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Campañas políticas animadas

María Cristina Rosas

Foto: Jim Cole/Time

Mientras que en México la presencia de los candidatos presidenciales en los medios de comunicación (incluyendo televisión, radio, Internet, prensa, etcétera) es algo que ya se convirtió en cotidiano, en Estados Unidos la contienda política que encabezan el actual vicepresidente Albert Gore y el gobernador de Texas George W. Bush está incursionando en nuevos espacios, tradicionalmente circunscritos al ámbito del entretenimiento. Es decir, cada vez más se politizan el cine, las series de tv y, por supuesto, los dibujos animados en coyunturas como la actual.

En estos tiempos hablar de dibujos animados en EU sin hacer referencia a Matt Groening es ocioso. El creativo papá de Los Simpson es una figura de gran prestigio, entre cuyos admiradores figuran el mismísimo William Clinton y el candidato a sucederlo, Albert Gore. Groening ha sido invitado en innumerables ocasiones a la Casa Blanca como huésped distinguido de los Clinton, con quienes ha comentado sus motivaciones para crear a figuras como Bart Simpson, el pequeño demonio a quien la revista Time incluyó en la lista de los 100 personajes más influyentes del siglo XX.

Los Simpson cumplieron diez años al aire y gracias a la influencia de los medios de comunicación se han convertido en una verdadera institución en la cultura popular estadounidense y también (por obra y gracia de la globalización) en el mundo. Inclusive en un país donde el fundamentalismo islámico prevalece, como Irán, Los Simpson forman parte de la oferta de entretenimiento para los televidentes árabes.

Que a los Clinton les gusten Los Simpson ya no es noticia. Tanto William Jefferson como Hillary han sido motivo de mordaces referencias en la serie televisiva, por ejemplo cuando Clinton aparece vagando por las calles (acompañado rigurosamente de sus guardaespaldas) tocando el saxofón, o bien cuando corteja a Marge (en el marco de la crisis que suscitaron sus relaciones impropias con Monica Lewinsky). En 1996, con motivo de la contienda electoral, un episodio del programa estuvo dedicado a William Clinton y Robert Dole, quienes fueron secuestrados por extraterrestres.

Es probable que algunos de estos episodios no hayan sido tan del agrado del Presidente, pero ante el conservadurismo que ha asumido en algunas políticas públicas, le hace mucha falta aparecer ante el electorado como liberal y tolerante, situación que marca una considerable diferencia respecto de su antecesor, George Bush padre, quien públicamente no sólo dijo que Los Simpson no eran de su agrado, sino que éstos proyectaban una imagen de EU que no corresponde a la realidad. Matt Groening y su equipo de colaboradores se dedicaron a criticar sin piedad los comentarios de Bush padre, al punto de que en un episodio, cuando éste se muda al vecindario de Los Simpson llega a tener una enemistad tan grave con Homero, que ambos terminan liándose a golpes ante la mirada atónita de Mijail Gorbachov.

Pero hay un hecho destacable en todo esto: por más que a Clinton le gusten Los Simpson, él nunca ha hecho una aparición en la serie con su propia voz. La idea no es tan descabellada, considerando que buena parte del establishment de Hollywood es pro Clinton y sobre todo porque ya es una práctica cotidiana que las celebridades aparezcan en episodios de Los Simpson.

Ilustración: Wired

Albert Gore acaba de cruzar esa línea que difícilmente podría ser igualada por su contrincante George W. Bush. Gore se declaró fan, casi adicto, a la nueva serie creada por Matt Groening, Futurama, la cual ha sido recibida con poco optimismo por los amantes de Los Simpson. Sin embargo, la serie es una consecuencia (y, de hecho, secuencia) de los hijos predilectos de Springfield, dado que muchos de sus caracteres son una versión simpsoniana ubicada en el año 3000. Cabe destacar que Futurama es una serie que le viene bien a Gore por varias razones. En primer lugar, él es un defensor de la innovación tecnológica (tema satirizado con gran acierto en la serie). Asimismo, mantiene viva la llama de la rivalidad con los Bush, a quienes muchos los consideran excesivamente conservadores e incluso retrógadas por los comentarios de George padre sobre Los Simpson. En estos tiempos, ser fan de Homero, Marge, Bart, Lisa y Maggie es cool, y más importante: es políticamente correcto. Y ser fan de Futurama implica estar un paso adelante del adversario.

Matt Groening, al escuchar los comentarios de Gore, se puso en contacto con él para preguntarle si estaría dispuesto a participar, en persona, en un episodio de Futurama. Gore, en un estilo bartiano seguramente exclamó: "Cool, man!", y se metió al estudio de grabación, en un suceso sin precedente en la historia de las contiendas electorales presidenciales. En el episodio de referencia, Fry, el repartidor de pizzas que por azares del destino cayó en una máquina criogénica que lo transportó al año 3000, se pregunta cómo habría sido su vida en 1999 (Fry sufrió el "accidente" el 31 de diciembre de ese año) si no hubiese llegado al futuro. Y ese es el pretexto para llevar de vuelta a Fry al año 2000, donde presencia la contienda electoral presidencial en EU y entabla un diálogo con Gore.

El episodio fue transmitido en EU el pasado domingo 21 de mayo y ha sido ampliamente comentado. Hay quienes dicen que los candidatos ya han "contaminado" excesivamente los espacios de que gozan los estadounidenses para el esparcimiento y que ver a Gore en Futurama es el colmo. Otros consideran que es muy astuto de su parte aparecer en esta serie, pues cualquier publicidad (y sobre todo si es controvertida) es buena.

Muchos se preguntan si éste es el preámbulo para que Gore haga también una aparición en Los Simpson. De hecho, por lo menos en un par de ocasiones ha estado presente, aunque no con su propia voz. Empero, parece difícil imaginar que una serie donde la irreverencia es la norma, el vicepresidente estadounidense esté involucrado en cuerpo (animado, al menos) y voz. En ese sentido, Los Simpson son un espacio más propicio para el sarcasmo y muchas de las cosas dichas por la familia amarilla en torno al sistema político estadounidense no son lo que a un candidato presidencial le gustaría escuchar. Lo irónico del caso es que sin Los Simpson, Futurama jamás habría podido existir ni Gore habría hecho la aparición más polémica de su carrera como un dibujo animado que, dialogando con Fry, otro dibujo animado, intenta influir en el electorado estadounidense para obtener la victoria en los comicios de noviembre.

¿Y saben qué? Es muy probable que lo logre. En tanto la economía estadounidense se mantenga en expansión y la popularidad de William Jefferson y de Hillary sean tan grandes, Gore está a un paso de ser el nuevo huésped de la Casa Blanca. Pero como dicen en un conocido comercial de televisión... ésa, es otra historia

María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx

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