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Hagan sus apuestas
Cuidado con envenenar el ambiente

Julián Andrade Jardí

"Un pequeño porcentaje
de votos, a fin de cuentas
definirá la elección"
Foto: Raúl Ramírez Martínez

Fox ganó el debate. Lo hizo porque contuvo el derrumbe. El anuncio de su caída fue un festejo anticipado e imprudente de los priistas más optimistas. Labastida tampoco perdió, se mantuvo en ese rango de credibilidad que hace inconmovible el voto duro. Cárdenas arremetió con fuerza, pero se hundió en sus propias obsesiones. El fantasma de Salinas parece una carga insoportable en el futuro del ingeniero; está agraviado y quiere que la nación lo sepa. El llamado a sus muertos tampoco es una de las mejores formas de ganar votos, además de que no es cierto que los 600 perredistas hubieran muerto en el sexenio pasado por problemas políticos. Hay un informe de la CNDH que así lo establece.

Vicente Fox retornó después de un martes que pudo tener consecuencias fatales. Se le vio fresco y tranquilo, dispuesto a ser dueño de la situación y creo que en términos generales lo logró. Nadie tiene ni la menor duda de que es un buen vendedor. Tendrá que controlar a sus "amigos", esa ala intolerante de su campaña, ajena, por momentos, a cualquier rasgo de civilidad. Ahí se esconde una derecha cavernaria e intolerante.

Francisco Labastida soporta la carga de 70 años de priismo, de corrupciones inauditas en su partido y de una lejanía evidente del voto joven. Aun así puede ganar. Ese es el secreto mayor del priismo, de su arraigo y de su fuerza. Resistió los ataques de su pasado salinista, de sus guiños con el ex Presidente, del que fue embajador en Portugal, porque lo de la gubernatura se cuece aparte, aunque haya necesitado del apoyo del entonces primer mandatario para gobernar.

El factor Salinas está en la contienda y no es extraño, sobre todo si tenemos en cuenta la campaña que se impulsó contra él en estos años. Ahora el PRI tiene que aguantar una carga de críticas generadas desde Los Pinos y la PGR. Efecto carambola, le llaman. Son las primeras señales de un error que le saldrá muy caro a nuestro sistema político. Se acorraló, durante seis años, a un ex Presidente sin que existiera nada en su contra y ahora Cárdenas lo aprovecha y bien. No estoy seguro de que este deslinde tenga repercusiones electorales pero ahí está. Quedó claro, también, la contienda es de dos y que el cierre será por un pequeño porcentaje de votos, el que a fin de cuentas definirá la elección. Me parece que éste fue un mejor debate, que vimos a los candidatos sin tantas ataduras.

Los primeros datos sugieren que las intenciones de voto se movieron muy poco con este encuentro. Tenemos que esperar, sin embargo, encuestas más serias para saber qué tan cierto es esto. Lo evidente es que estamos ante un escenario novedoso y conviene empezar a preocuparse por el 3 de julio. Hay que esperar que los candidatos estén realmente comprometidos con la democracia, de otra forma estaremos ante escenarios nada presentables si de culminar la transición se trata.

Es muy fácil envenenar el ambiente y predisponer a la gente para que no acate los resultados. Tenemos instituciones confiables, pero esto no parece ser suficiente para algunos sectores; atajarlos y controlarlos debe ser tarea de los partidos, que a fin de cuentas son corresponsables de la gran reforma democrática en la que estamos empeñados

Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica.

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