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¿Es posible la
derrota del PRI?

Guadalupe Pacheco Méndez


Las piedras en el camino
Héctor Ceballos Garibay


Por qué votar por él
Dulce María Sauri Riancho


Un año en campaña
Joy Langston


El prisionero
Yuriria Sierra


Un hombre institucional
Laura Baca Olamendi

 

 

 

 

 

 

 

Alerta roja
Los hombres (y la mujer) alrededor del candidato

Carmen Aristegui

Foto: Cortesía de La Crónica de Hoy

El candidato del PRI a la Presidencia de la República, Francisco Labastida Ochoa, ha tenido a lo largo de todos estos meses de precampaña, campaña interna de su partido y campaña para el proceso constitucional una lista más o menos nutrida de retos, fantasmas y obsesiones. Una revisión de los personajes y situaciones que han marcado este proceso ayuda a ubicar a este aspirante en su tiempo y circunstancia a sólo algunas semanas de que llegue esa fecha casi mágica del 2 de julio, cuando buena parte de la sociedad esá apostando al rumbo del país. ¿Qué, quiénes y cómo han marcado a Labastida en todo este tiempo? Hagamos un recuento.

Vicente Fox. El fantasma de la derrota encarnado en un ranchero urbano. El candidato panista se ha convertido en el referente obligado para cualquier decisión de campaña. El principal reto que se entiende, por supuesto, recíproco. Encuestas, giras, declaraciones, improperios. Todo en función de Fox y viceversa. La parte más costosa de operar en función del contrario la vimos en el debate. Aquello de reproducir los insultos del adversario en voz del ofendido y, a su vez, tratar de lastimarlo con lo de "me recuerdas al viejo PRI" tuvo un efecto devastador para la evaluación del ejercicio. La estrategia de cambiar los papeles y presentarse como el atacante contribuyó a alimentar el ánimo de que efectivamente la alternancia es factible en la contienda del 2000. Después del primer debate, Fox se transformó de adversario serio a obsesión mayor. Labastida está en alerta roja. Por primera vez ha aceptado hablar públicamente del escenario de la derrota.

Roberto Madrazo. El gobernador del descrédito que gracias al marketing y recursos multimillonarios dio una batalla que acabó por favorecer a quien él mismo llamó "candidato oficial". Labastida se tuvo que tragar toda clase de agresiones, incluso que le llamara "perfecto fracasado". Sin embargo, obtuvo un activo fundamental en tiempos de excepción para el PRI: credibilidad. Se logró un capital nada despreciable con el anuncio de una contienda convincente y el reporte, que no todos creyeron, de diez millones de votos. Madrazo fue molesto pero sirvió.

Carlos Salinas. Una verdadera obsesión. El deslinde en todos los tonos y en todos los foros posibles del "villano favorito" es algo que más que favorecer a Labastida lo ha puesto en evidencia. Este candidato que "sí nos ve y sí nos escucha" ha abusado de la denostación al ex Presidente en un afán de capitalizar el repudio social sin medir el efecto que causa haber compartido partido y ahora hacer equipo con los mismos que lo hicieron con el hoy despreciado. El "antisalinismo" de los "salinistas" suena a hipocresía.

Colosio. La muerte no borra el real proyecto de Luis Donaldo. Que Labastida pretende disociar y erigirse en heredero del PRI de Colosio y rechazar al PRI de Salinas hace pensar que, o quiere aprovechar la sensibilidad que perdura por el asesinato del ex candidato entre la gente, o implícitamente abona las sospechas de la presunta responsabilidad del entonces Presidente. Como sea, el "antisalinismo" y el "colosismo" de Labastida han sido una de las partes más intencionadas y dirigidas del diseño de su estrategia. El ha reconocido: son mis emblemas.

Zedillo. A diferencia de Gore en EU, quien a últimas fechas ha reconsiderado su distancia con el Presidente y ahora insiste en decir que "en el gobierno de Clinton-Gore... sucedió tal o cual cosa" para beneficiarse de los logros de su compañero, en el caso de Labastida, Zedillo se ha convertido en un ausente. Ni siquiera en el debate se mencionaron logros de esta administración. Labastida prefirió ser heredero de Colosio que de Zedillo.

Foto: Salvador Castellanos/Silva

María Teresa Uriarte. Mucho más protagónica que cualquiera de las otras aspirantes a primera dama. Sobradamente más expuesta que Nilda Patricia Velasco, la esposa de Labastida parece una herramienta peligrosa para los estrategas del PRI, que bien a bien no saben que hacer con la inteligencia femenina. No se acaba de medir el efecto en el electorado de quien le dice públicamente a su marido que "no se le olvide que ella tiene cerebro y lo usa". Indudablemente preparada, su principal defecto es ostentar de ello. Es ella una influencia real en este candidato. Además ha desarrollado una estructura propia de proselitismo conocida como Redes 2000. Ella misma va por votos y ella misma asume posiciones. A Fox ya lo equiparó con Santa Anna y decidió subirse al ring.

