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Frontera impresa y literaria
Editoriales del norte

Eve Gil

La estrategia para combatir el centralismo comienza desde quienes se asumen afectados: los escritores del norte -históricamente ignorados, ¿ninguneados?- empiezan a descollar en el ámbito de las letras nacionales con interesantes proyectos editoriales que han brotado del forcejeo cultural que se vive en la frontera. Un ejemplo notable de ello podrían ser los autores neoleoneses que fundaron la editorial made-in-Monterrey, ediciones Castillo, que es la primera editorial de provincia que se distribuye a lo largo y ancho del país y ha enganchado, con su atractivo visual, a los fetichistas del libro (que no siempre son lectores fieles). Sin embargo, Castillo no sólo divulga el trabajo de escritores nativos: ha publicado, entre otros, los tres últimos libros de la maravillosa Elena Garro, entre ellos su novela póstuma: Mi hermanita Magdalena.

Hay otra editorial norteña, tijuanense para más precisión geográfica, que con poco presupuesto publica libros de bolsillo de material más económico pero que, al igual que ediciones Castillo, empieza a rebasar fronteras: ediciones Yoremito.

Empezando por el nombre, esta editorial dirigida por el prestigiado escritor Luis Humberto Crosthwaite hace un discreto homenaje a la literatura que se gesta en aquellos lares: Navegación en Yoremito es el título de un extenso poema épico de Abigael Bohórquez, excelso poeta sonorense que representa para su estado lo que Jaime Sabines para Chiapas. Bohórquez, que murió en la pobreza más humillante, vejado por las autoridades culturales por su condición homosexual, inspiró, con su leyenda de poeta maldito, antes de morir incluso, a diversos escritores jóvenes, Crosthwaite entre ellos. Ediciones Yoremito tiene en su catálogo a escritores oriundos del norte de la República, unos conocidos, otros no tanto (entre ellos están los títulos publicados: Buten smileys, de Rafa Saavedra; Gancho al corazón, de Roberto Castillo Udiarte, y Tríptico gótico, de Francisco José Amparán); las temáticas, por lo general, hacen alusión a la problemática y visión de la frontera. Además de su pequeño tamaño, se caracterizan por ser de corta extensión. Sin embargo, Crosthwaite ha sabido mantener un nivel de calidad óptimo en cada uno de sus números; de hecho, ha evitado caer en un error en que por lo general incurren las pequeñas casas editoriales: privilegiar a los amigos. Crosthwaite cuenta con un concurso anual, abierto a todos los escritores de la República con resonancias fronterizas, del cual anualmente surgen varios títulos. El monto del premio es bastante generoso (cada año aumenta), tomando en cuenta la novedad y la cortedad del presupuesto con el que cuenta la editorial. Con esto, Crosthwaite no sólo se ha convertido en algo así como pionero de la difusión literaria de su región sino que, además -consciente del valor intelectual y estético de todo trabajo literario- retribuye éste en la medida de sus posibilidades.

Sin embargo, Crosthwaite no es el único norteño que cumple tan loable función: en Sonora hay editores muy respetables, casi mártires de este quehacer que en aquellos lares resulta, cuando no labor ignorada, sí menospreciada: Raúl Acevedo Savín y el muy joven Carlos Sánchez han sacado del anonimato a jóvenes escritores que nunca creyeron contar con la posibilidad de ver publicado su trabajo a manera de libro. El primero -creador de la lujosa Oasis, primera revista literaria de Sonora- ha tenido que sortear una serie de grillas políticas de primer orden que le valieron, en su momento, la expulsión del alma mater; el segundo -creador del concepto La Cábula, revista pequeña, con portada de cartoncillo, de deliciosa rusticidad que, sin embargo, cuenta con colaboradores de la talla de Federico Campbell y Ricardo Yáñez- sobreponerse a una precaria situación económica para crear, con los materiales más modestos (una caja de huevos, por ejemplo), verdaderas obras de arte impreso. Actualmente Carlos ha invertido sus ahorros en una imprenta con la que pretende poner en marcha la editoral La Cábula. Desde la selva de asfalto, nuestra sincera admiración para estos promotores de la cultura y la literatura que han sabido sortear los avatares de una sociedad metalizada y poco creativa, para alimentar el espíritu de sus coterráneos

Eve Gil es periodista y escritora. Correo: botticelli16@yahoo.com

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