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María Cristina Rosas
Vitaminosis Los canadienses están ingiriendo vitaminas, minerales y suplementos naturistas para protegerse de las enfermedades, prolongar sus vidas y mantener una apariencia de juventud y energía, según una encuesta celebrada recientemente a mil 501 nacionales de Canadá cuyas edades oscilan entre 18 y 65 años. La encuesta revela que 68% de los canadienses evaluados tomó algún tipo de suplemento alimenticio -desde la glucosamina para el tratamiento y prevención de la artritis hasta vitaminas antioxidantes para una piel más sana- en el mes anterior a la fecha cuando se realizó la encuesta, alimentando el mercado para productos naturistas y farmacéuticos de este tipo que tienen un valor de mil 800 millones de dólares anuales. Las vitaminas son el producto más popular (60% de los canadienses las consumen) pero el uso de complementos naturistas ha crecido dramáticamente, casi triplicándose en 28% entre los canadienses de hoy respecto al 10% imperante en 1997. Sin embargo, si se cruza la información obtenida en esta encuesta con otros estudios es factible corroborar que los canadienses recurren a los suplementos vitamínicos y naturistas debido a que no consultan a médicos y, peor aún, no consumen las prescripciones sugeridas por éstos. En cierta forma, entonces, el auge en el consumo de los productos descritos obedece a la tendencia a la automedicación. Otra encuesta desarrollada en octubre de 1999, y que involucró a dos mil 500 canadienses entre 15 y 70 años, descubrió que sólo una tercera parte de ellos comenta con su médico el consumo de vitaminas y otros suplementos naturistas. Los expertos señalan que el resto no lo hace debido a que no quieren escuchar regaños de parte de los galenos o bien consideran que el médico de cabecera no sabe lo suficiente sobre estos productos. Lo que muchos ignoran es que numerosos nutrientes que el cuerpo absorbe a través de los alimentos consumidos pueden ver neutralizados sus efectos con los complementos vitamínicos referidos
Barbarie en Sierra Leona
Cada guerra produce lisiados. Sin embargo, pocas historias son tan lamentables como las que han venido ocurriendo en Sierra Leona, país africano que está cumpliendo ocho años de guerra civil. No sólo se trata de la desafortunada suerte de los soldados quienes pierden brazos y piernas al toparse accidentalmente con minas. Lo más lamentable es ver civiles, en su mayoría mujeres y niños, a quienes los rebeldes han amputado brazos y piernas por millares, en un afán de aterrorizar a la población. Uno de los campamentos para atender a las víctimas de amputaciones se localiza en Freetown, capital del país. A este lugar han llegado los medios de información de todo el mundo, quienes documentan el horror del conflicto armado y toman fotografías y filman la tragedia humana, a pesar de que los médicos que atienden a los heridos se muestran cada vez más renuentes al involucramiento de los reporteros. Los galenos se quejan de que la llegada de tantos periodistas no ha traído ningún beneficio, debido a que si las personas aterradas en el mundo con las imágenes transmitidas deciden hacer donativos para las víctimas, éstas nunca reciben un solo centavo. El campamento es administrado por los Médicos sin Fronteras, organismo que el año pasado recibió el Premio Nobel de la Paz. En él residen mil 850 personas de las cuales 195 han padecido amputaciones. De ellas, 33 han recibido amputaciones dobles. Fueron mutilados entre 1998 y 1999, los peores años en la ejecución de estas atrocidades en Sierra Leona. Algunos lesionados residentes del campamento transitan por las calles de la ciudad como limosneros. Otros más son guardias de seguridad en agencias internacionales de Naciones Unidas o de organismos no gubernamentales que efectúan trabajo humanitario en la zona. Muchas personas perdieron brazos y piernas debido a heridas de bala o de minas. Más triste es saber, sin embargo, que los brazos, las piernas e inclusive las orejas de otros fueron amputados con machetes. Es frecuente ver a madres e hijos sin manos. Los rebeldes afirman que su objetivo era castigar a quienes apoyaban al presidente electo Ahmed Tejan Kabbah y decían a sus víctimas que les sería muy difícil votar en el futuro sin manos.
Militares a juicio
Tras un dramático juicio, la provincia indonesia de Aceh sentenció a 24 soldados y un civil a diez años en prisión tras encontrarlos culpables del asesinato, en 1999, de 57 personas. El juicio es visto como una prueba en torno a los compromisos asumidos por el gobierno para enjuiciar a personas que han incurrido en una serie de abusos, alentando el separatismo en la provincia.
Terrorismo tamil Los tigres tamiles nuevamente han hecho acto de aparición en Sri Lanka, esta vez al colocar una bomba en un templo budista donde se llevaba a cabo una celebración y en la que resultaron muertas 23 personas más otras 75 heridas. Las autoridades explican que la explosión ocurrió cerca de un templo budista en Batticaloa mientras las fuerzas de seguridad trataban de enfrentar un avance de la guerrilla en el norte de la isla.
Tardío arresto Dos ex miembros del Ku Klux Klan fueron arrestados el pasado 17 de mayo por los cargos de asesinato perpetrado en 1963 en Birmingham donde colocaron un coche bomba en una iglesia, provocando la muerte de cuatro niñas negras una mañana de domingo. Este crimen conmovió a Estados Unidos y catalizó el movimiento por los derechos civiles en esa nación.
Riesgos a futuro El año pasado, cuando el líder guerrillero kurdo Abdallah Ocalan fue arrestado y encerrado en una prisión turca donde aguarda una decisión gubernamental para ejecutarlo, se produjo un pronunciamiento de su parte en el que pedía a sus compañeros combatientes que cesaran los ataques. Muchos de los guerrilleros decidieron entonces deponer las armas. El problema ahora estriba en reincorporar a estas personas a la economía civil. En el oeste turco no existe una economía sólida y a menos que el gobierno atienda el problema, se corre el riesgo de un resurgimiento de la violencia
María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx |
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