Emilio Gamboa-Esteban Moctezuma. Permanentemente se ha insistido en un enfrentamiento entre estos dos colaboradores. La fama y trayectoria de ambos es ciertamente contrastante. La decencia y la sospecha coexistiendo a la diestra y siniestra del candidato. Una batalla que por los reacomodos recientes parece haber perdido Moctezuma pero no ganado Gamboa. Los verdaderos victoriosos de este desfase son los de reciente arribo. Los relegados que toman posiciones. La vieja guardia en pleno que manda al bote de basura la oferta de un nuevo PRI. Como sea, la presunta animadversión de Gamboa y Moctezuma ha acompañado sin descanso esta campaña. La ruptura en casa.

Los Hank. ¿Pues no que ni a la esquina? El miércoles 26 de abril Labastida se reunió con la mayoría de los ex gobernadores mexiquenses. En Toluca se abrazó y departió con el profesor Carlos Hank González, el principal respaldo de Roberto Madrazo en la campaña interna, a decir del equipo de Labastida. Meses atrás desairó públicamente el apoyo ofrecido por Jorge Hank Rhon a su campaña y claramente dio a entender que no quería nada con ellos. Labastida tuvo que pasar el duro trance de tragarse sus palabras.

Roberto Albores Guillén. En el más puro síndrome del "no me ayudes compadre", el interino del interino en Chiapas se ha convertido en la actuación pública más embarazosa para Francisco Labastida. Lo grotesco de sus torpezas, presuntamente en favor de quien lo impulsó, desde la Secretaría de Gobernación, no han hecho sino dañar a quien ofrece honestidad, transparencia y nuevas reglas. Más que obsesión o fantasma, el chiapaneco se ha convertido en la carga innegable de que el discurso no vence las inercias. Albores encarna exactamente todo lo contrario a lo que pregona su candidato. Supongo que es su pesadilla.

La imagen. Es Labastida quien muestra un cuidado mayor por esta faceta del marketing. Sonrisa impecable, un cabello que, por fin, encontró el tono adecuado y trajes inmejorables hacen en conjunto una perfección que se aleja del convencimiento.

Roberto Madrazo y Francisco Labastida

Inglés y computadoras. Una mala decisión propagandística se ha convertido en materia prima para toda clase de chistes a costillas del candidato. Son, por cierto, de las pocas cosas que quedan en la memoria de una nación, después del vapuleo propagandístico.

Secretaría de Gobernación. Labastida insiste permanentemente en mostrarse como un hombre con trayectoria. Habla de Sinaloa, de Agricultura y hasta de Portugal, pero evade el principal y más reciente cargo en el gobierno federal. En el dossier de su campaña apenas se dedican dos párrafos y medio a su desempeño en Segob. No están ahí Chiapas, UNAM ni guerrilla. Los fantasmas del fracaso.

Libros. Seguramente por provenir de una familia vinculada a la cultura y la academia, el candidato priista ha recurrido a los libros como arma de proselitismo. Desde el Pinocho para Madrazo y La breve historia de México para Fox cuando se presentó con Adal Ramones, hasta el Seductor de la patria y Mi siglo como lecturas supersónicas de Semana Santa. Además del propio, editado por Océano, con su ideario político. Sin olvidar al Labastida joven en sus primeros cuentos, como aquel de "Haber si duele la reata", todos han servido para desmarcarse de los demás contendientes. Yo sí tengo cultura.

Narcotráfico. Para bien y para mal éste ha sido un tema ineludible. En su fase positiva para exhibir valentía en la lucha contra el flagelo. En la negativa de sospecha. Como sea ha pesado más la primera que, además, ha sido reforzada por las declaraciones del zar antidrogas de Estados Unidos en su favor. La suspicacia mayor se enquista en algunos de su equipo.

Las encuestas. Después de semanas del primer debate todo lo que se mida siembra euforias y tempestades. La palabra más repetida por los críticos es: desesperación. Al momento de escribir esto, se conocía la primera encuesta pública postdebate. La agencia británica Reuters le daba a Fox casi cinco puntos arriba de Labastida y colocaba a Cárdenas apenas arriba de 9%. En esta recta final, el motivo de insomnio se materializa en números.

Este es apenas un recuento. Se pueden agregar otros elementos, pero agotamos aquí el ejercicio de revisión de lo que ha marcado obsesivamente a éste que es el único de los seis candidatos que hará historia indistintamente tanto ganando como perdiendo la elección. Ganando, Labastida no podrá instalarse en los absolutos. Tendrá que coexistir con una oposición crecida. Si pierde, la oposición priista será de pronóstico reservado. Los más pesimistas adelantan ya la ingobernabilidad en cualquiera de los dos escenarios. Como sea esperemos a los votantes. Ya falta poco

Carmen Aristegui es periodista. Conductora de la emisión vespertina del noticiario Imagen Informativa.

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