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Fernando Mejía Barquera
Institucionalizar el debate Antes que nada aclaro el título de esta nota. Por institucionalizar el debate o los debates entre candidatos a la Presidencia de la República me refiero a crear las condiciones legales para que esas confrontaciones pasen a constituir, de manera estable, un elemento fundamental en la construcción de la democracia política en el país. Por supuesto no me refiero a "reglamentarlos", a fijarles formatos, mucho menos contenidos ni a establecer la participación obligatoria en ellos. Sencillamente a que exista la certeza, legalmente establecida, de que independientemente de los múltiples debates o entrevistas individuales o colectivas a candidatos presidenciales que los medios de comunicación realicen, exista una confrontación formal, organizada por la autoridad electoral, a falta en México todavía de una institución de la sociedad civil que goce de respeto inobjetable por parte de todos los sectores sociales y actores políticos. Los sucesos de las dos últimas semanas muestran que la confrontación de proyectos y propuestas ante los dos medios de mayor penetración por parte de los candidatos a la Presidencia no puede ser dejada a la disputa entre las televisoras por llevarla a sus sets, ni a las inquietudes protagónicas o al estado de ánimo -incluso al capricho- de uno o varios candidatos. Y tampoco puede depender de la estrategia de campaña del o los candidatos que puntéen en las encuestas o del interés de la CIRT por convertirse en factor imprescindible durante los procesos electorales con el fin de fortalecer su posición política y negociar en mejores condiciones el otorgamiento y refrendo de concesiones con cualquiera que gane los comicios. El germen legal para institucionalizar los debates formales entre candidatos ya existe. El artículo 190 del Cofipe señala en su fracción seis que "el Instituto (Federal Electoral), a petición de los partidos políticos y candidatos presidenciales que así lo decidan, organizará debates públicos y apoyará su difusión". El IFE, en este proceso, no ha cumplido plenamente con esa obligación como se mostró el martes de la semana pasada cuando dos candidatos presidenciales -Labastida y Cárdenas- solicitaron apoyo para la organización y difusión del debate no al presidente del instituto electoral, sino al presidente de la CIRT, mientras que otro -Fox- lo pedía a TV Azteca. Habría, por lo tanto, que reformar la fracción seis del artículo 190 y precisar que el IFE, de acuerdo con los partidos que deseen estar presentes, organizará debates entre candidatos presidenciales, señalando fechas aproximadas para su realización (por ejemplo, cierto número de semanas antes de la elección) dejando en libertad a partidos y candidatos para que definan formatos, duración y sede de los encuentros. Desde luego, tendrían que realizarse usando los tiempos que corresponden al Estado en radio y televisión, y con señal a disposición de cualquier medio que desee tomarlo. Debates formales organizados por la autoridad electoral y los partidos, y abundantes comparecencias de los candidatos, juntos o separados, en los medios como resultado de la competencia de éstos por ganar audiencia, parecen, en conjunto, una buena opción para que los aspirantes presidenciales confronten propuestas y programas e incluso, para que, si lo desean, echen un poco de sal a las campañas e intercambien ataques verbales. El tema tendrá que retomarse una vez pasadas las euforias, las tristezas o los desencantos del 2 de julio.
Televisa "neutral"
Televisa aceptó la semana pasada que prohibió a los 500 actores o cantantes que tienen contrato de exclusividad con esa empresa realizar propaganda explícita en radio y televisión en favor de cualquiera de los candidatos presidenciales. El vicepresidente de producción de Televisa, Juan Eduardo Murguía, declaró a la reportera de Reforma, Adriana de Garay (23 de mayo, 2000), que desde principios de abril giró una circular para informarles a todos quienes tienen esa liga que deben olvidarse de las actividades proselitistas a menos que se trate de asistir a reuniones o comidas con candidatos, estar con ellos en actos de campaña y cantar o actuar para el partido o el candidato de su preferencia, todo sin pretender ostentar la representación de Televisa. Pero nada de hacer propaganda a través de spots o de formular declaraciones para inducir al voto. De inmediato Eric del Castillo, su hija Kate, Carmen Salinas y Yolanda Andrade, que ya habían hecho spots políticos -los Castillo en beneficio de Fox y las dos últimas en adherencia a Labastida- anunciaron que no volverán a pecar. Solamente Juan Gabriel se dio el lujo de manifestar en un foro de Televisa, el "Aca Fest" el 24 de mayo, un apoyo resuelto a su gallo, que es Labastida. Juanga pudo hacerlo porque el no está atado a exclusividad alguna.
Fox: ¿semana negra? Entrego estas notas unas horas antes de que se realice el debate del viernes 26 de mayo. Me pregunto si Vicente Fox pudo recuperarse de cuatro días de comparecencias entre desafortunadas y catastróficas ante los medios: el lunes inventó que la expropiación petrolera fue en 1936, el martes sufrió la ironía de Cuauhtémoc y fue exhibido como mentiroso por Joaquín Vargas Guajardo, el miércoles, desmañanado, se presentó a Radio Red, donde, para lo que dijo, pudo no haber ido, luego, a regañadientes, anunció que sí iría al debate, y el jueves casi tuvo que pedir perdón al mismo Joaquín Vargas porque al grupo Amigos de Fox se le ocurrió hacer un llamado vía Internet para que los suscriptores de Multivisión cancelaran sus contratos. ¿Se habrá repuesto o sufrido el traspiés definitivo? Fernando Mejía Barquera es periodista. |
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