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por los caminos de sancho

López Obrador sin idea del DF
A Silva Herzog le falta pasión

Renward García Medrano

No piense vuesa merced que ha dicho mucho,
que yo he visto ir más de dos asnos a los gobiernos,
y que llevase el mío no sería cosa nueva.

"El panorama político en la capital de la
República es más lamentable que el nacional"
Foto: Cortesía del IEDF

El segundo debate entre los candidatos presidenciales demostró que un formato menos rígido los favorece a todos y propicia mayor audiencia. Por eso no me explico por qué, para su debate del pasado miércoles, los candidatos a jefe de gobierno del Distrito Federal volvieron al formato acartonado. Los cinco participantes perdieron la oportunidad de aparecer más convincentes ante sus partidarios y, sobre todo, ante los indecisos.

Con su inesperado pero explicable anuncio de sumarse a López Obrador, el señor Alejandro Ordorica le dio la puntilla al PARM, viejo y polvoso membrete que utilizaron el Frente Democrático Nacional y Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y más tarde fue prestado a Porfirio Muñoz Ledo y, en el ámbito de la ciudad de México, al citado señor Ordorica. La defección de sus dos candidatos a cargos ejecutivos deja al PARM en el borde de la pérdida de su registro, lo que terminará con un gasto innecesario y excesivo de los recursos para el sostenimiento de los partidos políticos y las campañas electorales.

López Obrador no le dedicó más que un corto comentario en su última intervención al anuncio, pero quizá la "alianza" anticipada lleve a Ordorica a algún cargo menor en el posible gobierno del tabasqueño. Su aún compañero de partido Porfirio Muñoz Ledo -político reconocido por su talento, sus habilidades de polemista, sus dotes oratorias, su visión cosmopolita- termina en cambio su vida política aliado a un candidato populista de derecha, cuyo verdadero proyecto no es siquiera el del PAN, partido penetrado y sometido con tiempo, audacia y quizá dinero por los "Amigos de Fox". Muñoz Ledo debió escribir la última página de su vida política de manera más honrosa.

Pero de regreso al debate del martes 30 se confirmó una vez más que el intercambio de ofensas sólo reduce el nivel de la contienda política. Toda proporción guardada, Tere Vale, como Gilberto Rincón Gallardo, demostró que unos cuantos minutos en la televisión bastan para presentar un proyecto político serio y viable. Lo que quedó del suyo, sin embargo, no fue una propuesta para la capital sino un buen discurso, quizá excesivo y un poco maniqueo en defensa de las mujeres y las minorías, que podría allegarle votos. Vale refrendó los planteamientos de Rincón Gallardo en este terreno, y fue quien mejor aprovechó su presencia en la televisión. En todo caso, confirmó que se puede tener una buena e incluso excelente imagen en televisión sin sacrificar la inteligencia, a condición de tener disposición natural o entrenamiento para ser uno mismo y no representar un personaje artificial.

Jesús Silva Herzog mostró inteligencia, presencia y experiencia administrativa suficientes para ser un buen jefe de gobierno; no así la pasión y el oficio político necesarios para quien pretende persuadir a los votantes y no a un gran elector. Silva Herzog es, como Muñoz Ledo, un hombre bien dotado para la función pública, pero troquelado en una cultura política -una manera de ser y hacer- que se extinguió en el país y de la que sólo quedan resquicios en algunos estados de la República, como Tabasco. No entiendo cómo pudo Silva Herzog ofrecer que en su gobierno todos tendrían empleo o cuando menos una beca.

Santiago Creel no se vio, aunque planteó la misma disyuntiva de Fox entre el bien y el mal, representado este último por el PRI y el PRD. Sus asesores debieran decirle que él se apellida Creel y no Fox, y que a diferencia del hombre de las botas, su talante de hombre correcto, joven y serio entra en conflicto con la sucesión de descalificaciones y ataques reiterados a priistas y perredistas por igual. El lenguaje duro y hasta impertinente que en Fox es gracioso, en Creel es artificial.

López Obrador en el Distrito Federal, como Fox en la contienda nacional, no parece tener la menor idea de las responsabilidades del cargo al que aspira. Quizá por ello Fox está dispuesto a prometer lo que sea, desde privatizar y no privatizar Pemex, y López ofrece crear un nuevo nivel de gobierno en el Distrito Federal, el gobierno de barrio, para "democratizar" la autoridad. El panorama político en la capital de la República es tanto o más lamentable que el nacional

Renward García Medrano es periodista.

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