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primera plana ¿El voto justifica los medios?
Marco Levario Turcott
Ya lo sabemos: imperan los sentidos en la contienda electoral porque los contendientes han cifrado sus expectativas en la cobertura de los medios de comunicación electrónicos. Sensaciones sí, provocadas a partir de que el gesto y los desplantes de los políticos supeditan a la exposición llana de las propuestas y los mecanismos para concretarlas. Como refiere en estas páginas Rafael Cordera, es alarmante la ausencia de ideas entre quienes buscan la Presidencia del país. Pero buscar entender aquella pobreza expositiva nos lleva a considerar, primero, que tanto la radio como la televisión tienen una cobertura infinitamente mayor a la que puede lograrse con una estrategia que privilegie las concentraciones masivas. Segundo, que ambos medios tienen un formato limitado en tiempo y desorbitado en costos, por eso el mensaje ha de ser breve, contundente y en tanto más ameno, mejor. Tercero, y esto opera particularmente en la televisión, que buscando mayor público la imagen es lo decisivo. Cabe señalar que lo antedicho es un elemento de diagnóstico, no una sentencia fatal. Sin duda, los medios electrónicos, así sea esporádicamente, han mostrado cierta utilidad para la reflexión y el análisis. Pero ahora no son el espacio para ello y tal vez falta mucho tiempo para que lo sean, si algún día. Por ahora, han entronizado bien no sólo por las potenciales ventajas que le representan a los políticos, sino también porque éstos -sobre todo en tiempos electorales- saben que la exposición de propuestas no motiva a amplias capas de la sociedad y también tienen presente que éstas no hacen la diferencia entre unos y otros. Me explico. Casi frente a cualquier tema hay coincidencia en lograr más empleo, salud, educación y menos impunidad, pobreza e inseguridad, por citar algunos objetivos declarados por los candidatos. Y no dicen cómo a sabiendas de que las diferencias de matiz no son noticia, pero sobre todo porque establecer los mecanismos para conseguirlos los obliga a pisar la realidad y atenuar los ambiciosos puertos de llegada que avistan. Así, las propuestas se convierten en promesas y la competencia se sitúa en los rieles donde el ciudadano vea quién es el que hace más promesas, ya sea la oferta de que en 15 minutos se resuelve el dilema chiapaneco o que en el corto plazo haya computadoras para todos. Entonces, las promesas y no las propuestas tienen cabida en los medios. Y establecidos así los términos, los estrategas del marketing político buscan en la imagen el horizonte de la credibilidad. Y el que esté libre de esas sensaciones provocadas por los candidatos, que haga el primer gesto. Caras y gestos, botas o sonrisas, maquillaje y corbatas, todo eso se vuelve decisivo en la competencia electoral, todo eso que es parte de un espectáculo que ahora goza de sus puntos más altos de rating. Por eso, antes los medios de comunicación se mostraban reticentes con los debates televisivos, pero dejaron de serlo (y hasta los impulsaron) cuando cayeron en la cuenta de que los otrora candidatos acartonados y serios, son cosa del pasado y que ahora bailan, montan en moto o andan a caballo y, si se les provoca un poco, hasta promueven el albur. Que actúan pues y eso, tanto mejor para los medios electrónicos. Y algunos... apantallados La semana pasada asistimos a las consecuencias del exceso. En el contexto configurado por el famoso segundo debate entre los candidatos a la Presidencia, el martes antepasado asistimos a algo más que a una tarde desafortunada de uno de ellos, el abanderado del PAN. Si la imagen es el fondo en televisión, la actitud de Vicente Fox mostró una imagen que exhibió el fondo de sus actitudes y la amplitud de su inteligencia, pero más que eso (que ya es decir bastante) mostró burdamente la estrategia de evitar el debate entre los candidatos. Perdió en ese rejuego y finalmente aceptó ir al encuentro del viernes en la noche. Fiebre del sábado Al momento de redactar esta nota, no era difícil prever el efecto del debate que es el afianzamiento de los votantes ya convencidos y las formas de expresar su adhesión por cada candidato. Quién sabe cuál sea el efecto entre los ciudadanos indecisos, pero hay una certeza: los políticos no tienen reparo en la actuación y verán cómo, pero seguirán buscando el impacto en las sensaciones más que en la exposición de razones. Y en esta intensa disputa por la Presidencia expondrán que tienen los mejores sueños, no las propuestas más específicas y posibles de alcanzar. Seguirán los ataques, los resbalones y las metidas de pie, a uno mismo y de éste a otro. En el imperio de los sentidos se está dirimiendo este proceso electoral Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. Correo: mlevario@etcetera.com.mx |
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