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Los nuevos tiempos
Juan Ignacio Zavala
Están por concluir las campañas y según se ve, la elección se va a dar entre Vicente Fox y Francisco Labastida. Se ha perfilado como opción que siga el PRI o la alternancia, ése es el asunto que estará en juego el 2 de julio. Para que Fox esté en posibilidad de ganar, como lo está ahora, ha tenido que recorrer un largo tramo que finalmente se refleja en los números, por lo que es necesario hacer un ejercicio para entender la popularidad del candidato de la Alianza por el Cambio. Abrir las cartas Indudablemente, Fox rompió los esquemas tradicionales de las campañas políticas en nuestro país. ¿Se adelantó? Por supuesto, pero había motivos. Si sus adversarios en la contienda -como era absolutamente previsible- iban a ser Cuauhtémoc Cárdenas y algún secretario de Estado, Fox tendría que enfrentarse y superar a candidatos que de inicio gozarían de una fuerte presencia nacional. Cárdenas, quien a lo largo de más de una década ha convertido el ser candidato en una auténtica profesión y en estilo de vida, fue electo en 1997 jefe de gobierno de la capital, con toda la exposición pública que ello implicó; mientras que por el lado del PRI, fuera quien fuera el candidato, lograría como siempre una rápida y abrumadora presencia en los medios de comunicación gracias al uso indiscriminado de toda la fuerza del Estado. ¿Cómo podría proyectarse con la misma fuerza el gobernador de oposición de un estado del Bajío? La competencia, para que realmente lo sea, debe partir de una base mínima de conocimiento del candidato entre la población, si no es así, la desventaja es enorme y las más de las veces imposible de remontar. Esto no lo descubrió Vicente Fox, sino que está a la vista frente a lo que ha vivido la oposición durante muchas décadas. Por ejemplo, Diego Fernández de Cevallos comenzó su campaña con 10% de conocimiento y ésta creció significativamente como consecuencia de su desempeño en el debate. Hoy no se puede apostar la posibilidad de crecimiento en preferencia electoral a un solo suceso, es necesario contar con un posicionamiento fuerte y claro ante el electorado para poder obtener más votos en los múltiples actos de campaña. Fox tomó la decisión, para muchos riesgosa y para muchos otros audaz, de iniciar una precampaña que le permitiera obtener el nivel de popularidad necesario para participar en la competencia bajo condiciones más equitativas -al menos en este rubro- frente a los otros candidatos. Esta práctica, que por cierto es muy común en otros países, provocó diversas reacciones y para algunos incluso constituyó un acto de rebeldía política. Sin embargo, vino a alterar definitivamente los procesos de los demás candidatos y partidos participantes en la contienda. ¿Existe algún conflicto o perjuicio real para el país en el hecho de que un gobernador, funcionario, legislador o simplemente ciudadano que desee seriamente competir por la Presidencia, nos lo diga, nos dé la oportunidad para conocerlo, valorar su trayectoria y sus acciones, además de que nos informe cuánto está gastando en su empeño? Hoy, las precampañas se han convertido en un hecho político de enorme relevancia y, sin duda, en un futuro lo serán mucho más. Son ya el cimiento y los primeros pisos de la plataforma indispensable para que los candidatos puedan darse a conocer con efectividad y ofrecer con suficiente anticipación sus puntos de vista, proyectos y propuestas. Abrir las cartas oportunamente es una condición importante para quienes aspiran seriamente a gobernar este país. Difícilmente volverán a salir candidatos de la nada, si acaso algunos regresarán a ella, pero los mexicanos podrán observar más de cerca, conocer con mayor detalle y formarse un juicio más fundado acerca de sus políticos, de lo que tradicionalmente pemitían los tiempos oficiales de una campaña electoral. El candidato con votos Vicente Fox ha logrado entablar interacción con la gente. Si bien es cierto que en ocasiones manejó un lenguaje y un estilo poco común entre los políticos, que en alguna medida lo diferenció de ellos, también lo es que sus innovadoras formas lo hicieron precisamente un político más cercano a la gente. Fox no ha sido, por decirlo de alguna manera, el candidato estándar o promedio. Su estilo ha irritado a varios sectores de la clase política mexicana y a un grupo amplio de los que son o se asumen como analistas. Sin embargo, nadie puede discutir que Fox ha penetrado fuerte en la población. Al lenguaje acartonado le opuso la sencillez; al estilo enredado que dice muy poco con muchas y sofisticadas palabras lo sustituyó por la concreción, y como la mejor estrategia para describir sus planes de gobierno eligió la presentación de sus logros. Ese estilo tan criticado por algunos ha sido a la vez una novedad muy bien aceptada por amplios sectores del electorado. Polémico y audaz, Fox es el primer candidato de la oposición en la historia moderna de México que asiste al inicio de una contienda presidencial con un nivel de preferencia electoral superior a 30%. Hay en el estilo de Fox algo que lo consolida como un candidato realmente atractivo y distinto. Para constatarlo hay que verlo en campaña, donde la gente escucha su mensaje, lo entiende y lo acepta. El impacto de un mitin de Vicente rebasa el que genera cualquier otro candidato. Por eso, en muchas comunidades a lo largo y ancho del país, la esperanza de cambio se deposita cada día con más fuerza en Fox y su propuesta. Suman ya millones los mexicanos que han estado presentes con él en alguna plaza pública, auditorio, o simplemente en una calle o un camino de terracería; son millones también los que lo han visto o escuchado a través de los medios de comunicación masiva. Candidato mediático, sin duda, Fox sabe adaptar la política a las necesidades y al entendimiento de la gente, acercarla a la población, para vencer la apatía y la idea que había a finales del año pasado de que el PRI era invencible en la contienda por la Presidencia de la República. A esto hay que sumarle la gran cantidad de adhesiones de todo tipo que ha recibido la campaña, porque ven en Fox la posibilidad de la alternancia, del cambio, por lo que su propuesta se ha basado en buena medida en ofrecer un gobierno plural, incluyente, en el que todos tienen algo que aportar para corregir lo que han hecho 70 años de un mismo grupo en el poder. Esa propuesta ha sido bien recibida por actores políticos de distintos signos, lo que da certeza de tener en la Presidencia un liderazgo que guíe y consolide nuestra todavía inacabada transición. Fox es hombre de los nuevos tiempos. Supo llegar a tiempo y ha marcado el ritmo de los acontecimientos a través de la innovación. Triunfar a golpe de creatividad en las formas y consistencia en las propuestas. Es sabido por todos que Fox representa la posibilidad de cambio para millones que deseamos emprender la construcción de un futuro distinto para México. Habremos de enfrentar en los días que quedan de campaña una estrategia del sistema para detener a Fox. Presenciaremos una campaña negativa como no hemos visto. El regreso de los dinos es sólo una forma de avisar lo que están dispuestos a hacer para conservar el poder: todo; en este sentido, el PRI nunca ha tenido escrúpulos para enfrentar a sus adversarios. Sin embargo, la fuerza ciudadana ya está presente en la opción Fox y será ésta la que resista los embates de todo tipo. Nos vemos el 2 de julio. Ya ganamos Juan Ignacio Zavala es director general de Comunicación Social del PAN. |
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