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Auge y presencia del PAN
Guadalupe Pacheco Méndez


La última tentación de Fox
Rodolfo Soriano Núñez


Los nuevos tiempos
Juan Ignacio Zavala


El caudillo a la derecha
José Carlos Castañeda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fox y su otra mitad
Feeling cuidadosamente fabricado

Abraham García Ibarra

Foto: Araceli Herrera

Dado que el análisis de los especialistas en materia electoral en México tiene, salvo señaladas excepciones, una carga de prejuicios, tiempos y espacios coyunturales y -más que fundamentos cualitativos- una base generalmente cuantitativa entre las encuestas previas y los resultados últimos de determinados procesos como el de la sucesión presidencial, cierta pretensión científica en el tratamiento del tema impide un ejercicio de especulación sobre el hubiera en la definición de un desenlace específico de esas experiencias.

¿Qué hubiera ocurrido, por ejemplo, si en las elecciones generales de 1988 no irrumpe abruptamente como aspirante a la Presidencia de la República Manuel J. Clouthier, en un esquema en el cual parecía polarizada la contienda entre los candidatos del PRI, Carlos Salinas de Gortari, y el del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas?

¿Los tres millones 208 mil 584 votos emitidos en favor del empresario sinaloense, en su ausencia se hubieran volcado automáticamente al balance de Cuauhtémoc, y las dudas razonables derivadas de un empate técnico en el cómputo hubieran desembocado finalmente en el reconocimiento de la derrota del PRI? Puesto en otros términos: ya que la presencia de Clouthier es un dato incontestable, ¿qué hubiera ocurrido si la resistencia a la declaración de Presidente electo en favor de CSG no topa con la ecuanimidad persuasiva del Consejo Nacional del PAN?

Aproximarse a ese tipo de acertijos no tiene más sentido que recordar que el ensayo de Clouthier fue producto de la combinación de un arrebatado voluntarismo personal y la improvisación estratégica a cargo de un partido que, como Acción Nacional, no estaba preparado ni mental ni orgánicamente para administrar -de acuerdo con sus patrones tradicionales- una candidatura a todas luces anómala si se toma en consideración que hasta entonces el panismo histórico se aferraba al principio de "una oposición leal", el PRI conservaba relativamente intacta su supremacía y el FDN despegaba a galope montado en el factor sorpresa.

La verdad histórica, en última lectura, nos informa que el PAN no pudo escapar ileso de ese trance y fue refundido en la tercera posición en el registro electoral de aquellos controvertidos comicios; posición desde la cual se obligó a enmascarar su capitulación negociando con Salinas de Gortari la "legitimidad de gestión".

Doce años después, navegados en el turbulento oleaje del pragmatismo que lo vacunaron contra problemas de conciencia por razones de naturaleza doctrinaria, el PAN ha aceptado sin remilgos su condición utilitaria en las audaces manos de una secta de cruzados -que los "Amigos de Fox" tengan como paradigma a Los macabeos que hicieron posible el triunfo del empresario Felipe González González en Aguascalientes, autoriza esa caracterización- cuyo sentido de organización y noción logística potencian las posibilidades de que su nuevo y abigarrado emblema ondée sobre Los Pinos.

Mucho se puede decir del temperamento y las aptitudes personales de Fox -asimiladas del estilo prototípico de Clouthier, pero en buena medida expresión de un feeling, más que carisma, cuidadosamente fabricado- como presupuesto para la atracción del voto. En todo caso, no es más que la mitad del presupuesto.

Lo cierto es que, al margen de las siglas y la estructura formales del PAN, en todo caso sirven para allanar requerimientos legales propios del régimen electoral, la otra mitad del presupuesto -que da soporte a la eficacia de la campaña- radica en la maciza y puntual articulación de clase que opera entre aquellos personajes que, a la sombra del panismo, han arribado a los gobiernos de los estados, a los municipios más fuertes del país, al Congreso de la Unión y a los congresos locales, con las corporaciones empresariales, sociales y religiosas donde militan y de las cuales recibieron el primer impulso político que, a su vez, han extendido su tejido hacia estamentos que, como el magisterio, los sindicatos obreros y las ligas campesinas parecían ciudadelas inexpugnables para la derecha por creerse arsenales indisputables del "voto duro" priista.

A nadie sorprenda, pues, si el 3 de julio caduca en el inventario de los comentaristas políticos la socorrida frase: "Y cuando desperté... todavía estaba ahí". ¿En qué Jurásico se asilará el unicornio?

Abraham García Ibarra es columnista político. Colabora en El Día.

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