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Y sí se fue de boca
Enrique Contreras Montiel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los candidatos y sus proyectos económicos

Ricardo Becerra

Es inevitable volver a los planteamientos económicos de los candidatos; tan inevitable como el hecho de que uno de esos tres (Labastida, Fox o Cárdenas) será el próximo Presidente de México.

En el segundo debate las propuestas económicas fueron presentadas de manera más consistente, pero cada afirmación sigue dejando un mar de dudas. Fox juró no volver al estatismo: no será con gasto público como se resolverá el problema del crecimiento ni del empleo. Su reforma fiscal tiene un aroma inequivocamente empresarial: no aumentar impuestos sino abatir la evasión. Su apuesta es a la micro y a la mediana empresa; sostiene que el dinero para invertir y crecer está ahí, pero hace falta organizarlo, volver a conectar el ahorro de la sociedad con el desarrollo productivo.

En cambio, Labastida y Cuauhtémoc siguen viendo al gasto público como una poderosa palanca de desarrollo: como inversión en vivienda para uno o como obra pública para el otro. Cárdenas estuvo muy ocupado en subrayar su deslinde histórico frente al salinismo: debe desbaratarse el modelo impulsado por De la Madrid, por Salinas y por Zedillo. Pero el deslinde es retórico, al menos en materia económica, pues nunca precisa qué puntos deben ser rectificados: ¿libre comercio? ¿Permitir un mayor déficit fiscal? ¿Revertir las privatizaciones? Es falso que Cárdenas represente un nacionalismo trasnochado: quiere una reforma impositiva que grave a las utilidades (al revés que Fox) y se declara keynesiano: el crecimiento se sostendrá con gasto y con los recursos adicionales que se generen de esa economía próspera.

Sorpresivamente, en materia económica, Labastida parece coincidir más con Cárdenas que con Fox. En él hay otro acento: marcar distancia con el proyecto de Zedillo. El priista deslizó críticas al Presidente: la economía no tiene por objeto mantener sanas las variables macroeconómicas sino el bienestar de la gente.

Así que señores electores, es absolutamente falso aquella moneda de uso corriente según la cual "todos los candidatos representan el mismo proyecto económico": Fox representa un proyecto de mayor liberalización y menor Estado. Cuauhtémoc es más gasto público, más salarios (aunque sea por decreto), y una agresiva redistribución de la riqueza a través de palancas estatales tradicionales. Labastida representa la continuidad pero con alteraciones importantes: más gasto público, más intervencionismo estatal y más énfasis en el mercado interno.

En el fondo de esas propuestas económicas están los mensajes políticos: la alternancia como necesidad del desarrollo económico, como una forma de destrabar los mecanismos virtuosos del mercado (Fox). Redistribuir de inmediato, desmontar el modelo liberal (salinista) como forma de retomar un rumbo perdido (Cárdenas). Estabilidad, continuidad, seguridad de una política económica que cuadre, consistente con el modelo actual, pero ofreciendo reformas y rectificaciones puntuales. Esa es la trama política y económica de los tres candidatos que vimos el viernes pasado.

No obstante el gran problema, el nudo gordiano de cualquier proyecto económico en México apenas y fue tocado: ¿cuál es ese nivel de gasto necesario para atender y cumplir responsablemente, con calidad, las necesidades sociales, financieras y estructurales del país? ¿Cuántos recursos necesita el modelo económico de Labastida, de Fox, de Cárdenas para poder funcionar? ¿Cómo alcanzar ese nivel óptimo de gasto que permita responder a las carencias de la nación y, a su vez, no arriesgue la estabilidad macroeconómica, no desestimule la inversión y que no sea inflacionario?

La enorme debilidad es que no escuchamos de ningún candidato cómo es que van a financiar su gestión, sus proyectos, sus pomposas nuevas secretarías, sus metas, su política económica. ¿De dónde saldrá el dinero para echar a andar la Secretaría de la Mujer, la oficina de asuntos indígenas, el Instituto de Educación permanente que propone Fox? ¿De dónde va a salir el dinero para crear la Secretaría de Seguridad Pública de Labastida? ¿Y de dónde los 462 mil millones de pesos que Cárdenas promete como inversión pública año tras año?

Ninguno pudo decirnos ese sencillo dato que es, sin embargo, el punto de partida de sus propios proyectos. Los candidatos comparten el miedo de todos los gobiernos, populistas o neoliberales de los últimos 40 años: la reforma fiscal auténtica, aquella que le da al Estado los recursos suficientes para ser eficaz en sus obligaciones. Es la reforma económica ausente, pendiente, sistemáticamente evadida. Los candidatos apenas y la rozaron. No sorprende: como dijo Billy Brandt, "el que porta esa reforma desvanece todas las demagogias... es la clave para las naciones modernas, y típicamente sólo la hacen los socialdemócratas"... pero resulta que no estuvieron, en el debate del viernes

Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM.

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