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punto de fuga

Trama y urdimbre del espíritu
Dibujos de Louise Bourgeois

Rocío Cerón

I have been to hell and back.
And let me tell you, it was wonderful.

L. B.

Femme maison, 1947

Las líneas (al igual que las ideas) son el principio del mundo. Esbozar, incurrir, dar forma, son vías para configurar una respuesta a la incógnita -aunque todo acertijo tiene múltiples brechas-. Louise Bourgeois (París, 1911) es una artista que descubrió en el dibujo una manera de asir los recuerdos, un sitio del cual partir y al cual volver después de la exploración. Conocida principalmente en su faceta de escultora, Bourgeois jamás ha dejado de lado su relación iniciática con el trazo. Desde pequeña su talento plástico fue reconocido: en el ateleier de tapices de su padre participó como dibujante de las imágenes de tapetes y gobelinos que debían ser restaurados. Es muy probable que estos años de infancia y adolescencia hayan marcado no sólo el trazo hilado y el tramado de sus dibujos, igualmente, la relación amorosa, protectora, con su madre (que, según sus propias palabras, originó su serie de dibujos, esculturas e instalaciones llamada Spider), la tensión y tiranía que ejerciera el padre (por cuyo mandato Louise, sus dos hermanos y su madre tuvieron que guardar silencio ante la relación extramarital del padre y la institutriz de los niños) dieron como fruto una particular forma de ver la vida donde la premisa para la artista es la incertidumbre.

Los dibujos de Bourgeois tienden hacia la evocación -siempre poética- de los recuerdos autobiográficos y, a partir de las formas (en las cuales, en realidad, no hay sujetos sino sólo sugerencias) y del juego que ejercen en la abstracción del espacio, la artista realiza exorcismos -de tipo emocional- donde la reconfiguración del pasado sirve para liberarse de él. Líneas y contornos se transforman en lenguaje de la memoria. Los dibujos están ahí como notas recordatorias de vida, como amuletos que libran de la culpa y del miedo. Dibujar, para Bourgeois, es un acto que le permite andar por la senda del tiempo, trae al presente sus demonios y los encamina hacia el trazo, los plasma, les da cuerpo y, al hacer esto, los confina a ser imagen. Al encarnar (interpretar) los temores y deseos, elementos de la vida diaria, esto es, el transcurrir de las emociones, de la percepción y, sobre todo, el diálogo que construye con el otro, los otros, sus dibujos muestran una fragilidad aparente, un dejo de esbozo inacabado y justo ahí es donde radica su virtud, en la imperfección de su tono humano.

Spider, 1994

Desde los años 40 Louise Bourgeois ha presentado una obra fraguada desde los polos: espacios íntimos y cerrados, imágenes femeninas y masculinas casi siempre fragmentadas, trazos suaves y agresivos. Después de haber pasado por La Sorbona, donde estudió matemáticas y geometría, se percató que, inclusive en las matemáticas, había variantes, es decir, que los símbolos de certeza que ella ansiosamente buscaba no existían. A partir de ello, su dibujo y pintura parten de un punto racional que es precipitado por el miedo; las imágenes recurrentes de Bourgeois son el engranaje entre los recuerdos emocionales y una mirada racional de las circunstancias. La relación de Bourgeois con el mundo que la rodea parte del principio femenino, de la guarida (la casa) aunque en ella también se guarde (en las paredes, en su estructura) el principio masculino (phallos). En sus dibujos no hay identidades sino partes, espejos que nos regresarán el rostro verdadero que escondemos siempre. Curvas y cavidades semejan una simétrica textura plumaria, líneas que forman el vasto camino paralelo de relaciones de las personas. Dibujos que alcanzan un nivel mítico por su lenguaje psicológico.

Para Bourgeois la condición fundamental del hombre es el miedo que, paradójicamente, antes que incitar al estatismo activa a la acción, al movimiento. Si bien, la escultura ha representado para la artista una forma concreta de lucha y exorcismo (tallar y pulir el mármol, por ejemplo) el dibujo le ha permitido convocar a sus fantasmas y atraparlos es un ejercicio sutil -el de la mano- que, a través de crayones, tintas, lápices y acuarelas, atrapa la esencia de los recuerdos. En la quietud, una imagen de cabello es igualmente el cristal hacia la infancia. El mundo de Louise Bourgeois está formado por la amalgama de imágenes de objetos concretos y de líneas que, oníricas, nos llevan de vuelta al inconsciente. Metáforas visuales, en los dibujos de Bourgeois la ciudad es una mujer, una cabeza es casa, la inmensa araña es protectora de los niños, las plumas son personas que juegan por los edificios, la espiral es ojo. Trazos y líneas que nos muestran un mundo donde lo cotidiano y hasta lo terrible se vuelven entrañables. Puro derroche de imaginación, humor y belleza

Si estás interesado en ver dibujos de Louise Bourgeois, accesa al sitio www.uampfa.berkeley.edu/exhibits/bourgeois

Rocío Cerón es poeta. Correo: uraniarc@yahoo.com

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