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la hidra Milenarismo
Jaime Ramírez Garrido
El segundo debate entre candidatos presidenciales fue la culminación anticlimática de un proceso más espectacular que político. Tras los shows del predebate, los tres candidatos de los viejos partidos llegaron cansados o al menos hacia el final nos cansaron a todos, en un tono monocorde del que parece que ya no nos libraremos de aquí a los cierres de campaña. Antes del debate, Televisa transmitió un mensaje de cada uno de los tres candidatos excluidos. Además del llamado de Rincón Gallardo a abrir el panorama político a una nueva oposición a través del voto, destacó la profecía eléctrica de la desaparición de Camacho y de Muñoz Ledo, que por obra y gracia de las dificultades técnicas debidas a una tormenta, constantemente se disolvían en cuadritos multicolores o de plano se oscurecía la pantalla. Una vez que concluyó la primera ronda se notó que el gran ausente estaba presente. Si bien Gilberto Rincón Gallardo no estuvo ahí para defender la plataforma de Democracia Social (y seguramente para dar una lección de caballerosidad y civilidad), se veía a los tres candidatos saltar sobre su discurso para presumir un pedazo de reconocimiento a algún grupo discriminado. Es una victoria cultural de Democracia Social, sólo en apariencia, pues en la misma exclusión, quienes ahora dicen luchar contra la discriminación y en defensa de las minorías comenzaron por excluir al principal partido minoritario. CCS: olvídate de Morelia Cuauhtémoc Cárdenas fue el más impune de los participantes en el debate. Sus acusaciones sobre el carácter represivo hacia los jóvenes de los gobiernos del PRI y el PAN podrían haberse matizado con el recuerdo de sus años como gobernador de Michoacán con todo su despliegue de buenas costumbres y represión de los excesos. Por lo demás, Cuauhtémoc Cárdenas insiste en hacer culpable de todo a Carlos Salinas de Gortari y a cualquiera que haya estado cerca de él. Bien la respuesta de Labastida: "Yo nunca me reuní con él a solas", pero había que aclarar que lo malo no era que se hubieran reunido, sino que hubiera mentido tanto durante tanto tiempo; que si no fue colaborador de Salinas, sí lo fue de Díaz Ordaz. Es grave que le falle la memoria a Cuauhtémoc, pero más que todos estén dispuestos a olvidar cuando de recordar el pasado sexenio se trata. Fox: la necedad como tenacidad La principal preocupación de Vicente Fox era revertir la imagen que él mismo se procuró durante el predebate en que quedó como necio, mentiroso, contradictorio y poco serio. Lo hizo presentando el defecto de su necedad como la virtud de su tenacidad. Pero dejó la duda. Si así se comporta frente a sus contrincantes a la Presidencia, cómo lo hará con sus secretarios de Estado o frente a los gobernadores. La vía para el cambio en ningún caso puede ser el desplante, el chantaje y la mentira. FLO: recuperar el cambio Antes de perderse en las aclaraciones sobre el carácter de su puesto como embajador en Portugal, Labastida se jaloneó el cambio, tratando de arrebatárselo a Fox. Pero su explicación de que si no había cambiado nada en su paso por el gobierno es porque aún no era Presidente es insuficiente y emblemática de la principal limitación de los tres candidatos a la hora de interpretar la situación del país. Para ellos, quizá por influencia milenarista, es siempre un momento por venir tras la llegada de un mesías que en cada caso es cada uno de ellos. El cambio, entonces, sólo puede ser obra de una persona, de un hombre providencial. Se olvida que es un proceso en el cual ya estamos inmersos desde hace tiempo. Que la posibilidad de la alternancia es resultado de ese proceso y no el preámbulo, que son muchos los actores de la sociedad que desde muy diversas trincheras, enfoques e intensidades han luchado por el cambio en este país y que no necesariamente están representados por los tres candidatos Jaime Ramírez Garrido es subcoordinador general de la campaña de Gilberto Rincón Gallardo y candidato suplente al Senado por el Partido Democracia Social. |
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