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¿Es posible la
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Un año en campaña
Escasa oferta económica

Joy Langston

Foto: Santiago Salmerón/Contraluz

La campaña del candidato a la Presidencia de la República del Partido Revolucionario Institucional ha durado más de un año. Francisco Labastida ha estado en una constante lucha para obtener la silla presidencial desde que inició en su partido la elección primaria abierta en contra de Manuel Bartlett, Roberto Madrazo y Humberto Roque Villanueva. La pelea por lograr la candidatura a la Presidencia le ayudó al ganador a pesar de los duros golpes que se dieron entre Labastida y Madrazo. Estos rounds entre los contendientes proporcionaron un buen espectáculo que captó la atención de muchos votantes potenciales. A pesar de los reclamos del candidato de Tabasco, no hubo ruptura y los supuestos diez millones de votantes (en su mayoría priistas, según las encuestas de salida) le dieron gran impulso al candidato del tricolor.

Además, los priistas encargados de dar el spin después de la primaria de noviembre del año pasado han celebrado con bombo y platillo la gran ironía política que vivió el partido oficial: el PRI había abierto su selección a más de un candidato invitando al pueblo mexicano a tomar la decisión, mientras que los dos partidos de oposición más importantes, el PAN y el PRD, seleccionaron a sus candidatos respectivos a la antigüita: un candidato y un resultado predeterminado. Labastida entró a la campaña real con ventaja impresionante: podía argumentar que él era el candidato del "nuevo PRI" cuya candidatura era producto de una decisión democrática y ya tenía el reconocimiento y aprobación de millones de votantes.

En los primeros meses de la campaña de este año, Labastida y su equipo utilizaron dos instrumentos para difundir su mensaje: el primero fue pequeñas reuniones con líderes sociales, económicos y, por supuesto, políticos; el segundo fue los medios electrónicos. Hay varias razones que explican por qué el candidato del PRI no buscaba "ganar la plaza" en actos masivos como los otros. Primero, el candidato del PAN, Vicente Fox, cometía varios errores en sus declaraciones públicas, haciendo que Labastida se beneficiara solamente cuidando sus palabras. Segundo, los de su equipo temían que para organizar las masas había que utilizar viejos métodos de "acarreo" que no compaginaban bien con el "nuevo PRI" y tampoco se le tenía al candidato como gran orador. Finalmente, con el uso de los medios masivos de comunicación se puede llegar a millones de mexicanos en literalmente segundos, y por eso no se veía la necesidad de movilizar y organizar grandes actos, por lo menos al principio. Por otro lado, Fox y Cárdenas sí recurrían a actos masivos con más frecuencia para arrancar y encender sus campañas.

Curiosamente, considerando su desempeño en el debate de abril, en los primeros meses de campaña, el candidato por el PRI tenía un mensaje político de propuestas positivas, ofreciendo principalmente una mayor inversión en programas de educación y de seguridad pública. Estas fueron sus propuestas prospectivas (promesas al futuro); sin embargo, para algunos analistas hubo una ausencia rara en términos de no subrayar el desempeño en el poder de la administración del presidente Ernesto Zedillo (en la que Labastida jugó un papel importante en dos secretarías). Mientras el candidato llamó la atención al peso de su experiencia personal como político con amplia capacidad para gobernar al país, básicamente ignoró el desempeño en materia macroeconómica del PRI y Zedillo de 1996 en adelante.(1)  De hecho, no ha concentrado mucho de su oferta política en asuntos económicos.

La segunda etapa de las campañas empezó con el debate de finales de abril. Los debates sirven para conocer a los candidatos no en sus spots televisivos, ni en sus fotos sonrientes, sino bajo las luces, sudando, frente de millones, tratando de mantener la cordura, mientras intentan atropellar a los otros. Es fundamental el debate porque las condiciones son menos controladas por los candidatos, hay comparación directa y ataques que tienen que ser respondidos frente a millones de votantes que están viendo (aunque sea por unos minutos). Labastida entró al debate con una fea sorpresa: la última encuesta de Reforma mostró una especie de empate técnico entre los dos primeros partidos, lo que significaba que Fox se había comido casi toda la ventaja con que Labastida inició la campaña. Labastida tenía que ganar el debate para erradicar la buena imagen de Fox frente al electorado. Desafortunadamente para el PRI, el candidato o su equipo decidieron utilizar únicamente ataques para minar la imagen de Fox y peor aún, Labastida repitió los adjetivos que Fox había dicho en su contra: los ya famosos "mariquita", "Lavestida" y "chaparro". ¿Y los otros ataques? Fox los debatió con facilidad. Sin dar una idea hacia dónde iba México, el candidato por el PRI había dejado que Fox se construyera una imagen presidencial con el electorado.

Después del desastre del debate hubo cambios importantes tanto en las estrategias como en las técnicas de la campaña. Primero, el cambio de equipo. Los que estaban antes del debate fueron trasladados a otros puestos (Esteban Moctezuma se queda con la agenda), y "nuevos viejos" fueron reclutados para salvar lo que se veía como un barco hundiéndose. El problema con las nuevas piezas como Manlio Fabio Beltrones, Murillo Karam y Manuel Bartlett no son sólo sus presuntos vínculos con los elementos más oscuros y turbulentos del régimen priista ni por supuesto su gran experiencia política (nada de tecnócratas nice aquí), sino las señales que mandan a los votantes, a los observadores políticos y a los grupos económicos de mayor importancia. Fox había ganado un round de la pelea por ser el dueño de la noción de "cambio" y después de los cambios del equipo fue difícil argumentar que Labastida representaba las fuerzas de cambio o renovación en México. El mensaje de los nuevos viejos ha sido mucho más fuerte que antes. Bartlett salió golpeando: que Fox representa un proyecto sospechoso antinacional -una acusación fuerte en contra del patriotismo del candidato del PAN-.

También ha cambiado la manera de conocer la oferta política -tanto promesas como ataques-. Labastida se vio obligado a aceptar la ayuda de su amigo Carlos Hank González y del actual gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, en un mitin masivo en la plaza de la capital del estado organizado por los grupos políticos mexiquenses. Peor tantito fue llegar a Villahermosa para revivir a Madrazo en un acto al cual también asistieron cerca de 20 mil personas. En todo el país Labastida está dependiendo cada vez más en la estructura territorial para atraer votos.

Durante mayo, el equipo de Labastida ha podido responder mejor a los ataques de los opositores y salir con más y mejores mensajes en la televisión. Su tiempo en los medios electrónicos ha subido bastante en comparación con los otros candidatos. Aun mejor para el PRI, el candidato del PRD parece haber tomado la decisión de que es mejor que gane el PRI a que gane el PAN y ha estado golpeando tanto a Fox como a Labastida. El panista también está cometiendo errores después de su buen desempeño en el debate de abril, especialmente en turno a los detalles del segundo. Como consecuencia de los ataques de un rival y los errores del otro, Labastida sale beneficiado, lo cual podría ser la diferencia en el marcador para el 2 de julio. Sin embargo, con un mes más de campaña, con los humores más acalorados, y con los tiempos y las encuestas encima, cualquier cosa podría pasar entre hoy y el día de las elecciones

 

Nota

1 Por la crisis de 1994-1995 se puede entender la estrategia de Labastida. Sin embargo, el actual Presidente goza de altas calificaciones en encuestas de opinión pública, y la economía está creciendo bien a pesar de la crisis asiática de 1998.

 

Joy Langston es investigadora del CIDE.

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