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Auge y presencia del PAN
Tres escenarios de avance

Guadalupe Pacheco Méndez

Foto: Argento

1. El que persevera... alcanza

En su larga y tenaz trayectoria histórica, uno de los rasgos más distintivos del PAN ha sido el paulatino pero constante crecimiento de su votación. En los años recientes ha logrado al fin conquistar varias gubernaturas, además de numerosas presidencias municipales en ciudades de vital importancia económica y social.

Desde el histórico "parteaguas" de 1988, el PAN ha tenido dos momentos pico: uno en 1994, cuando captó su mayor votación absoluta gracias a la gran oleada de electores que se movilizaron para votar en la elección presidencial de ese año; el otro, durante 1995-1996, cuando en términos relativos realizó muy significativos avances en las elecciones locales realizadas en varios estados de la República, gracias a que supo mantener constante la votación absoluta lograda en 1994. Las tendencias de la votación panista que se perfilaron en las elecciones locales ocurridas entre julio de 1994 y julio de 1997 se proyectaron en la elección federal de 1997 y, con una leve variación, han mostrado continuidad en los comicios locales que han tenido lugar hasta la fecha (véase gráfica 1).

Vistas las cosas desde este ángulo, la singularidad del PAN reside en que sus victorias recientes no fueron tanto el producto de la volatilidad electoral ni de las rupturas en las filas del PRI como sucede en el caso del PRD, sino de un crecimiento constante y estable en el largo plazo. Su situación actual se resume en el cuadro 1.(1)

2. La presencia del PAN en los estados

La influencia del PAN en los estados es muy variada, va desde 2% en Guerrero hasta 51% en Aguascalientes (véase cuadro 1) y presenta un patrón regionalizado o de concentración territorial de su votos. Con el fin de facilitar el análisis se ha agrupado a los diferentes estados de la República en función del nivel de la votación del PAN, tal y como se presenta en el cuadro 2.

En estos cuatro grupos, el PAN ha registrado tendencias electorales diferentes desde 1988 (véase gráfica 2). En el grupo I se encuentran concentrados los bastiones más importantes del PAN;(2) sus niveles de votación en estas entidades se encuentra muy por encima de su resultado conjunto nacional. El grupo II presenta un nivel similar al nacional. El grupo III es muy interesante pues su votación ha registrado un aumento sostenido que le ha permitido pasar de ser el más bajo en 1988 a casi igualar los resultados nacionales. En estos tres casos, independientemente del nivel donde se ubican en la escala de la votación, el PAN registra una tendencia al crecimiento. El grupo IV es caso aparte, se aprecia una tendencia al estancamiento; destaca aquí la presencia del Distrito Federal, cuyas preferencias han oscilado fundamentalmente entre el PRI y el PRD.

En la actualidad, entre 1997 y 1999, cada uno de estos grupos ha contribuido a la votación del PAN con un caudal de votos de diferente magnitud (véase gráfica 3). Así, hoy por hoy, por cada diez electores panistas, cuatro provienen del grupo I, tres del II y tres del conjunto formado por los grupos III y IV. Esto significa que en la mitad de los estados el PAN cosecha 70% de sus votos, en tanto que en la otra mitad de los estados sólo 30%.

3. Tres escenarios de avance panista

Como se ve, la principal fuerza del PAN es la constancia de sus tendencias electorales. Lo cierto es que, a diferencia del PRD, la dependencia del PAN respecto de la volatilidad del voto es algo menor, dada la consistencia de su crecimiento. Este posiblemente haya sido un factor que la dirigencia panista sopesó antes de definir su posición respecto de formar una coalición electoral; aunque, ciertamente, en su decisión final pesaron más las pocas garantías de limpieza que pudo ofrecerle el PRD en una elección primaria de candidato común, después de la numerosísimas irregularidades que caracterizaron al proceso interno para designar una nueva dirección nacional perredista.

Foto: Gregorio Arteaga

Si, sobre la base de su comportamiento anterior, para el año 2000 la tendencia electoral del PAN se mantiene tal y como se ha manifestado desde 1988 -es decir, sin interferencias significativas de corto plazo- es verosímil que el PAN alcance al menos una votación nacional de 32% (véase la proyección lineal de la gráfica 1), sin contar los votos adicionales conquistados en esa coyuntura de corto plazo tan privilegiada que es la campaña electoral. Sin embargo, esa cifra no sería suficiente para asegurarle la Presidencia al candidato del PAN, a menos que todos y cada uno de los partidos de oposición, incluidos los pequeños, le arrancasen simultáneamente al PRI un buen número de votos. Esto lo podría lograr captando una parte proporcionalmente mayor de los nuevos electores y/o de los abstencionistas o, en menor medida, arrancándole directamente votos al PRI. Así, Fox y el PAN quedan obligados a diseñar un campaña muy eficaz para ganar electores adicionales.

