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campaña en el DF

La era del cierre

Vale por sus propuestas

A menudo los partidos políticos pequeños son menospreciados. Acaso esto va más allá del engañoso pragmatismo que reduce la elección a los punteros, que considera que votar por una opción sin posibilidades efectivas de triunfo es un absoluto desperdicio. Y es que en un sistema tan históricamente acostumbrado a la uniformidad, al mayoriteo, la idea misma de minoría se ve con más sospecha que atención: como si la legitimidad dependiera de la cantidad y no de la causa. Sin embargo, su desprestigio también obedece a que en sobradas ocasiones su razón de ser no es suficiente para el común de los electores: el sentido de su existencia parece ser tan sólo la supervivencia política de esta o aquella figura personal; la conveniencia de quien se beneficia al dividir el voto opositor; o la de eventualmente fungir como fieles de la balanza. Su representatividad como organización, en consecuencia, queda en entredicho.

No obstante, hay alternativas cuya posición minoritaria escapa a todo lo anterior pero que, desafortunadamente, a veces son vistas con la misma mirada escéptica. Alternativas construidas sobre una propuesta concreta que pretende aglutinar a quienes no se ven representados dentro del abanico ya existente. Tal es el caso, por ejemplo, de Democracia Social.

Su candidata a la jefatura de gobierno del DF, Tere Vale, ha planteado un par de propuestas como la despenalización del aborto o el reconocimiento jurídico de las parejas homosexuales que, si bien como tales no constituyen una plataforma de gobierno, llaman la atención por su originalidad. Sobre todo tomando en cuenta la escasa popularidad de dichas medidas en una sociedad tan conservadora como la nuestra y la homogeneidad en cuanto a ideas que ha caracterizado las campañas electorales por el gobierno de la capital.

Estratégicamente la oferta le da proyección a la candidata, la ubica dentro del espectro político y la desmarca de los demás competidores; cuestiones todas primordiales para un partido cuyo objetivo central es sobrevivir. En términos programáticos, además, una postura tan tajante en torno a temas tan controvertidos justifica su postulación, le da una voz particular a su presencia. Y aunque ésta sea minoritaria es imposible no reconocerle cierta representatividad, se esté o no de acuerdo con ella.

La suya es una campaña que, frente al agotamiento natural del resto, despide una vitalidad que resulta contundente en los momentos más equitativos del proceso, cuando la igualdad de condiciones entre los aspirantes se pone por encima de los sesgos que introduce en la competencia la hegemonía tripartidista. En el debate, mientras los demás candidatos insistían en repetir lo que ya habían dicho antes, Tere Vale hizo valer su condición minoritaria, aprovechando la oportunidad para sorprender con un mensaje fresco y una actitud diferente a la del resto. En una campaña de duración tan larga, sólo quienes presentan algo nuevo pueden llegar hasta el final sin aburrir al público. No es cierto que una contienda así de prolongada sobrepolitice el ambiente; al contrario, lo que termina provocando es una apatía cansada de contemplar una competencia cuya estridencia, lejos de ocultar su falta de contenidos, la hace más evidente.

Así, el relativo desconocimiento de su candidatura le permitió a Tere Vale sorprender con la presentación de un proyecto cuyo brillo opacó a los otros. Con seriedad, la candidata expuso sus argumentos, delineó decididamente su perfil ideológico, se defendió con elegancia y sin caer en las burdas provocaciones de las que llegó a ser objeto. No teniendo nada que perder, Tere Vale hizo patente la viabilidad de su candidatura, la cual contrastó con el anonimato característico del candidato del PARM, Alejandro Ordorica -quizá deliberado, pero no por ello menos radical- en el que ni siquiera la ambigüedad se pudo tener por cierta

Carlos Bravo Regidor estudia Relaciones Internacionales en El Colegio de México. Correo: cbravo@estud.colmex.mx

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