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la granja
Raúl Trejo Delarbre
1 Debate rehusado Si el denuedo que invirtieron para simular que querían debatir y luego negarse a ello, los dos principales candidatos presidenciales lo hubieran destinado a elaborar y difundir propuestas, esta fase de las campañas habría sido harto distinta. La imagen pública que dejan varias semanas e intensos episodios en el regateo acerca del no-debate será costosa para Vicente Fox quien, por creer que lleva la delantera en las preferencias electorales, no quiso exponerse a un tropezón delante de una audiencia nacional. También lo será para Francisco Labastida, que de aquí al 2 de julio no tendrá otra oportunidad para demostrar, fehacientemente, si realmente tiene el temple, la experiencia y el proyecto para gobernar mejor que como lo haría el candidato del PAN. Quizá ese costo político no se refleje en las intenciones de voto. Cada uno de los dos principales candidatos tiene ya un electorado que en lo fundamental parece sólido y que difícilmente modificará su decisión en las urnas. Pero gane quien gane, el miedo al debate o, dicho de otra manera, el rechazo a la exposición pública de sus razones y proyecto será un preocupante antecedente. Y pierda quien pierda, Fox o Labastida, en los balances que se hagan de los momentos definitorios de esta elección seguramente la del 23 de mayo será una fecha significativa, no por lo que allí ocurrió sino por lo que dejó de suceder.
2 Devaluada política
Así están siendo estas campañas. Huecas. Deslucidas. Anticlimáticas. Y, sin embargo, son de una enorme competitividad. El rechazo a debatir, además de los costos para cada uno de esos candidatos, también erosiona la imagen que los ciudadanos tienen de la política y de quienes la practican. Si los dos personajes más destacados del actual panorama electoral, que necesitan de cada uno de los votos posibles, se niegan a intercambiar en público sus argumentos y a defenderlos en buena lid, los ciudadanos no pueden sino esperar que otras áreas del quehacer político sean todavía más oscuras e inaccesibles. Junto con la saludable competitividad y la intensa exposición pública que las campañas tienen gracias a su presencia en los medios de comunicación, en esta temporada destaca la pobreza de la oferta política y el poco entusiasmo que despierta entre los ciudadanos. Desde luego, hay interés e incluso expectación por las elecciones. Pero a fuerza de consumirse en rencillas mutuas, los principales candidatos dejan ver un rostro de la política muy ajeno a las circunstancias y los deseos ciudadanos. Ocupados en ponerse recíprocas zancadillas y en descalificarse uno al otro, en vez de mostrar sus propios atributos, los principales candidatos están sugiriéndole a la sociedad que la política es, antes que nada, encono y ardides.
3 ¿Abstencionismo? El propósito para espectacularizar cada declaración, en el afán de satisfacer la gana sensacionalista de los medios, está conduciendo a esas actitudes. En ellas, también, influye la proverbial pobreza política en el discurso de los partidos y sus candidatos. El resultado puede ser un más intenso desprestigio de la política. Entonces esta etapa en la transición mexicana, en vez de significar un avance dentro de la ruta democrática, podría ser un momento de involución. Si la cultura política (de por sí precaria y desigual entre los ciudadanos pero también entre los miembros de las élites políticas) en vez de afianzarse resulta empobrecida, el saldo podría ser negativo. Por lo pronto, dentro de cinco semanas y unos cuantos días más sabremos si las elecciones entusiasman de tal manera a los ciudadanos que una gran cantidad de ellos (70% sería una participación muy respetable) decida volcarse a las urnas. El otro escenario, que hoy no se puede cancelar, es el de una desmoralización y una confusión -en parte propiciadas por la polarización entre las dos principales fuerzas políticas- tan extendidas que el abstencionismo pueda ser una de las opciones por la que apuesten muchos ciudadanos.
4 López Obrador
Por lo pronto, aunque no se sepa bien a bien hacia dónde van las campañas, tienen que marchar, porque lo que no se haga en las próximas tres semanas quedará sólo entre los catálogos de intenciones de partidos y candidatos. En la ciudad de México, el lunes pasado el Tribunal Electoral desechó las impugnaciones al registro de Andrés Manuel López Obrador como candidato al gobierno local. No hay vuelta de hoja: el PRD tiene un candidato legal, aunque sea tan extendida la presunción sobre la ilegitimidad de su residencia defeña. Las impugnaciones a su registro le permitieron a López Obrador presentarse como víctima cuando, en realidad, los auténticos lesionados en este diferendo pueden ser los habitantes del Distrito Federal si, como parece que ocurrirá, ese personaje es electo para gobernar la ciudad durante seis años. Sin experiencia administrativa, lo que hasta ahora se conoce de López Obrador son su aventurerismo político y el resentimiento personal que suelen orientar sus acciones y decisiones. Ese personaje, al frente del gobierno del DF, mantendría a la ciudad constantemente en vilo, a menos que experimentase una súbita e improbable reconversión civilizatoria.
5 Ventaja del PRD
Sin embargo, las preferencias electorales favorecen muy claramente al PRD y a su candidato en el DF. La cuantiosa inversión publicitaria del actual gobierno capitalino, pero además la solidificación y quizá ampliación de la base social que el PRD ha tenido en esta ciudad, han contribuido al consenso que tiene ese candidato. Una vez que el Tribunal Electoral confirmó el registro de López Obrador tendría que venir un momento de más intensas y, sobre todo, más completas campañas políticas. El martes próximo, 30 de mayo, será el debate entre los candidatos a gobernar el Distrito Federal. López Obrador no quiere asistir, con la misma prepotencia triunfalista que, hace tres años, a Cuauhtémoc Cárdenas le llevó a debatir solamente con el candidato del PRI, haciendo a un lado al candidato del PAN. En 1997 esa actitud le resultó redituable al candidato del PRD. Debatió sólo con quien quiso y mantuvo el ascenso electoral que ya tenía. Solamente los electores -al fin soberanos aunque a estas alturas quizá confundidos y hartos- definirán si esta vez ocurrirá lo mismo Correo: rtrejo@etcetera.com.mx |
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