En un escenario esencialmente tripartidista, pero que incluye a varios partidos menores, para poder avanzar hacia una eventual mayoría el PAN necesitaría incrementar su votación relativa a costa de la disminución de la del PRI, fundamentalmente. Estos retrocesos pueden adoptar diversas modalidades; aquí jugaremos con tres hipótesis suponiendo siempre un avance del PAN equivalente a diez puntos porcentuales por encima de sus resultados promedio en las elecciones locales de 1997-1999 (véase cuadro 3). Además, para simplificar el análisis, agruparemos junto con el PRD a los partidos menores. En el caso de variación proporcional el PRI retrocede más que el conjunto formado por el PRD y los partidos menores; en el de variación a partes iguales, esos mismos rubros retroceden en porcentajes relativos similares, y en el de variación unilateral sólo el PRI retrocede.

En la primera hipótesis, prácticamente resultaría un empate técnico con mínima ventaja para el PAN; en la segunda, el empate técnico sería más bien favorable al PRI; sólo en la tercera hipótesis, el PAN alcanzaría la mayoría relativa con alguna holgura. Esto pone de relieve a un componente estratégico de vital importancia para el PAN, en lo que se refiere a la votación relativa: avanzar a costa del PRI y sólo en segunda instancia por encima del PRD, pues los distritos que este partido pierda tienen más probabilidad de parar en manos del PRI que del PAN.

4. Los desafíos de la elección presidencial del 2000

Al parecer, en la actualidad las tendencias de largo plazo prevalecientes desde 1988 (véase de nuevo la gráfica 1) se mantienen, y el PAN no sólo ha logrado mantener la consistencia del crecimiento de su votación, sino que además ha superado ese parámetro. De acuerdo con las encuestas levantadas durante la campaña electoral ha ganado más de diez puntos; el problema es que el retroceso ha afectado principalmente al PRD, lo que le aporta ciertas ventajas al PRI, pues a menos que se desencadene una verdadera avalancha de votos por el PAN en las regiones perredistas, el principal beneficiario del retroceso del PRD será el PRI, lo que afecta negativamente al PAN.

Aun suponiendo que prevaleciese el escenario más favorable al PAN, las cosas no son tan sencillas. Con una lista nominal de alrededor de 59 millones de electores y una votación similar a la de 1994 (lo que equivaldría a 46 millones de votos en el 2000), conquistar entre 40 y 45% de dichos electores le exige al menos duplicar su mejor votación absoluta, que fue la de 1994, cuando contabilizó más de nueve millones de sufragios en la elección presidencial.

Si efectivamente se movilizan 46 millones de electores, en el resultado de la próxima elección presidencial la jugada parece estar principalmente en manos de los nuevos electores que se incorporan a la vida electoral, así como de aquellos que participaron en 1994 pero que no lo han vuelto a hacer desde entonces. Comparativamente, tomados como partidos opositores en lo individual, las perspectivas del PAN son mejores que las del PRD, pero la magnitud del esfuerzo que significa duplicar la votación absoluta le plantea al PAN un enorme desafío estratégico, político y organizativo. Conquistar la alternancia exige un esfuerzo muy alto por parte de los partidos y sus candidatos, especialmente el presidencial

 

Notas

1 Para el periodo de julio de 1997 a julio de 1999 se utilizaron los datos dados a conocer por Voz y voto, núm. 54, México, agosto de 1997, pp. 39-45, por Federico Berrueto, "Elecciones locales: un balance", en Voz y voto, núm. 75, México, mayo de 1997, pp. 28-33, y por Voz y voto, núm. 78, México, agosto de 1999, pp. 44-46. Véase además la siguiente nota.

Cabe señalar que los datos de ocho entidades federativas para el periodo 1997-1999 corresponden a elecciones locales que se realizaron simultáneamente a la elección federal de 1997. Por otra parte, en el caso de Morelos, aún no se realizan los comicios para elegir presidentes municipales, por lo que para completar las observaciones en las series de datos estatales registramos los datos de la elección intermedia de 1997.

2 Excepción hecha de Nayarit y Coahuila, donde no fue posible desglosar los datos del PAN y del PRD debido a la coalición que esos partidos formaron en dicha entidad.

 

Guadalupe Pacheco Méndez es profesora-investigadora en la UAM-Xochimilco.

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