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Comunidad segura
La gente no confía en el aparato judicial

Carlos Garza Falla

Foto: Edgar Medel

Un grupo de académicos de la UNAM, entre los que me encuentro, coordinados por Nelia Tello, se ha dado a la tarea de impulsar la puesta en práctica, en una zona popular de la ciudad de México, de un modelo de trabajo social denominado "comunidad segura".

El modelo en cuestión parte de constatar en primer lugar que los mexicanos reconocemos el problema de la inseguridad como el más importante de los últimos años, aun por encima de las dificultades derivadas de la crisis económica.(1) En segundo lugar, del análisis crítico de las estrategias que desde el poder se han impulsado en los últimos años, las cuales tienen como sello, independientemente del partido político que se encuentre atrás de ellas, abordar el asunto de manera parcial y fragmentada. Las más de ellas se centran en uno de los actores, el policía, y le apuestan a la idea de que incrementando los recursos en esta área se estará en mejores condiciones para contender con aquello que genera y provoca la inseguridad.

El planteamiento es a todas luces insuficiente e inadecuado toda vez que como los hechos lo confirman, la carrera entre recursos para delinquir contra recursos para frenar la delincuencia es una carrera en favor de los primeros sobre todo si de delincuencia y crimen organizado hablamos, el cual hoy es caldo de cultivo de la que podría denominarse delincuencia común y corriente.

A partir de los dos elementos enunciados el tercero del modelo comunidad segura se centra en la hipótesis de que sólo una estrategia que se aproxime al problema de manera integral puede aspirar a tener resultados en el corto plazo, de otra forma el desface en las acciones, que es lo que implica estrategias fragmentadas, se convierte en una desgastante carrera en pistas paralelas que nunca tienen puentes de comunicación.

Pensemos en lo siguiente. Muchas de las aproximaciones empíricas al problema de la inseguridad en nuestro país -así es el caso de la que el equipo coordinado por Tello obtuvo en la zona donde se está trabajando- reflejan percepciones que sin lugar a dudas se pueden calificar de cercanas a la esquizofrenia social.

Por una parte, se tiene una percepción muy negativa del policía y de su hacer a grados tales que no se duda en señalarlo como factor contribuyente a las situaciones de inseguridad y en términos de confianza en las instituciones suele ubicársele en el rango de las que menor confianza le inspiran a la sociedad. Por otra, ante la indagación específica de cómo contrarrestar la inseguridad en un espacio concreto, lo que se propone es incrementar la vigilancia policiaca.

Lo anterior pone en evidencia, así lo asume el modelo comunidad segura, que se requiere incidir en los nichos de interacción policía-sociedad con la intención de resignificar la relación de tal forma que se puedan impulsar acciones conjuntas de prevención del delito, creación de un clima de seguridad y, sobre todo, de construcción de una verdadera cultura de la legalidad que nos permita disfrutar al máximo todas y cada una de las posibilidades que la convivencia social implica.

Hablar de la construcción de la cultura de la legalidad a propósito del tema de la inseguridad no es gratuito toda vez que se trata del soporte básico de la convivencia social.

Se trata evidentemente de una cultura de la legalidad que debe pervadir al todo social y no sólo algunas de sus partes, que debe minimizar la desconfianza entre los miembros de la sociedad y de éstos hacia las instituciones. Ahora bien, como todos sabemos por experiencia personal, la confianza, tanto en otros individuos como en las instituciones, es algo que se construye mediante un tejer cotidiano de interacciones que requiere su tiempo para madurar, mismo que no guarda relación con el tiempo que se requiere para que la desconfianza emerja toda vez que ésta puede aparecer en un instante y puede estar fundada en elementos poco tangibles.

Sociedad insegura, sociedad desconfiada son hasta cierto punto dos caras de la misma moneda que requieren ser transformadas en sus raíces para dar lugar a sociedades que estén en condiciones de cumplir con sus fines últimos: brindar oportunidades a todos sus miembros de alcanzar niveles aceptables de bienestar.

Actualmente a la base de la incapacidad evidente del gobierno para hacer frente a la problemática de la seguridad existe un hecho incontrovertible: la sociedad no confía en su aparato judicial y de manera específica en su policía; a su vez, el aparato judicial y también específicamente la policía no confía en la sociedad. De aquí que el modelo comunidad segura al proponerse resignificar la relación sociedad-policía; policía-sociedad, lo que pretende es recrear espacios de confianza a partir de los cuales sean factibles acciones conjuntas de combate a la inseguridad, sean factibles acciones conjuntas que permitan reconquistar el espacio urbano que hoy la delincuencia en todas sus variedades y niveles nos ha expropiado.

El modelo comunidad segura es una experiencia micro ciertamente, pero por algún lado hay que empezar. ¿Qué no?

Nota

1 A este respecto son muy ilustrativos los datos que maneja la Fundación Arturo Rosenblueth, parte de ellos publicados en el último número de su revista, así como el "Termómetro capitalino" que el Centro de Estudios de la Opinión Pública", registra mensualmente en Este País.

Carlos Garza Falla es sociólogo, conductor del programa Deslinde que se transmite por Radio UNAM. Correo: igna5959@infosel.com.mx

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