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textos Tres tristes tigres
Marco Levario Turcott
El fenómeno no es nuevo en varias latitudes del globo e incluso está convirtiéndose en una constante ahí y donde se libran contiendas electorales con reglas medianamente equitativas. El espectáculo político es la construcción de una arena, unos actores y un debate dónde dirimir la disputa por el voto mayoritario. Los medios de comunicación son el espacio, los líderes la oferta y el debate la exposición de un conjunto de problemas y símbolos a desterrar. Con ese trípode podemos explicar la contienda presidencial -y así el debate del viernes pasado- en tanto una serie de triunfos o derrotas parciales entre los candidatos, medidos por encuestas o sondeos semanales y hasta diarios, que van delimitando al juicio de cada estratega tanto los énfasis discursivos como las acusaciones y los desplantes para el efecto en los medios (las vicisitudes de la semana anterior lo ejemplifican). En la arena mediática los abanderados políticos tienen la prioridad de establecer la agenda de los problemas y señalar con precisión a sus causantes como una forma de garantizar que sí se puede abatir tales problemas y acabar con sus causantes y para eso se necesita un líder. La expresión más grosera de esa forma de atender una campaña la ha dado Vicente Fox al señalar que pisará a las víboras negras responsables de los estropicios, pero la frase más elocuente de esto en el debate del viernes la dijo Cuauhtémoc Cárdenas cuando señaló al PRI como el partido que convirtió al país en una fábrica de pobres y de problemas. Gladiadores Un líder exitoso necesita un enemigo formidable, más aún cuando compite desde la oposición. Por eso señala problemas y culpables, no diagnósticos ni propuestas, y busca erigirse como el ser incólume y honrado que necesita México (Fox se dijo honesto y Cárdenas subrayó su trayectoria de lucha). En esa arena, naturalmente, Francisco Labastida estaba en desventaja y, por ello, quiso aparecer más serio ofreciendo propuestas, aun cuando su propia retórica y los embates del candidato del PRD lo hicieron desatender su estrategia durante varios minutos y en momentos caer en el garlito, como cuando afirmó Labastida que no hay más empleo en el país porque el no ha sido Presidente de la República. (Con esa fórmula, el culpable del desempleo es, entonces, Ernesto Zedillo.) Esta vez no hubo ataques tan francos y directos como en el anterior debate y los otros encuentros televisivos que tuvieron los candidatos. Pero tampoco fue un entorno donde privaran las propuestas, esta vez el espectáculo político fue determinado por dirimir quién ofrecía las mejores promesas y de este modo quién ganaba la mayor credibilidad. Promesas, no propuestas, vimos y escuchamos cuando el candidato del PRI dijo que no sólo habría computadoras e instrucción de inglés en las escuelas, sino que también se les daría de desayunar y de comer a los estudiantes; cuando Vicente Fox expuso el maravilloso país que imagina con pleno empleo y oportunidades para todos. Cuauhtémoc Cárdenas no privilegió los deseos aunque tampoco las ideas, sólo enfatizó que sus dos contendientes principales pertenecen al mundo del salinismo. Murray Edelman ha escrito que la connotación central del líder es la innovación. Sin duda esto es así, de tal manera que puesto el enemigo a modo y expuestos también los problemas traducidos en promesas de resolución, el reto de la credibilidad se traduce en apuesta de cambio -según los editores de Reforma, la palabra cambio fue la tercera más mencionada por todos con 43 ocasiones, luego de las palabras "mexicanos" (67) y gobierno (66). El cambio así, sin que alguno de los tres especifique rumbo y contenido. Las propuestas no les convienen, acercarse a la realidad los acerca a ellos entre sí. Además, toda resolución de los problemas tiene un costo y ellos no lo van a decir, por eso, falta el intercambio de ideas que nos diga quién ofrece los menos costos posibles para atender los desafíos. De aquí al 2 de julio parece que no lo sabremos, lo entenderemos después Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. |
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