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ideas en campaña con el candidato campaña en el DF
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campaña en el interior La era del cierre
Gustavo Ogarrio
Las estrategias en las campañas políticas tendrán que apuntalar sus supuestos principales y su operatividad en aspectos donde los saldos políticos no han sido favorables, además de prepararse discursivamente para los cierres de campaña en distintas partes del país. Por ejemplo, la disputa en Nuevo León entre el PRI y su ex gobernador Benjamín Clariond se orienta en función del reacomodo que el tricolor ha venido intentando. Si la corrupción en la administración pública se convirtió en un emblema del priismo histórico, el desmarcaje que Bartlett intenta realizar en aquella entidad entre la historia del PRI y sus consecuencias gubernamentales, parece una estrategia nítida de campaña: el PRI renegará decididamente de aquellos priistas que le causen problemas por el dudoso ejercicio de sus funciones como gobernantes o servidores públicos. En el caso de Morelos, la sombra de Carrillo Olea va siendo retirada del lenguaje priista por el candidato del PRI a la gubernatura. Aun así, y ante la desventaja del tricolor en las preferencias electorales y el repunte panista apoyado en la imagen de Fox, el desmarcaje será doblemente difícil. Evidentemente, tal movimiento de desmarcaje por parte del PRI tiene límites, pues en el caso de militantes fundamentales para la maquinaria priista, como el mismo Bartlett y el multiseñalado Oscar Espinosa, tal estrategia se ha convertido en un blindaje que lo único que demuestra es que su intocabilidad será mancillada mediante mecanismos y escenarios más complejos y comprometedores para el priismo. La tendencia de la oposición a recordar sistemáticamente los alcances negativos del tricolor se concentra también en una estrategia global de campaña. La tendencia fue demostrada a plenitud en el debate, y agudizada por el deslinde que con respecto del PRI realizó Cárdenas, además de causar casi mecánicamente el reposicionamiento de Fox después del "martes negro", así como su supuesta definición en temas como el petróleo, la educación y el Fobaproa. Para el candidato del PAN, el oxígeno que le ha dado a su campaña el acotado desempeño en el debate no ha resarcido del todo el daño en el imaginario político, que lo visualiza ya como un candidato con altas dosis de intolerancia y con poco margen de maniobra en circunstancias adversas, y que al ser explotado por el PRI y su avanzada televisiva de candidatos al Senado, anuncia un escenario difícil para el panismo: si antes la estigmatización de Fox como candidato a vencer le protegía de sus propias contradicciones, ahora la demostración pública de su intolerancia le colocan como un político con mayor fragilidad y de probada tendencia al autoritarismo. Fox ahora recorre el interior del país para reapropiarse del discurso de la alternancia y del antipriismo. Es un consenso en la opinión pública que quien mayores beneficios obtuvo de esa "semana histórica" fue Cárdenas. Tal situación ha generado que el ingeniero y su equipo de campaña se muestren más agresivos en el manejo de medios, además de poner al día el perfil histórico de Cárdenas y del mismo PRD. Este repunte también ha permitido la abierta conciliación entre dos horizontes de la campaña cardenista: el desplazamiento exhaustivo por el interior del país tendrá que empatarse con la imagen mediática de un Cárdenas decidido a postular las diferencias profundas entre su proyecto político y el de Fox y Labastida. Además, la gran interrogante será, sin duda, si la estructura del partido en el país se encuentra a la altura del repunte del ingeniero. El debate también ha permitido actualizar la lectura de los proyectos políticos al tiempo de hacer visible el trasfondo histórico operante en cada uno de los perfiles presidenciales, cuestión que será fortalecida, o en su caso desvanecida, por las estrategias regionales de cada partido. Así, los estados esperan el cierre de la contienda política amparados en las contradicciones propias de cada entidad y en los límites y abusos de la retórica política de los aspirantes a otros escaños en la pirámide política del país Gustavo Ogarrio es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. |
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