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por los caminos de sancho

La trampa
Exhibición de un ranchero atrabiliario

Renward García Medrano

Esos no son gobernadores de ínsulas, sino de otros
gobiernos más manuales; que los que gobiernan
ínsulas, por lo menos han de saber gramática.

Foto: Araceli Herrera

En el debate del 25 de abril, Vicente Fox alcanzó lo que llaman su "nivel de incompetencia". El desempeño de su papel fue tan natural y el trabajo de su equipo de asesores tan eficaz, que logró mostrarse como un hombre pensante y dejó la sensación de que detrás de la imagen del ranchero atrabiliario había un político medianamente apto.

Es claro que un segundo debate, con sólo dos contendientes, tenía para Fox más riesgos que ventajas y se entiende que no quisiera exponerse. Pero el camino que eligió para eludir ese encuentro fue aún más peligroso y el resultado pudo tener costos más altos para él en términos de votos que el debate que rehuyó hasta la terquedad.

Primero, fue evidente que su negociador, Pedro Cerisola, tenía la instrucción de bloquear un acuerdo con la condición -a todas luces inaceptable- de que hubiera tres moderadores, uno de los cuales sería un asesor de Fox. La reacción de la opinión pública y la invitación de Cuauhtémoc Cárdenas para que se reunieran los tres candidatos abrió de nuevo la posibilidad del debate.

Fox decidió reventar personalmente esta nueva oportunidad y sacar ventaja. Por ello, trampeó a Labastida la mañana del martes con una llamada telefónica que, sin previo aviso, fue amplificada ante los medios de comunicación. La supuesta llamada previa que habría hecho a Cárdenas fue en privado.

Por absurdo que parezca, Cárdenas y Labastida aceptaron que la reunión fuera abierta a los medios de comunicación. Fue evidente que Fox tenía preparada una trampa y no me explico por qué los otros dos candidatos aceptaron y fueron, aparentemente, dispuestos a definir los términos del debate como si no hubieran percibido la maniobra foxiana.

Fox se tropezó con sus propios excesos. Desde la noche anterior, Televisión Azteca, en una evidente medida para ganar audiencia, ofreció sus cámaras para un debate al día siguiente. Quien no había hecho tal ofrecimiento fue Emilio Azcárraga Jean, como lo hizo saber, en la misma absurda reunión, Joaquín Vargas a nombre de la CIRT. La mentira puede tener un alto costo para Fox, pues el joven Azcárraga no parece ser de los que dejan pasar impunemente un enredo como ése.

El martes 23, Vicente Fox se mostró ante la sociedad tal como es, pues no tuvo tiempo de preparar el libreto de las numerosas maniobras que tuvieron a la opinión pública atenta a sus movimientos a lo largo del día. Hasta su "denuncia" de que Cárdenas y Labastida se habían puesto de acuerdo para afectarlo, choca con sus reiteradas invitaciones a Cárdenas para que se sumara a su candidatura.

Por si quedaba alguna duda, el señor Fox demostró ese día que no es confiable; que falta a la verdad sin el menor recato aunque sus mentiras sean evidentes. Sin embargo, me temo que el grueso de sus partidarios esté dispuesto a pasar eso por alto, como lo hicieron quienes votaron por Cárdenas en 1997 a pesar de que Carlos Castillo Peraza sacó a luz el asunto de Playa Eréndira y otras propiedades del ingeniero y su familia.

Lo que exhibió Vicente Fox el martes 23 fue una muestra de lo que él, sus "amigos" y quizá "su" partido harán el 3 de julio si Labastida gana la elección presidencial por un margen pequeño, como hasta ahora es previsible. Si montó una aparatosa aunque fallida maniobra simplemente para rehuir un debate, no sería raro que desde ahora estuviera preparando una estrategia de deslegitimación del proceso electoral, como por cierto lo ha advertido.

El peligro es real y sus consecuencias son impredecibles. Por eso, hoy más que nunca es preciso que los candidatos y sus partidos suscriban un acuerdo de respeto al resultado de las elecciones, cualesquiera que ellos sean, como lo propuso un grupo de ciudadanos en un documento publicado hace tres semanas.

Por lo demás, la obediencia a las leyes y a la decisión de la mayoría expresada en las urnas, no está sujeta a la voluntad de los candidatos. Las autoridades electorales y el gobierno de la República debieran tomar desde ahora las medidas de prevención necesarias para desactivar el anunciado conflicto postelectoral

Renward Gracía Medrano es periodista.

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