sabe, debido a la intensidad de las lluvias y a la falta de previsión de las autoridades reventó un dique fluvial y las aguas inundaron todo, dejando en el desamparo a miles de habitantes.

La comida

Hay 25 mesas con un promedio de diez personas cada una: 115 científicos y 120 periodistas. El reloj marca las tres y cinco. Llega el candidato, viste camisa azul cielo, traje azul marino y corbata rojo intenso. El maquillaje no disimula la tensión del rostro. Apenas sonríe. Saluda de mano a varios comensales y, seguido por las cámaras y los micrófonos que esperan infructuosamente una declaración, ocupa su lugar en la mesa de honor junto a su hermano Jaime.

Algunos murmullos en el salón constatan el silencio. Casi nadie habla, tan es así que, en la duda, tose un par de veces este reportero para verificar el sentido auditivo. Todo en orden. Una de las organizadoras invita a quien esto escribe a sentarse con sus colegas. Pasan diez, 15, 20 minutos, media hora. Los reporteros no hablan, casi. Menos aún cuando al fin comienzan a servir: crema de pistache con un montón de maicena, creo, y panecillos para untar mantequilla. Los meseros no se dan abasto, mientras quienes ven la comida enfrente no se dan reposo. Unos terminan la entrada mientras otros esperan todavía. Llega el filete con mostaza y la guarnición de puré montada en papa. Tres en la mesa fueron los únicos en tomar refresco, los otros agua hasta el mero final. No hay postre, bueno, sólo para algunos no hubo, los afortunados se despacharon con helado de limón. El tiempo apremia, dice un organizador, porque dentro de unos minutos Labastida saldrá a Campeche. Un reportero no entiende de prisas y mejor disfruta la siesta al mejor estilo de algunos de nuestros abuelos, que gustaban cabecear un rato en lugar de ir a la cama.

Casi el paraíso

Dan la bienvenida al candidato. Aplausos tenues. Habla el candidato. Amable lector, no espere precisiones sobre el tema, perdone usted a Labastida. Sí, perdónelo. El pidió ese favor diez veces durante su discurso, en unos casos por su falta de especialización en la materia y, en otros, por ofrecer algunos ejemplos que no se relacionaban con el asunto. "Perdón", ¿se imagina usted al candidato diciendo esa palabra en alguno de los dos famosos debates televisados? Mejor ignoremos el término y... este... también su muletilla para hilar las frases: "este". Vayamos al fondo: ¿piensa usted en la posibilidad de que Labastida les haya dicho a los asistentes que ellos deliberen, saquen sus conclusiones y ofrezcan las medidas que deben tomarse para el desarrollo de la ciencia y la tecnología? Pues eso ocurrió.

El candidato habló de los avances que hay en el país. Comparó la cobertura de salud, educación y empleo con la actual. Indicó que se han destinado cada vez más recursos y que, en materia de educación, éstos deben canalizarse en mayor cuantía porque, criticó, en administraciones anteriores esto se ha descuidado. Labastida Ochoa hace equilibrios. Igual a como cuando en el debate habló de los avances en materia económica y dijo luego que si no hay más empleo es porque él no ha sido Presidente. Ofreció una inyección de más de tres puntos del PIB en educación en todos los niveles. "Casi el paraíso es lo que promete usted", comentó uno de los participantes en la ronda de comentarios y preguntas al candidato.

La sonrisa de Labastida pareció forzada. Comentó el asunto. Afirmó que es posible una mayor cantidad de recursos si la investigación, la ciencia y la tecnología se orientan a mejorar la producción. Ejemplificó con Chile y la producción de salmón, cuando hace dos décadas ni siquiera había en sus aguas ese recurso marítimo. Habló de la iniciativa privada y convocó a que ésta fuera partícipe en la canalización de los recursos. De nuevo, una colección de escenarios comúnmente deseados sin establecer los cómo. No ofreció más programa que el deseo: aumentar sensiblemente durante su administración la matrícula de doctorado e implementar becas en todos los niveles para hacerlo posible. Se comprometió a impulsar el proceso productivo para que haya mayores recursos a la investigación. Y al revés también, a impulsar la investigación para que ésta redunde en mayor productividad.

Habló de la producción de fresas en el país, no dijo desde luego cuál es el estado más productor. Y aseguró que ése es un ejemplo de los recursos del país y también de cómo deben ser optimizados. Algunos minutos después, cerca de las cinco de la tarde, advirtió que saldría para Campeche.

Aplaude el público de pie. Los reporteros corren por la declaración, son más de cien. Es impresionante. Unos se suben a las sillas para captar mejor, así lo hizo un camarógrafo de TV Azteca, otros de plano se encaraman en las mesas y desde ahí: click. Algunos con grabadora en mano no admiten la distancia, empujan a todo el que esté cerca, se empujan entre sí. El candidato camina lento, se despide de varias personas que están cerca. Parece no ver ni oír a los reporteros. No hará declaraciones, advierten. Uno le pregunta lo mismo que ya le habían preguntado y él contestado, sobre las declaraciones de Fox antedichas en este texto varios párrafos atrás. Labastida ve enfrente quién sabe qué. Y sale presuroso sin saber este reportero qué siguió inmediatamente después. Sólo acierta cuando asegura que el avión no dejó al candidato y Labastida no se mojó, porque instantes después de su partida fue cuando comenzó una lluvia que lo mismo empapaba esa zona sur de la ciudad, que por allá también, a los habitantes de Chalco, Valle de Chalco e Ixtapaluca

Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. Correo: mlevario@etcetera.com.mx

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